El lobo que esquivaba trampas y venenos cayó en cuatro a la vez por seguir un solo olor
En el valle del Currumpaw, en Nuevo México, los ganaderos ofrecían 1.000 dólares por la cabeza de Lobo, que olfateaba las trampas de acero y apartaba el veneno. El trampero que llegó en 1893 a cazarlo encontró en sus huellas un detalle.

Lobo ya había dejado atrás a tres cazadores. Tannerey, Calone y Laloche fueron tras él en el valle del Currumpaw, en Nuevo México, y los tres se rindieron, mientras los ganaderos seguían queriéndolo muerto: la recompensa por su cabeza fue subiendo hasta llegar a 1.000 dólares. El hombre que vino después de ellos sí iba a atraparlo. Pero lo que al final llevaría a Lobo hasta el acero no sería una trampa mejor escondida ni un veneno más fuerte.
Un trampero en el Currumpaw
En 1893 llegó al valle Ernest Thompson Seton, contratado como cazador y trampero de lobos. Era también naturalista: venía a observar a los animales y, al mismo tiempo, a atraparlos. Y venía por uno en particular.
Desde comienzos de esa década, Lobo guiaba una pequeña manada que mataba ganado en los ranchos, y ningún cazador había logrado alcanzarla.
Seton puso trampas de acero. Lobo las descubría con el olfato, como quien entra a la cocina y sabe sin abrir el horno que algo se está quemando, y les daba la vuelta.
Con la carne envenenada pasó lo mismo. Según contó Seton, Lobo la apartaba sin probarla, como un niño que deja la cebolla a la orilla del plato.
Se fueron los meses y Seton seguía sin alcanzarlo. Lo único que Lobo le dejaba eran sus huellas.
Las huellas que iban delante
En esas huellas, Seton encontró un detalle. Junto a las de Lobo iban las de una loba: su compañera, a la que llamaban Blanca.

Y el detalle estaba en el orden. Lobo guiaba la manada, pero había una a la que dejaba ir delante, y era solo ella. Era como ver a alguien que nunca cede el paso abrirle la puerta a una sola persona.
Para un trampero, eso era una pista: el lobo que rodeaba el acero y apartaba el veneno tenía a alguien a quien seguir.

Todo un día de aullidos
Blanca fue la primera en caer. Quedó presa en una de las trampas, y Seton y quienes lo acompañaban la mataron mientras, en algún lugar del valle, Lobo rugía. Lo volvieron a oír de regreso al rancho.
Y no se calló. «Todo ese día lo oímos lamentarse mientras recorría el lugar buscándola», escribió Seton. Lobo iba y venía como quien anda por toda la casa llamando a alguien que no contesta.
Cuatro trampas a la vez
Entonces Seton arrastró el cuerpo de Blanca sobre los lugares donde había escondido las trampas, y con una de sus patas marcó huellas encima de cada una. Durante meses, Lobo había olfateado el acero y le había dado la vuelta. Esta vez el acero olía a ella.
Y Lobo fue tras ese olor. De las 130 trampas que Seton había puesto, quedó atrapado en cuatro al mismo tiempo. Fue a finales de enero de 1894. Seton, que llevaba meses detrás de él, lo encontró sujeto por el hierro de las cuatro.
Ya atrapado, Lobo no quiso comer, según contó Seton, y a la mañana siguiente estaba muerto. Cerca del rancho L Cross F, Seton había fotografiado a Blanca en la trampa, y fotografió también a Lobo después de su captura.
Lobo cambió al hombre que lo atrapó. Cuatro años después, en 1898, Seton publicó la historia en un relato al que tituló «Lobo, el rey del Currumpaw». Y el naturalista que había llegado al valle contratado para cazar lobos pasó el resto de su vida defendiéndolos, a ellos y a la vida silvestre.

Las fotos de Blanca y de Lobo que tomó en 1894 se conservan hoy en un museo de Cimarron, en Nuevo México. Y el relato todavía se puede leer completo, contado por el mismo hombre que escondió las trampas.
Lobo dejó atrás a tres cazadores, rodeó el acero y apartó el veneno. A Blanca no la dejó atrás: siguió su rastro hasta el final, aunque ya no fuera ella quien lo marcaba.
Ilustración de Lobo y Blanca: Ernest Thompson Seton / Wikimedia Commons, dominio público. Fotos de huellas de lobo en la nieve (Yellowstone National Park, dominio público) y de Ernest Thompson Seton (Bain News Service, dominio público). Las demás imágenes fueron generadas con IA para ilustrar el contenido.
Referencias
- Seton, Ernest Thompson (1898). Lobo, the King of Currumpaw. Wild Animals I Have Known, Charles Scribner’s Sons (edición de Project Gutenberg). https://www.gutenberg.org/files/3031/3031-h/3031-h.htm
- National Park Service (s. f.). Ernest Thompson Seton. Capulin Volcano National Monument. https://www.nps.gov/cavo/learn/historyculture/ernest-thompson-seton.htm
- PBS / WNET (2008). The Wolf That Changed America. Nature. https://www.pbs.org/video/nature-the-wolf-that-changed-america/
- PBS / WNET (2008). The Wolf That Changed America: The Photographs and Artwork of Ernest Thompson Seton. Nature. https://www.pbs.org/wnet/nature/the-wolf-that-changed-america-the-photographs-and-artwork-of-ernest-thompson-seton/4336/
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