Kipling lo pintó como villano, pero el dhole silba para que ninguno de los suyos se pierda
En los bosques de Asia, una jauría de perros rojos se reencuentra silbando. Detrás de ese sonido hay una familia que cría en equipo, alimenta primero a sus cachorros y enfrenta un enemigo que no puede rodear.

En un bosque denso del centro de la India, una jauría de perros rojos se dispersa entre los troncos y la maleza. En pocos minutos, cada uno ha perdido de vista a los demás.
Entonces uno llama. No es el aullido largo que se esperaría de un pariente del lobo: es un silbido agudo que atraviesa la espesura. Y desde distintos puntos del bosque, los demás empiezan a volver.

El cazador que silba
Quien silba es un dhole (Cuon alpinus), un cánido salvaje de Asia. Según la ficha de especie de la San Diego Zoo Wildlife Alliance, los machos pesan entre 15 y 20 kilos y las hembras entre 10 y 13; el estudio de campo de Bhandari y colegas (2021) da un rango de 10 a 21 kilos.
Su repertorio es amplio: según esa misma ficha, puede silbar, gritar, maullar y hasta cloquear «como una gallina». Pero su llamada más famosa es el silbido. World Land Trust lo describe como la señal que usa para reunir a la jauría en los bosques densos donde vive, y el Zoológico Nacional y el Instituto de Biología de la Conservación del Smithsonian, que sigue dholes en Tailandia, explica que por eso le dicen «el cazador que silba».
¿Qué tan agudo es ese sonido? Frey y colegas (2016) investigaron, en un artículo de PLoS ONE, de dónde salen las vocalizaciones de alta frecuencia del dhole y sus llamadas bifónicas, en las que suenan dos tonos a la vez. Midieron chillidos de entre 5,5 y 10,7 kilohercios, que comparan con el silbido humano, y describen también unos yaps, ladridos cortos y graves. Su llamada más conocida, sin embargo, no es un ladrido ni un aullido: es un silbido.
Escúchalo al comienzo de este video: es el «huu» con el que la jauría vuelve a juntarse después de cazar.
Una jauría con más de una madre
La familia que responde a ese silbido se organiza de una forma que llama la atención. Según el zoológico de San Diego, una jauría suele tener entre 5 y 12 miembros, y a veces se forman «superjaurías» de 30 animales o más. En su estudio en el centro de la India, en las áreas de Tadoba-Andhari y Navegaon-Nagzira, en el estado de Maharashtra, Bhandari y colegas encontraron jaurías de hasta 28.
No es una familia sin jerarquía. El Smithsonian describe grupos muy unidos, de 3 a 20 individuos, con jerarquías de dominancia rígidas, y el estudio genético de Modi y colegas (2022) sobre la dispersión de la especie habla de un macho y una hembra alfa como principales reproductores. Hay una pareja dominante, pero a menudo no es la única que cría: según ese mismo trabajo, las jaurías grandes suelen tener varias hembras reproductoras, y hay hembras subordinadas que cuidan las crías de la hembra alfa. World Land Trust también describe hembras que crían juntas a sus cachorros.
El cuidado se reparte. Según World Land Trust, uno o más adultos se quedan siempre en la madriguera mientras el resto caza. Al volver, de acuerdo con el zoológico de San Diego, los cazadores regurgitan comida para la madre que amamanta y para los cachorros: así comen también quienes se quedaron a cuidarlos.

