El coyote que caza venados y ya cruza Central Park no es del todo coyote
El coyote del este pesa más que sus parientes del oeste, tiene el cráneo más grande y caza venados. Para entender por qué, hay que volver a la cacería que casi borró al lobo de esos mismos bosques.

El coyote que recorre los bosques del este de Norteamérica pesa al menos cuatro kilos y medio más que sus parientes de las praderas del oeste: la diferencia es una sandía mediana. Tiene el cráneo más grande, en primavera y verano se alimenta sobre todo de crías de venado y, en los inviernos de nieve profunda, sale en manada detrás de venados adultos, casi siempre heridos o enfermos. Se llama coyote, pero en la foto de familia no termina de encajar.

Lo que lo hace distinto está escrito en su ADN. Para entenderlo hay que volver a la cacería con la que las personas casi borraron al lobo de esos mismos bosques, porque lo que esa cacería no alcanzó a borrar apenas salió a la luz en este siglo.
Casi un lobo por semana
La cacería empezó temprano. En la década de 1630, la colonia de la bahía de Massachusetts ofreció la primera recompensa por lobos. Entre 1850 y 1880, los cazadores de lobos preferían el veneno a las trampas.
A mediados del siglo XIX ya casi no quedaban lobos en el noreste de Estados Unidos, y en 1900 eran raros en todo el este. Fue una persecución cruel que siguió hasta dejar al lobo casi sin un rincón donde vivir.
Más al norte, en el Parque Provincial Algonquin, en Ontario, Canadá, todavía vivían algunos lobos orientales. Hasta allá llegó la matanza: entre 1909 y 1958, las personas mataron en el parque un promedio de 49 lobos por año, casi uno por semana durante medio siglo.
Para los que sobrevivían, encontrar pareja de su especie se volvió como buscar vecinos en un pueblo donde cada año quedan más casas vacías.
Un recién llegado en Ontario
Mientras tanto, otro pariente del lobo venía caminando desde las praderas del oeste. En 1919, un coyote apareció en el sur de Ontario y quedó registrado como el primero confirmado en la región. Detrás de él llegaron más, año tras año.

Y la matanza empujó a los pocos lobos que quedaban en Algonquin a buscar pareja fuera de su especie: se cruzaron con los coyotes recién llegados.
De esas parejas nacieron crías que ya no eran del todo lobos ni del todo coyotes. Ellas, y las crías de sus crías, siguieron el camino de los coyotes hacia el este, rumbo a bosques donde no se veía un lobo desde hacía décadas.
Dos caminos hacia el este
Noventa años después de aquel primer coyote en Ontario, el investigador Roland Kays y sus colegas reunieron el ADN de 686 coyotes del este y midieron 196 cráneos. Querían entender por qué los del noreste de Estados Unidos eran distintos.
Los coyotes habían llegado al noreste por dos frentes. Los que avanzaron por el sur no traían señales de lobo. Los del norte, los que habían pasado por Canadá, sí: llevaban la marca de aquellos cruces, y con ella un cráneo más grande y mejores dotes para cazar venados.

Era la respuesta a lo que se veía en el bosque. Los lobos habían desaparecido del noreste en el siglo XIX, pero su herencia volvió por la puerta de atrás, dentro de los coyotes, y les permitió ocupar parte del lugar que los lobos habían dejado vacío.
La cuenta que no llegaba a cien
Faltaba saber cuánto lobo llevaba cada uno. En la Universidad Stony Brook, el biólogo Javier Monzón se propuso medirlo junto con Kays y con Daniel Dykhuizen.
Revisaron a más de 400 animales en 63 puntos del ADN que funcionan como una firma. Cada especie los escribe con su propia letra, y leerlos es como reconocer de quién es una carta por la caligrafía.
Los resultados, publicados en 2014, dieron un promedio de casi dos tercios de coyote y una cuarta parte de lobo: 64 y 26 %. Y cada animal tenía su propia mezcla, como una receta de familia que en cada casa se prepara con las cantidades cambiadas.

