Un cartero encontró a Zip Code con la mandíbula rota, y todo dependía de una cirugía
Un cartero encontró a Zip Code con la mandíbula rota. Antes de pensar en operarlo, el equipo de Stray Rescue of St. Louis tuvo que empezar por su pelo.

Zip Code tenía la mandíbula rota cuando un cartero lo encontró.
Su nombre quiere decir «código postal» en inglés, un nombre con olor a sobre y estampilla para un perro al que encontró alguien del correo. Hoy está al cuidado de Stray Rescue of St. Louis, una organización que rescata animales en esa ciudad.
Pero una mandíbula rota no sana con reposo ni con mimos. Zip Code necesitaba una cirugía. Y antes de llegar al quirófano, había otro problema que resolver.
Primero, el pelo
El pelo de Zip Code estaba tan enredado y apelmazado que el equipo no tuvo otra salida que raparlo completo.
Y su piel tenía quemaduras causadas por la orina y las heces.
Era mucho para un perro que ya cargaba con una mandíbula rota. Pero ya rapado, Zip Code quedó listo para la operación.
Sin salir de casa
Lo habitual habría sido llevarlo a otro lugar para operarlo. Esta vez, la doctora Oliver se encargó ella misma de la cirugía de mandíbula, ahí en la organización.
Para ella tampoco era una operación de rutina: iba a ser apenas la segunda de ese tipo en su carrera. El equipo escribió que estaba orgulloso de ella porque nunca deja de aprender ni de enseñarles a otros.
Para Zip Code, operarse ahí significaba no tener que subir a un vehículo para ir y volver, adolorido y recién rapado. Para la organización, ahorrar mucho tiempo y dinero.
Antes de la cirugía, el equipo prometió contar ese mismo día cómo había salido. La historia de Zip Code tiene su propia página en el sitio de la organización, strayrescue.org/zipcode. Y empezó la espera.
Ese mismo día
Horas después llegó la noticia: la cirugía había salido bien.
Zip Code empezaba a despertar de la anestesia, aturdido, y tenía un solo pedido. «Se está despertando, pero lo único que quiere es que lo tengan en brazos como a un bebé», escribió el equipo en Facebook.
Los rescatistas se imaginaban lo desconcertante que debe ser abrir los ojos sin saber dónde estás y con la boca tan extraña. Joe lo cargó con gusto, con la idea de sostenerlo hasta que pudieran acostarlo.
El equipo apostó a que esa noche iba a dormir de maravilla. Y dejó escrita una promesa: «Se acabó el dolor. A partir de ahora, cada día va a ser un poquito mejor».
Con eso, dieron por empezada su recuperación.
Al perro que se llama como un código postal lo encontró alguien que reparte cartas de puerta en puerta. Esa noche no necesitaba ir a ninguna dirección: le alcanzaba con los brazos de Joe.
Imagen principal: Stray Rescue of St. Louis.
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