El cachorro estaba entre los restos de un criadero de perros que las bombas habían dejado casi en ruinas, en un campo de batalla de Francia. Era 1918 y todavía no tenía nombre.
Lo encontró Lee Duncan, un joven cabo del ejército de Estados Unidos que venía de California. Rescató a dos cachorros, según Voice of America, y les puso Rin Tin Tin y Nanette, como los muñequitos de la buena suerte que los niños franceses les regalaban a los soldados estadounidenses.
Lee sentía debilidad por aquellos cachorros, y tenía sus razones. De niño había pasado cinco años en un orfanato, le contó la escritora Susan Orlean a NPR en 2011, cuando presentaba su libro Rin Tin Tin: The Life and the Legend. Al salir, se fue a vivir a un lugar aislado, sin otros niños cerca. Su compañía era un perro.
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En 1919, los dos cachorros viajaron con él hasta California. Nanette murió de neumonía poco después. Rin Tin Tin se quedó a su lado, y Lee empezó a llamarlo Rinty.
Puerta por puerta
En 1922, Lee lo llevó a una competencia de perros de trabajo en el Hotel Ambassador de Los Ángeles. Allí Rinty saltó un obstáculo de unos tres metros y medio.
Un amigo de Lee, que había desarrollado una cámara nueva para filmar en cámara lenta, grabó el salto. Después pasó meses recorriendo Hollywood, puerta por puerta, para ofrecer esas imágenes.
Lee no se enteró de nada. «Lo único que sabía era que, unas semanas después de la exposición canina, le llegó por correo un cheque de Novagraph por ese material de Rin Tin Tin», contó Orlean en palabras que recogió Voice of America. Ahí, según ella, Lee empezó a pensar que su perro podía hacer cine.
El primer papel fue pequeño, en The Man from Hell’s River. Los siguientes ya no lo fueron.
Diez mil cartas al mes
En 1923 llegó su primer protagónico, Where the North Begins, una película que, según se cuenta, recuperó varias veces lo que había costado.
Jack Warner, que había fundado Warner Bros. con sus tres hermanos, llegó a decir que Rinty salvó al estudio de la bancarrota más de una vez.
Rinty hizo más de dos docenas de películas y, según Voice of America, cobraba más que sus compañeros humanos de reparto. En su mejor momento recibía 10.000 cartas de admiradores al mes.
Para Orlean, no era «un perro haciendo trucos». Era un actor con una cara «inmensamente expresiva», le contó a NPR. Y señaló la película muda Clash of the Wolves: «La expresión de su cara y su actuación te conmueven de verdad».
Mientras el público veía a un actor, Lee seguía viendo a su compañero. En un poema que le escribió, y que recoge NPR, le decía: «Tu confianza la diste una sola vez, y fue a mí».
Siempre habrá un Rin Tin Tin
Rinty murió en 1932, y Estados Unidos lo despidió como a las grandes estrellas del cine. Un boletín de noticias interrumpió la programación habitual de la radio para anunciarlo, y poco después se transmitió en todo el país un programa de una hora sobre él.
Según NPR, hasta circuló el rumor de que había muerto en brazos de la actriz Jean Harlow.
Lee se encargó de que el nombre siguiera vivo. En 1937 compró un rancho en Riverside, California, lo llamó El Rancho Rin Tin Tin y allí crio y entrenó a tres generaciones más de Rin Tin Tin. Rin Tin Tin III lo ayudó a preparar a unos 5.000 perros para servir en la Segunda Guerra Mundial.
Entre 1954 y 1959, el nombre volvió a las pantallas con The Adventures of Rin Tin Tin, la serie de ABC. Lee murió al año siguiente. Solía repetir que siempre habría un Rin Tin Tin.
Tenía razón. Rinty tuvo al menos 44 cachorros, y sus descendientes ya se cuentan por miles, según Voice of America. Una familia de Texas sigue criando perros de su linaje, y algunos trabajan hoy como perros de rescate y de terapia.
Más de un siglo después de aquel criadero en ruinas, la familia de Rinty sigue haciendo lo que Lee hizo por él: estar ahí para quien lo necesita.
Imagen principal: Hulton Archive/Getty / Screen Archives/Getty.


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