Había más. Los coyotes de las zonas con muchos venados se parecían más al lobo en su ADN. Monzón y sus colegas proponen que ahí, generación tras generación, la naturaleza pudo favorecer lo heredado del lobo, porque sería donde más le sirve a un coyote llevar algo del gran cazador de venados.
Pero la suma se quedaba en 90. Una décima parte de su ADN no era ni de coyote ni de lobo.
Del bosque de Algonquin al Central Park
Esa décima parte era de perro. En promedio, el 10 % del ADN del coyote del este venía de perros domésticos, y ninguno de los coyotes del este que analizaron era solo coyote.
El cazador que había heredado al lobo cargaba también un pedacito del animal que nos espera en la puerta de la casa. Y con sus tres herencias a cuestas, no se quedó en el bosque.
Poco más de un siglo después de aquel primer coyote de Ontario, se mueve por el Central Park de Nueva York con la misma comodidad que en cualquier parque nacional. En Pensilvania vive incluso en los alrededores densamente poblados de Filadelfia, Harrisburg, Pittsburgh y Erie.

Y este año, en Boston, los vecinos lo vieron de día en barrios como Jamaica Plain y South End. Boston está en Massachusetts, donde casi cuatro siglos antes la colonia de la bahía ofreció la primera recompensa por lobos.
El coyote del este no era el que no encajaba en la foto de familia: era la foto completa. En su cráneo grande van los lobos de Algonquin que se quedaron sin pareja; en sus patas, los coyotes que caminaron desde las praderas; en una décima parte de su ADN, el perro, el más casero de la familia. A ese lobo casi lo borraron del este, y todavía camina por sus bosques y sus parques, dentro de un coyote.
Fotos de coyotes (USFWS Mountain-Prairie y National Park Service, dominio público) y de coyotes orientales (Daniel Carr, CC BY 4.0, y John Stockla, CC BY-SA 4.0). La imagen restante fue generada con IA para ilustrar el contenido.
Referencias (10)
- Monzón, J., Kays, R. y Dykhuizen, D. E. (2014). Assessment of coyote–wolf–dog admixture using ancestry-informative diagnostic SNPs. Molecular Ecology, 23, 182–197. https://www.ebi.ac.uk/europepmc/webservices/rest/search?query=DOI:10.1111/mec.12570&resultType=core&format=json
- Kays, R., Curtis, A. y Kirchman, J. J. (2010). Rapid adaptive evolution of northeastern coyotes via hybridization with wolves. Biology Letters, 6(1), 89–93. https://www.ebi.ac.uk/europepmc/webservices/rest/search?query=DOI:10.1098/rsbl.2009.0575&resultType=core&format=json
- Rutledge, L. Y., White, B. N., Row, J. R. y Patterson, B. R. (2012). Intense harvesting of eastern wolves facilitated hybridization with coyotes. Ecology and Evolution, 2(1), 19–33. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC3297175/
- National Park Service (s. f.). NETN Species Spotlight – Eastern Coyote. National Park Service. https://www.nps.gov/articles/netn-species-spotlight-eastern-coyote.htm
- National Park Service (s. f.). Coyotes – Rock Creek Park. National Park Service. https://www.nps.gov/rocr/learn/nature/coyotes.htm
- Pennsylvania Game Commission (s. f.). Eastern Coyote. Pennsylvania Game Commission. https://www.pa.gov/agencies/pgc/wildlife/discover-pa-wildlife/eastern-coyote
- U.S. Fish and Wildlife Service (s. f.). Oversight Hearing on the Status of the Federal Government’s Management of Wolves (testimonio). U.S. Fish and Wildlife Service. https://www.fws.gov/testimony/oversight-hearing-status-federal-governments-management-wolves
- International Wolf Center (s. f.). Gray Wolf Timeline. International Wolf Center. https://wolf.org/wolf-info/gray-wolf-timeline/
- Boston.com (2026). As Boston residents report daytime coyote sightings, here’s how to stay safe. Boston.com. https://www.boston.com/news/local-news/2026/02/10/coyotes-have-been-spotted-all-over-boston-heres-where-why-and-how-to-stay-safe/
- WTOP (2014). National Park Service: No coyote-wolf hybrids in D.C. WTOP. https://wtop.com/news/2014/05/national-park-service-no-coyote-wolf-hybrids-in-dc/
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