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Historias emotivas

Lo perdieron en Indiana y seis meses después apareció solo en Oregón: la travesía del perro Bobbie

En agosto de 1923, Bobbie huyó de una gasolinera en Indiana. En febrero de 1924 apareció en una calle de Silverton, Oregón, flaco y con las patas gastadas, y las cartas de desconocidos permitieron reconstruir parte de su viaje.

Lo perdieron en Indiana y seis meses después apareció solo en Oregón: la travesía del perro Bobbie

Agosto de 1923. En una gasolinera de Wolcott, Indiana, Frank Brazier llena el tanque del auto en el que su familia ha viajado desde Oregón. De pronto, una jauría de perros del pueblo se lanza sobre Bobbie, el perro de la casa. Tres de ellos lo persiguen. Bobbie huye y desaparece.

Nadie en ese auto podía saberlo, pero aquella huida era el primer paso de un viaje de seis meses, solo y a pie, de vuelta hacia el oeste. Casi todo lo que se sabe de ese viaje cabe en las cartas de desconocidos que se cruzaron con él.

Fotografía de época de Bobbie, el collie mestizo de la familia Brazier
Bobbie, el perro de los Brazier, en una fotografía tomada entre 1924 y 1927. Foto: autor desconocido, Wikimedia Commons, dominio público.

Días de bocinazos en Wolcott

Los Brazier habían salido de Silverton, Oregón, para visitar a sus parientes en Indiana. Viajaban Frank y Elizabeth Brazier con Leona y Nova, las hijas de la familia, en un Overland Red Bird, según el reportaje de WISH-TV. Con ellos iba Bobbie, un mestizo de collie escocés de dos años. La escena de la gasolinera está en la crónica de Finn J.D. John en Offbeat Oregon (2011), que se apoya en investigaciones anteriores y en la prensa de 1924.

La familia no se rindió pronto. Frank y Elizabeth recorrieron Wolcott en auto durante días, tocando la bocina y llamándolo por su nombre, relata Scholastic Storyworks (2023). Pegaron carteles y pusieron avisos en el periódico local. Nada. Al final siguieron el viaje, dejaron instrucciones para que se lo devolvieran si aparecía y, más tarde, regresaron a Oregón sin él.

Fotografía en blanco y negro de una familia anónima de los años veinte: un hombre con gorra, una mujer con sombrero de campana y dos adolescentes
Una familia cualquiera del verano de 1923, no los Brazier: ese año, ellos recorrieron miles de kilómetros en auto con su perro a bordo.

Febrero de 1924, una calle de Silverton

Pasaron seis meses. El 15 de febrero de 1924, la fecha que recoge Kate Kelly en America Comes Alive, Nova caminaba con una amiga por una calle de Silverton cuando vio a un perro sarnoso, sucio y muy flaco, con las uñas casi planas, según WISH-TV. Susan Stelljes escribe en la Oregon Encyclopedia que tenía las patas gastadas hasta el hueso.

Era Bobbie, y él también la reconoció: se le echó encima a lametazos. Nova lo llevó al Reo Lunch, el restaurante de la familia, donde Frank, su padrastro, dormía en el piso de arriba. Bobbie fue directo hacia él, saltó sobre su cuerpo dormido y lo despertó con un lametazo, cuenta Tricia Brown en el Anchorage Daily News (2016).

Fotografía en blanco y negro de un perro mestizo de collie, muy flaco, de pie sobre una cama deshecha en un dormitorio sencillo
No es Bobbie, pero así pudo verse aquel reencuentro de febrero de 1924: un perro en los huesos sobre una cama deshecha, en un cuarto sencillo de pueblo.

Había recorrido más de 4.000 km. Solo. A pie. Y parte del camino, en pleno invierno.

Cartas desde medio país

Aquello parecía imposible, así que la Sociedad Humanitaria de Oregón (Oregon Humane Society), en Portland, investigó. Gente de todo el país escribió para contar que lo había visto o ayudado, recuerda la Silverton Mural Society, y la Sociedad siguió esas pistas hasta reconstruir parte del trayecto con los testimonios de quienes lo habían alojado.

Fotografía en blanco y negro de un escritorio de madera con cartas manuscritas y sobres abiertos con sellos y matasellos
Sobres con matasellos de varios estados y cartas escritas a mano, en una escena ambientada en 1924: con testimonios así se armó parte de la ruta.

Así aparecieron algunas paradas. Bobbie pasó un tiempo en un campamento de vagabundos. En Portland, una mujer irlandesa lo cuidó hasta que recuperó fuerzas, después de algún tipo de accidente que le dejó las patas llenas de cortes, según Finn J.D. John. Por el camino cruzó llanuras, desiertos y montañas, nadó ríos y atravesó la Divisoria Continental en los meses de invierno, resume WISH-TV.

¿Cuánto caminó? WISH-TV calcula al menos 2.551 millas, unos 4.105 km. Pero no hay un mapa completo del recorrido: lo que hay son puntos sueltos unidos por testimonios de terceros, no un registro continuo. Quien quiera seguir el rastro con más detalle encontrará la reconstrucción en la entrada de Stelljes en la Oregon Encyclopedia; Kate Kelly, por su parte, remite a los archivos de la Oregon Historical Society.

El rumbo que tardó en aparecer

Al unir las cartas, los investigadores dieron con un detalle inquietante: Bobbie no volvió en línea recta. Al principio, parece que vagó en distintas direcciones, como si buscara a su familia. Hasta que, de algún modo, encontró el rumbo al oeste.

Por eso las cifras no coinciden. Las 2.551 millas son el mínimo; otras estimaciones hablan de 2.800 a 3.000 millas (unos 4.500 a 4.800 km), o más, por los desvíos. Esos kilómetros de más son quizá la parte más conmovedora del viaje.

Un héroe sin explicación

Bobbie se volvió famoso y pasó a la historia como Bobbie the Wonder Dog, el perro maravilla. Actuó en una película, recibió un collar con joyas y las llaves de varias ciudades. En una foto de la época aparece junto a G. Frank Brazier. Murió en 1927, y Rin Tin Tin dejó una corona de flores en su tumba. Desde 2004, un mural de Lori L. Rodrigues en S. Water Street, en Silverton, le rinde homenaje.

Pero la pregunta más simple quedó sin respuesta: ¿cómo encontró el camino? Se ha hablado del olfato, del campo magnético de la Tierra, de la memoria. La ciencia explora alguna de esas pistas: un estudio de Benediktová y colegas publicado en eLife (2020) se titula, traducido, «La alineación magnética mejora la eficiencia del regreso a casa en perros de caza». Pero trata de perros de caza, no de un viaje como el de Bobbie. Ninguna teoría lo explica del todo.

Quizá nunca sepamos qué lo guio. Lo esencial está en ese perro flaco caminando hacia el oeste, sin mapa, sin saber si alguien seguía esperándolo. Hay animales que no necesitan brújula: les basta con saber dónde está su familia.

¿Alguna vez tu perro encontró el camino de vuelta a casa de una forma que nadie pudo explicar? Cuéntanos tu historia.


Foto de Bobbie: autor desconocido, Wikimedia Commons, dominio público. Las demás imágenes fueron generadas con IA para ilustrar el contenido.

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