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Historias emotivas

Romeo, el lobo salvaje que durante seis años volvió para jugar con los perros de Juneau

En diciembre de 2003, un lobo negro sin manada se cruzó con el escritor Nick Jans y sus perros cerca de Juneau, Alaska, y se encariñó con una labradora llamada Dakotah. Lo que siguió fueron seis años que la ciudad no olvidó.

Romeo, el lobo salvaje que durante seis años volvió para jugar con los perros de Juneau

Es una tarde de diciembre de 2003 en el área recreativa del glaciar Mendenhall, en las afueras de Juneau, Alaska. El escritor Nick Jans avanza en esquís por la nieve y se detiene ante unas huellas frescas, según la reseña del Christian Science Monitor sobre el libro que escribiría años después.

Dos días más tarde, Jans vuelve con sus perros. Esta vez no encuentra huellas. Según Kirkus Reviews, frente a ellos aparece un lobo grande, de pelo negro, que dobla en tamaño a su perro más grande, un labrador. Es un lobo salvaje a un paso de la ciudad, y nadie sabe todavía que va a volver.

Fotografía de un lobo
Un lobo de la misma especie que Romeo, aunque no es él. Foto: Keith Morehouse, U.S. Fish and Wildlife Service / Wikimedia Commons, dominio público.

Una labradora llamada Dakotah

Pronto quedó claro que el lobo tenía una favorita: Dakotah, la labradora color crema de la familia Jans. «Se enamoró perdidamente de nuestra labradora», recordó Jans en el Anchorage Daily News en 2010. En Alaska Magazine lo describió buscándola una y otra vez, con ganas de coquetear y de jugar. Entre los dos nació una amistad que nadie sabía explicar.

Un lobo grande en primer plano, fotografiado a distancia con zoom bajo la luz gris de un día de invierno
Un lobo captado con zoom, desde lejos, en la luz plana de un día de invierno: la distancia que conviene guardar ante un animal salvaje.

El nombre se lo puso Sherrie, la esposa de Jans, al verlo esperando a Dakotah en el hielo: «Ahí está otra vez ese lobo Romeo». Según National Geographic, el nombre se quedó y la ciudad lo hizo suyo.

Seis inviernos junto al lago

Romeo era un lobo sin manada. «Durante seis años, Romeo fue y vino», escribió Jans en Alaska Magazine, y ya en el verano de 2003 se había dejado ver por los senderos. Pero su temporada era el invierno. Según una nota de Associated Press publicada por NBC News en diciembre de 2008, lo veían unos seis meses al año, desde finales de noviembre, cuando se congelaban los lagos.

Nadie lo encerraba, y según Jans nadie lo alimentaba ni lo acariciaba. El Anchorage Daily News anotó en enero de 2010 que a veces comía alimento para perros. Vivía en los bosques del área de Dredge Lakes, junto al lago y el glaciar, y cazaba por su cuenta: ratones y topillos, castores, liebres americanas, perdices nivales, urogallos, salmón y, de vez en cuando, algún ciervo.

Y aun así volvía al lago a buscar a los perros. Según AP, buscaba la compañía de quienes los paseaban y jugaba sin intimidarlos: corría con ellos, los perseguía en círculos, se tumbaba a observarlos. Sherrie llegó a verlo enroscado sobre el hielo, esperando a Dakotah.

Huellas grandes y alargadas de lobo en línea recta junto a otras huellas sobre la nieve de un lago congelado
Rastros de lobo y de perro sobre la nieve de un lago helado: el juego dejaba su firma aunque nadie estuviera mirando.

Una ciudad dividida por un lobo

Muchos vecinos entendieron el regalo. Según el Anchorage Daily News, Romeo pasaba minutos con algunos y horas con otros, y había quien lo llamaba aullando. Pero la opinión estaba muy dividida. Algunos lo veían como un peligro que había que «neutralizar», y unos pocos amenazaron con tomarse la justicia por su mano. Sobrevivió a trampas con cebo y hasta a un intento de envenenamiento.

Una persona con parka gastada, gorro de lana y botas de nieve, vista de espaldas en un día nublado de invierno
Un caminante abrigado para el invierno, de espaldas: muchos vecinos que paseaban a sus perros se cruzaban con el lobo a diario.

Los gestores de fauna llegaron a discutir su traslado. Según el mismo diario, prefirieron intentar cambiar el comportamiento de las personas, y pusieron carteles que pedían llevar a los perros con correa y no jugar con el lobo. El consejo sigue valiendo: un lobo salvaje no es una mascota, y lo de Juneau no es una invitación a acercarse a uno.

Septiembre de 2009

Pero en septiembre de 2009, Romeo dejó de aparecer. Lo vieron por última vez el día 18. En enero de 2010, el Anchorage Daily News todavía hablaba de una desaparición misteriosa. En junio, el mismo diario contaba que Juneau lloraba su pérdida. Lo habían matado a tiros el 22 de septiembre de 2009.

Los responsables fueron dos cazadores furtivos, y la investigación terminó en los tribunales. En noviembre de 2010 fue sentenciado Park Myers, el cazador al que se atribuye el disparo, según la crónica de su condena en el Anchorage Daily News. En enero de 2011 llegó la sentencia para un hombre de Pensilvania implicado en el caso, según Associated Press. Ambos fueron sancionados por caza ilegal. El detalle de cada pena está en esas dos crónicas.

Juneau, que lo había adoptado sin ponerle jamás una correa, lo lloró como a uno de los suyos. En noviembre de 2010 celebró un homenaje en su memoria. Hoy una placa en las cataratas Nugget recuerda su nombre. Desde 2017, además, un ejemplar naturalizado de Romeo se exhibe en el centro de visitantes del glaciar Mendenhall, según el Juneau Empire.

Miles de años, cruzados jugando

Los lobos son animales de manada, y Romeo no tenía la suya. Tal vez, sin ella, eligió la única que encontró.

Hay una idea que esta historia desarma: que el lobo y el perro quedaron en orillas opuestas hace miles de años. Romeo cruzó esa distancia por voluntad propia. Nadie lo domesticó ni lo retuvo. Solo vino, una y otra vez, a jugar.

Jans, que lo siguió durante años junto a Dakotah, contó la historia completa en A Wolf Called Romeo (2014), un libro que reseñaron el Christian Science Monitor y Kirkus Reviews. En 2023, según KTOO, volvió sobre Romeo en un libro nuevo.

Quizás la lealtad no siempre se enseña. A veces, simplemente, se elige, y un lobo negro la eligió cada invierno al borde de un lago helado.

¿Alguna vez tu perro hizo amistad con un animal que nadie esperaba? Cuéntanos esa historia.

Foto del lobo: Keith Morehouse, U.S. Fish and Wildlife Service / Wikimedia Commons, dominio público. Las demás imágenes fueron generadas con IA para ilustrar el contenido.

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