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Historias emotivas

Los «perros parecidos a lobos» que llegaron a Terranova caminando sobre el mar helado

En la primavera de 1985, en la costa oeste de Terranova, alguien vio «perros parecidos a lobos» cruzando el mar helado hacia la orilla. Su llegada cerraba un viaje de casi un siglo.

Los «perros parecidos a lobos» que llegaron a Terranova caminando sobre el mar helado

Primavera de 1985. Costa oeste de Terranova, cerca de la península de Port au Port. El mar sigue cubierto de hielo cuando alguien mira hacia la banquisa y ve una escena que no encaja: unos animales de cuatro patas avanzan sobre el hielo, rumbo a la orilla.

No vienen de ningún barco. Nadie los espera. Quienes los ven los describen como «perros parecidos a lobos», y con esas palabras queda anotado el primer reporte de su especie en la isla.

No eran perros

Eran coyotes. La ficha oficial del Gobierno de Terranova y Labrador sobre la especie sitúa en aquel avistamiento de la primavera de 1985 el primer reporte de coyotes en la isla. No conserva los nombres de los testigos. Solo dice que los animales fueron vistos cruzando el hielo.

Persona de mediana edad con gorro de lana, chaqueta acolchada de trabajo y botas de goma, de pie en la orilla rocosa y con parches de nieve de un pequeño pueblo costero
Una orilla rocosa de Terranova a comienzos de la primavera, con el mar todavía helado. El registro oficial no guarda quiénes presenciaron el cruce.

Tampoco eran coyotes cualquiera. Pertenecían a la población conocida como coyote del este, más robusta que la de sus primos del oeste. Según el Servicio de Parques Nacionales de Estados Unidos (NPS), un coyote del este pesa al menos 10 libras (unos 4,5 kilos) más que uno occidental.

Detrás de esa diferencia hay una mezcla. Monzón, Kays y Dykhuizen (2014) analizaron marcadores de ADN que permiten distinguir ancestrías y concluyeron que los coyotes del este forman un «enjambre híbrido». En todas las muestras hallaron mezcla de coyote occidental, lobo occidental, lobo oriental y perro doméstico. Su artículo, publicado en Molecular Ecology, se puede consultar en Europe PMC. El NPS resume la composición media: 64 % coyote, 13 % lobo gris, 13 % lobo oriental y 10 % perro. Quienes los vieron en 1985 no estaban tan desencaminados.

Noventa años rumbo al noreste

Aquel paso sobre el hielo cerraba un viaje de casi un siglo. Desde las praderas del centro del continente, generación tras generación, los coyotes habían avanzado hacia el noreste por tierras que su especie nunca había pisado.

El biólogo Roland Kays fue uno de los científicos que se dedicaron a reconstruir esa ruta. En un estudio publicado en 2010 en Biology Letters con sus colegas Curtis y Kirchman, describió la «espectacular expansión» del área de distribución del coyote en los 90 años anteriores. También identificó un patrón de colonización en dos frentes. Para trazarlo, el equipo analizó el ADN mitocondrial de 686 coyotes y tomó medidas de 196 cráneos. El método y los resultados completos están en ese artículo.

La rama del norte rodeó los Grandes Lagos, se cruzó con lobos en Ontario y atravesó el río San Lorenzo. Desde ahí se extendió por el noreste. El mismo trabajo relaciona la hibridación con lobos con cráneos más grandes: la mezcla dejó huella en el cuerpo. Kays volvió al tema en 2014, con el estudio genético de Monzón.

Un puente que solo existe en invierno

Pero Terranova parecía inalcanzable. La isla mide 111.390 kilómetros cuadrados, según el Gobierno de Terranova y Labrador, una superficie parecida a la de Cuba, y está rodeada de mar. Entre el cabo Ray, en Terranova, y el cabo North, en Nueva Escocia, el estrecho de Cabot mide 110 kilómetros de ancho, según The Canadian Encyclopedia.

La respuesta fue el invierno. Cuando el mar se congela, el hielo se vuelve un puente temporal, y algunos coyotes se atrevieron a cruzarlo. Es lo que registra la ficha oficial: los «perros parecidos a lobos» fueron vistos cruzando el hielo cerca de la península de Port au Port. Ese punto está en la costa oeste de la isla, frente al golfo de San Lorenzo y al norte del estrecho de Cabot.

Coyote del este de cuerpo robusto y pelaje grueso gris y pardo, en primer plano sobre el hielo marino, visto desde lejos con teleobjetivo
Un coyote del este sobre el hielo marino. Su cuerpo, más grande que el de los coyotes del oeste, conserva la marca de sus antepasados lobos.

Lo que la ficha no dice también cuenta. No precisa desde dónde partieron ni qué ruta siguieron sobre el hielo, así que nada permite afirmar que atravesaron el estrecho de Cabot. Tampoco dice cuántos eran: ninguna de las fuentes disponibles cuenta los animales de aquella primavera.

Una sola hilera de huellas de cánido sobre la nieve fina que cubre una placa de hielo marino, junto a una grieta de agua oscura, rumbo a una costa rocosa
Una hilera de huellas cruza el hielo hacia la costa. Rastros así se van con el deshielo, y el punto de partida de aquellos coyotes no figura en las fuentes.

Una isla sin lobos desde 1911

Al otro lado había un hueco. Terranova no estaba vacía: tenía pueblos, gente y fauna propia. Lo que le faltaba era un gran cánido salvaje. Según el International Wolf Center, el lobo de Terranova desapareció de la isla en 1911. Durante más de siete décadas, ningún otro cánido grande vivió allí en libertad.

La confirmación llegó dos años después del avistamiento, y llegó de forma triste. Según la ficha oficial, el primer coyote confirmado en la isla fue un cachorro atropellado por un auto cerca de Deer Lake, en 1987. El reporte de 1985 había abierto la sospecha, y aquel cachorro la convirtió en certeza.

Después, todo fue vertiginoso. Para mediados de los años noventa, según la misma ficha, ya había coyotes confirmados en la mayor parte de la isla de Terranova. En unos diez años habían pasado de un reporte sobre el hielo a ocupar casi todo el territorio. El documento no detalla en qué ambientes se asentaron primero ni cómo fue cada etapa; registra el resultado. Convirtieron en hogar una tierra a la que ninguno de sus antepasados había llegado.

Queda la pregunta que más pesa: ¿son intrusos? La provincia responde que no. El Gobierno de Terranova y Labrador considera al coyote nativo de la isla porque amplió su área de distribución de forma natural y por sus propios medios. Nadie los trajo en un barco ni los soltó en la costa: el viaje fue suyo, de principio a fin.

Hoy, cada aullido en la noche de Terranova es el eco de aquel primer paso sobre el hielo. Hay animales que esperan a que el mundo les abra una puerta. Y hay otros que, cuando el mar se congela, la cruzan caminando.

¿Alguna vez confundiste a un animal salvaje con un perro, o escuchaste aullidos de coyotes cerca de casa? Cuéntanos cómo fue.

Algunas imágenes de este artículo fueron generadas con IA para ilustrar el contenido; no son fotografías de los hechos ni de los animales reales.

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