Cuando los cachorros ya tienen edad para acompañar a la jauría, reciben otro privilegio: según la misma ficha, se les permite comer primero de las presas.
El villano de Kipling frente a un tigre real
Rudyard Kipling los imaginó de otra manera. En «Perro rojo», uno de los relatos de El segundo libro de la selva (1895), los dholes son la horda invasora contra la que luchan Mowgli y los lobos de Seeonee, como detalla la guía de lectura de la Kipling Society. Quienes los estudian en el bosque encontraron otra cosa: una familia que no deja a nadie atrás.
Esa familia comparte territorio con un vecino desproporcionado. Un dhole pesa entre 10 y 20 kilos; para el tigre, Bhandari y colegas manejan un rango de 180 a 245 kilos. Su estudio se propuso medir cómo cambia el tamaño de las jaurías según las presas disponibles y la presencia de ese gran depredador, y el saldo de los encuentros es claro: registraron 5 casos de tigres que mataron dholes y 23 de dholes que perdieron su presa ante un tigre. Ninguno al revés. Los datos completos están en el artículo, de acceso abierto.

El tigre suele imponerse y quedarse con las presas. Aun así, según el zoológico de San Diego, una jauría puede llegar a mantener a raya a un tigre, y hay relatos de que lo hicieron, aunque son anecdóticos y antiguos. Un dhole solo no tendría ninguna oportunidad. Juntos, se plantan.
El enemigo que no pueden rodear
Pero hay un enemigo al que ninguna jauría puede rodear. Los bosques que se talan. Los ciervos y otras presas que escasean. El moquillo y la rabia que les llegan de los perros domésticos.

Ni siquiera volver a un territorio perdido es sencillo. En Nepal, donde hay dholes recolonizando zonas, Ghimirey y colegas (2024) analizan en la revista Oryx los desafíos de ese regreso y lo que implican para su conservación.
El dhole ya perdió más del 75 % de su territorio. Falta la cifra que lo resume todo: se estima que quedan entre 950 y 2.200 adultos en el mundo. Es una estimación, no un censo, y su margen es amplio, pero ni siquiera la cifra más alta llenaría un estadio pequeño.
El dhole silba para que ninguno de los suyos se pierda en el bosque. Hoy es la especie entera la que llama, y cada vez menos responden.
¿Tu perro tiene algún sonido especial, distinto al ladrido, para llamarte o llamar a otros perros? Cuéntanos cómo suena.
Foto del dhole: Kalyan Varma / Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0. Las demás imágenes fueron generadas con IA para ilustrar el contenido.
Referencias
- Bhandari, A. et al. (2021). Dhole pack size variation: Assessing the effect of prey availability and apex predator. Ecology and Evolution. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC8093734/
- Modi, S., Mondol, S., Ghaskadbi, P., Nigam, P. y Habib, B. (2022). Genetic evidence of differential dispersal pattern in the Asiatic wild dog. Frontiers in Ecology and Evolution, 10: 993851. https://www.frontiersin.org/journals/ecology-and-evolution/articles/10.3389/fevo.2022.993851/full
- Frey, R., Volodin, I. A., Fritsch, G. y Volodina, E. V. (2016). Potential sources of high frequency and biphonic vocalization in the dhole (Cuon alpinus). PLoS ONE. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC4701476/
- Ghimirey, Y. et al. (2024). Challenges and possible conservation implications of recolonizing dholes Cuon alpinus in Nepal. Oryx. https://www.cambridge.org/core/journals/oryx/article/challenges-and-possible-conservation-implications-of-recolonizing-dholes-cuon-alpinus-in-nepal/B5E45F2A5FCDBD612FD05A9305F52F02
- San Diego Zoo Wildlife Alliance (s. f.). Dhole. Ficha de especie. https://animals.sandiegozoo.org/animals/dhole
- Smithsonian’s National Zoo & Conservation Biology Institute (s. f.). Tracking dholes (Asian wild dogs) in Thailand. Smithsonian’s National Zoo. https://nationalzoo.si.edu/conservation/news/tracking-dholes-asian-wild-dogs-thailand
- World Land Trust (s. f.). Dhole. Ficha de especie. https://www.worldlandtrust.org/species/dhole/
- The Kipling Society (s. f.). Red Dog – Readers’ Guide. Guía de lectura de The Second Jungle Book (1895). https://www.kiplingsociety.co.uk/readers-guide/rg_reddog1.htm
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