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Historias emotivas

La ciudad que Alejandro Magno habría fundado con el nombre de su perro

Alejandro Magno llenó el mapa de ciudades con su nombre. Plutarco recogió dos que llevaban otro: la de su caballo y, según una historia de tercera mano, la de su perro Peritas.

La ciudad que Alejandro Magno habría fundado con el nombre de su perro

En el mapa de Alejandro Magno casi todas las ciudades se llaman igual. Desde Egipto hasta Asia Central, el conquistador fue dejando Alejandrías a su paso, como quien firma cada victoria con su propio nombre. Si quieres recorrerlas una por una, el repaso de J. Lendering en Livius.org reúne las fundaciones que se le atribuyen.

Por eso desentonan dos excepciones. Plutarco las dejó en un mismo capítulo de su Vida de Alejandro, y ninguna lleva el nombre del rey, ni el de un general o un dios. La primera lleva el de un caballo. La segunda es la que casi nadie conoce.

El caballo que no volvió del Hidaspes

En el 326 a.C., tras la batalla contra el rey Poro, murió Bucéfalo, el caballo de Alejandro. En el capítulo 61 de la Vida de Alejandro, Plutarco precisa que no murió enseguida, sino «algún tiempo después». Según la mayoría de los autores, fue por las heridas; Onesícrito, en cambio, sostenía que murió de viejo, a los 30 años. Arriano, en el libro V de su Anábasis de Alejandro, va en esa línea: Bucéfalo murió allí sin que nadie lo hubiera herido, por agotamiento y vejez, con unos 30 años.

Plutarco sí es claro sobre lo que sintió Alejandro: que había perdido a un compañero y amigo. A orillas del Hidaspes fundó una ciudad con el nombre del caballo. Plutarco la llama Bucefalia; Arriano, Bucéfala, y añade que Alejandro levantó otra, Nicea, en el lugar de la batalla. Lendering fecha la fundación en mayo del 326 a.C.

Bucéfala está bien atestiguada en los textos antiguos: la mencionan Plutarco, Arriano y Estrabón. Aun así, nadie sabe con certeza dónde estaba. Según Livius.org, su identificación en el actual Pakistán sigue siendo incierta, y la nota del traductor de Arriano, E. J. Chinnock, se limita a decir que «puede ser» Jalalpur. Si esa es la mejor documentada de las dos ciudades, la otra lo tiene mucho más difícil.

Un perro criado por el rey

En ese mismo pasaje, Plutarco añade otra historia. Se dice, escribe, que cuando Alejandro perdió a Peritas, un perro que él mismo había criado y al que quería, fundó una ciudad y le puso su nombre.

Perro de pelo corto detenido a medio paso en el borde de una barranca de tierra, sobre un río ancho y turbio en una llanura abierta bajo un cielo nublado
Un perro se detiene al borde de un río de llanura. De Peritas solo se conserva lo que cabe en una frase: que Alejandro lo crió y lo quería.

Un perro. No un general, ni un dios, ni un rey. Y eso es casi todo lo que el texto dice de Peritas. Plutarco no indica dónde murió, ni cuándo, ni de qué. Tampoco aclara si su ciudad fue anterior o posterior a Bucefalia: las menciona juntas, sin fecha ni orden. Hay además una diferencia que conviene no pasar por alto: el gran dolor de Alejandro, Plutarco lo describe solo por Bucéfalo. De lo que sintió por Peritas no dice una palabra, más allá de que lo había criado y lo quería.

Un «se dice» de tercera mano

La frase sobre Peritas empieza con un verbo que lo cambia todo. Plutarco no afirma que la ciudad existiera: la introduce con un «se dice» (en griego, λέγεται) y deja anotado de dónde viene. La historia, explica, la contaba Sotión, quien a su vez decía haberla oído de Potamón de Lesbos. El pasaje completo puede leerse en la traducción inglesa de B. Perrin (1919), publicada en línea por la Universidad de Chicago.

Ese Potamón fue, según el Oxford Classical Dictionary, un orador y retórico de Mitilene que vivió aproximadamente entre el 75 a.C. y el 15 d.C., más de dos siglos después de la muerte de Alejandro, ocurrida en el 323 a.C. Lo que llegó a Plutarco fue un relato de tercera mano: Potamón se lo contó a Sotión, y de Sotión lo tomó Plutarco, siglos después de los hechos.

Edición antigua de las Vidas de Plutarco, de páginas amarillentas, abierta sobre una mesa de madera gastada, con la yema de un dedo bajo un renglón
Una edición antigua de las Vidas de Plutarco, abierta en una sala de lectura. Toda la historia de la ciudad de Peritas cabe en un renglón.

Al nombrar su fuente y la fuente de su fuente, Plutarco le dice al lector cuánto peso puede soportar cada historia. Bucefalia la cuenta como un hecho. La ciudad de Peritas, como un rumor que le llegó de lejos.

Lo que queda de la ciudad de Peritas

Entonces, ¿dónde estuvo? La respuesta honesta es que nadie lo sabe, y ni siquiera es seguro que haya existido. A veces se repite que estaba probablemente en el actual Pakistán, no lejos de Bucéfala, pero ninguna fuente antigua ni académica lo respalda. El único punto de partida, Plutarco, no da ni lugar ni fecha.

Tampoco hay a quién más preguntarle. Según la Encyclopaedia Romana de la Universidad de Chicago, solo Plutarco nombra a Peritas: Plinio, Estrabón, Eliano, Curcio y Pólux hablan de otros perros de Alejandro, pero ninguno lo menciona a él. No hay otra fuente ni hallazgo alguno que confirme la ciudad. Hasta hoy no se ha encontrado ningún rastro de ella.

Solo queda una línea en un libro. Pero esa línea cuenta mucho. Si la historia es cierta, el hombre que levantó un imperio desde Grecia hasta la India, rodeado de ejércitos y aduladores, tuvo un perro al que vio crecer. Lo quería. Lo perdió. Y quiso convertir su recuerdo en calles, casas y murallas.

Persona sentada en los escalones gastados de la entrada de una casa, con un perro anciano de hocico gris apoyado contra su costado, en la luz suave de la tarde
Un perro de hocico canoso se apoya en la persona que lo acompaña en los escalones de su casa. El deseo de que un perro no se olvide no tiene época.

Hace más de 2.300 años, aquel conquistador habría hecho lo mismo que tantos hacemos hoy: buscar la manera de que el amor por un perro no desaparezca con él. Las ciudades caen. Los imperios se olvidan. Pero el nombre de Peritas sigue aquí.

Si pudieras honrar a tu perro de una forma que durara siglos, ¿qué harías? Cuéntanos cómo se llama y por qué merece ser recordado.

Algunas imágenes de este artículo fueron generadas con IA para ilustrar el contenido; no son fotografías de los hechos ni de los animales reales.

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