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Historias emotivas

El lobo sin manada que vivió casi ocho años del mar, con una ciudad al otro lado del agua

Hacia 2012, un lobo llegó a unas islitas frente a Victoria, en Canadá, y aprendió a vivir solo y del mar. Durante casi ocho años, el agua fue lo único que lo separó de la ciudad.

El lobo sin manada que vivió casi ocho años del mar, con una ciudad al otro lado del agua

Takaya comía focas sobre las rocas de una isla, con los techos de una ciudad al otro lado del agua. Era un lobo salvaje, sin manada, y durante casi ocho años esa franja de mar fue lo único que hubo entre él y las calles de Victoria, en Canadá. De su lado, había aprendido a vivir sin nadie. Todo dependía de que el agua siguiera en medio.

Llegó por el agua

Hacia 2012, un lobo apareció en las islas Discovery y Chatham, unas islitas frente a la costa de Victoria. Lo más probable es que haya llegado nadando.

Árboles torcidos por el viento y matorral costero en la isla Discovery, bajo un cielo con nubes
Árboles torcidos por el viento y matorral costero en la isla Discovery, frente a la costa de Victoria. Foto: QMuzikDirektor / Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0.

Y se quedó. Pasaron las estaciones, una tras otra, y ningún otro lobo se le unió.

Un lobo está hecho para cazar, viajar y criar en grupo. Solo en esas islas, Takaya era como un bote de ocho remos con un único remero. Y lo que tenía alrededor, por todos lados, era mar.

Un lobo que cambió de oficio

Entonces Takaya hizo lo que el lugar le pedía y se volvió cazador de orilla. Aprendió a atrapar focas en las rocas, él solo.

Lobo gris salvaje caminando sobre troncos en una orilla rocosa de una isla costera
Un lobo gris salvaje camina sobre troncos en la orilla rocosa de una isla de la costa de Columbia Británica. Foto: davidbroadland / Wikimedia Commons, dominio público.

También pescaba peces y robaba huevos de los nidos de los gansos de Canadá, que no habían pedido un vecino así.

Casi todo lo que comía salía del agua. De cada veinte bocados, diecinueve o los veinte venían del mar, y la mayoría eran de foca. Un lobo de tierra firme, alimentado por la marea.

Para cambiar de isla, nadaba. Cruzaba los canales con la cabeza fuera del agua, mientras en la costa de enfrente la ciudad seguía con sus autos y sus edificios.

Años con una cámara cerca

Cheryl Alexander era fotógrafa, y durante años siguió a Takaya por sus islas. Kayakistas, excursionistas y naturalistas le contaban cuándo se lo habían encontrado en sus salidas.

Con el tiempo, él se acostumbró a ella. Cuando Cheryl estaba cerca, Takaya seguía tranquilo con lo suyo, como si una persona con una cámara fuera parte de la isla. Confiaba en ella.

Fue ella quien le puso el nombre. Takaya se parece a la palabra para «lobo» en lekwungen, la lengua de los Songhees, los dueños tradicionales de esas islas.

Lo filmó durante más de mil horas, lo mismo que ver una película cada noche durante casi un año y medio, siempre con el mismo protagonista. Esas imágenes terminaron en un documental sobre él, que salió en 2019.

Ese mismo año todavía lo vieron en Discovery, comiendo una foca y aullando. Cheryl creía que con esos aullidos llamaba a una pareja. Ninguna llegó, y él siguió solo, con la ciudad iluminada enfrente.

Del otro lado del agua

En enero de 2020, después de casi ocho años en sus islas, Takaya cruzó el agua. Hasta entonces, cada cruce lo había llevado a otra orilla con rocas y focas. Esta vez, del otro lado lo esperaban las calles de Victoria.

Huellas grandes de cánido en la arena húmeda que bajan hasta el agua de un canal, con un islote boscoso y una ciudad baja en el horizonte
Huellas que bajan por la grava hasta perderse en el agua, con un islote y una ciudad al otro lado del canal: en esta costa, un solo cruce separa las rocas de las calles.

La ciudad había sido el fondo de su vida durante ocho años. Ahora caminaba adentro de ella, y en sus calles no había focas ni nidos de ganso.

Por primera vez desde que llegó a Discovery y Chatham, el agua ya no estaba entre él y la ciudad.

Lejos de sus islas

Lo durmieron y lo llevaron lejos, cerca de Port Renfrew. Cuando Takaya despertó, sus islas habían quedado muy atrás, y con ellas las focas de la orilla, los canales que sabía cruzar y la fotógrafa en la que había aprendido a confiar.

Ahí, sin manada y sin sus islas, tenía que empezar de nuevo.

Ese nuevo comienzo duró dos meses. El 24 de marzo de 2020, cerca de Shawnigan Lake, un cazador lo mató. Por cada día que pasó lejos de sus islas, había vivido casi cincuenta en ellas.

Bosque de coníferas con Shawnigan Lake al fondo, visto desde Elkington Forest
Bosque de coníferas con Shawnigan Lake al fondo, visto desde Elkington Forest. Foto: Kiwibirdman / Wikimedia Commons, CC BY 3.0.

Hoy su historia sigue contada en aquel documental, en un libro que salió en 2020 y en una organización que lleva su nombre, nacida del trabajo de Cheryl, que guarda su vida entera, de 2012 a 2020.

En las más de mil horas que filmó Cheryl, Takaya sigue en sus islas, con la ciudad al fondo. Ahí sigue siendo lo que fue durante casi ocho años: un lobo solo que aprendió a vivir del mar, mientras el mar estuvo de por medio.

Fotos de un lobo gris de la costa de Columbia Británica (davidbroadland / Wikimedia Commons, dominio público), de la isla Discovery (QMuzikDirektor / Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0) y de Shawnigan Lake (Kiwibirdman / Wikimedia Commons, CC BY 3.0). Las demás imágenes fueron generadas con IA para ilustrar el contenido.

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