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Historias emotivas

Hicieron falta 7.744 días de cámaras trampa para grabar un solo video del perro vinagre

En 1839, un naturalista danés halló en una cueva de Brasil los huesos de un cánido desconocido. Aclarar su historia llevó casi dos siglos, y el perro vinagre sigue siendo un animal que casi nadie ve.

Hicieron falta 7.744 días de cámaras trampa para grabar un solo video del perro vinagre

Es 1839. En una de las cuevas de Lagoa Santa, en el interior de Brasil, el naturalista danés Peter Wilhelm Lund tiene frente a sí los huesos de un cánido que nadie ha descrito. No coincide con ningún perro, zorro ni lobo de los que se conocen.

Lund lo da por extinto. Según la nota que el Jornal da Unesp publicó en 2025, se planteó que era una especie que había vivido en la región y desaparecido en el paso del Pleistoceno al Holoceno, hace unos 11.000 años. Un perro de otra era, perdido entre restos de animales que ya no existen. Parecía un capítulo cerrado.

Lámina de 1890 coloreada a mano que muestra al perro vinagre (Speothos venaticus)
El perro vinagre en una lámina coloreada a mano para la monografía de los cánidos de St. George Mivart (1890). Ilustración: J. G. Keulemans / Wikimedia Commons, dominio público.

Tres años después, vivos y en grupo

En 1842, el propio Lund encontró grupos de cánidos vivos, de un tamaño en apariencia parecido al de los fósiles, según la misma nota. Ese año describió la especie como Cynogale venatica, con Lagoa Santa como localidad tipo, según la Mammal Diversity Database. Su descripción original está en la página 203 de su cuarta memoria sobre la fauna de Brasil.

Ahí empezó una discusión que duraría casi dos siglos: ¿el perro de la cueva y el que seguía vivo eran el mismo animal? Hasta el nombre cambió por el camino. En 1880, William Henry Flower le dedicó un estudio con lámina anatómica bajo el nombre de Icticyon venaticus. Hoy es Speothos venaticus: el perro vinagre, o cachorro-vinagre, como lo llaman en Brasil.

Un pariente más grande en la cueva

Buena parte de la respuesta estaba en los dientes. En 1984, Annalisa Berta revisó los fósiles de Lagoa Santa en un artículo del Journal of Mammalogy y separó al cánido de la cueva, Speothos pacivorus, por su mayor tamaño, sus molares distintos y un segundo molar con dos raíces.

Aun así, la polémica siguió viva hasta 2025, cuando un estudio de Ruiz y colegas en el Journal of Vertebrate Paleontology ratificó que son dos especies, según la nota de la Unesp; los datos completos están en el artículo original (doi: 10.1080/02724634.2024.2438827). El de la cueva era un pariente del mismo género, más grande, y ese sí desapareció: Lund no se había equivocado. El que seguía vivo era otro: el perro vinagre.

Lund pasó años sacando huesos de aquellas cuevas, y hoy Minas Gerais tiene un museo con su nombre, inaugurado por el gobierno del estado con fósiles cedidos por Dinamarca.

7.744 días de cámaras trampa para un solo video

El sobreviviente es pequeño: unos 30 centímetros hasta el hombro, según Animal Diversity Web, que lo ubica en selvas y sabanas desde Panamá hasta el norte de Argentina. Tiene patas cortas y cuerpo compacto, como describe un estudio de Ruiz y colegas (2023) sobre su forma de cazar.

Y casi nadie lo ve. En el Parque Nacional das Emas, en Brasil, se lo observó apenas nueve veces entre 1966 y 1995, según datos de Silveira y colegas (1998) que recoge la revisión de campo de Beatriz Beisiegel y César Ades (2002). Tadeu G. de Oliveira, en un estudio de 2009, lo describe como raro en toda su área de distribución.

Persona de un equipo de campo, agachada junto a un tronco en la Mata Atlántica, revisa una cámara trampa con la tapa abierta
Abrir la cámara, revisar lo que quedó grabado y volver a dejarla vigilando: así se busca, día tras día, a una especie esquiva.

El caso más reciente llegó de Minas Gerais, el estado de las cuevas de Lund. En el mayor fragmento protegido de Mata Atlántica del estado, el equipo de Azevedo acumuló 7.744 días-trampa (cada uno equivale a una cámara activa durante un día) y obtuvo un solo video, con un único individuo. Fue el primer registro de la especie en ese bosque, como cuenta su artículo de 2025 en la revista Oryx, titulado «La especie que faltaba». Es como dejar una sola cámara encendida más de 21 años.

Puedes ver la grabación, hecha el 21 de diciembre de 2021 junto a la Lagoa dos Patos, en el Parque Estadual do Rio Doce, en el material suplementario del artículo: el animal pasa rápido, pero se distinguen su pelaje pardo, sus patas cortas y la forma de su cola.

¿Cuántos quedan? Ninguno de estos trabajos da una cifra; Oliveira ya lo trataba en 2009 como especie vulnerable.

Cámara trampa con camuflaje sujeta con una correa a un tronco cubierto de musgo, frente a un sendero de tierra y hojas secas sin animales
Un sendero vacío frente a la lente: para quien busca al perro vinagre, casi todos los días se ven así.

Una familia que se llama a chillidos

Es, además, un animal de familia. Según Beisiegel y Ades, vive en grupos de 2 a 12 individuos que duermen juntos, cazan en equipo y se llaman con chillidos agudos para ubicarse en la espesura.

Sus guaridas, por lo general, las cavaron otros: ocupa sobre todo madrigueras de armadillos grandes, señala la misma revisión, y Oliveira documentó un grupo que usó una de ellas como refugio durante dos años.

Lo que guardaban sus patas

Pero sus patas guardaban otra sorpresa. Según Animal Diversity Web, los dedos del perro vinagre están unidos en parte por membranas. Y no es un detalle menor: el perro vinagre nada.

Entre los registros que reúnen Beisiegel y Ades hay una hembra vista cruzando a nado el río Negro con sus dos cachorros, y una pareja que apareció nadando en el río Caura, en Venezuela.

Hembra adulta de perro vinagre nadando en las aguas oscuras, color té, del río Negro bajo un cielo nublado
Un perro vinagre a nado en aguas oscuras como las del río Negro, donde una hembra fue vista cruzando con sus dos cachorros.

Esa destreza le sirve con la paca, un roedor grande que se lanza al agua para escapar. La misma revisión recoge registros de jaurías que la persiguen allí. Y, según contaron cazadores indígenas hacia 1940, la cacería puede ser aún más coordinada: unos perros acosan a la paca en tierra mientras otros ya la aguardan en el río.

En la cueva quedó un pariente más grande que no sobrevivió. Afuera, el perro vinagre siguió cruzando ríos en familia, con sus patas palmeadas, tan esquivo que hoy un solo video puede costar 7.744 días de cámaras trampa.

¿Has tenido o conocido algún perro al que le encantara nadar tanto como al perro vinagre? ¡Cuéntanos su historia!


Ilustración del perro vinagre (1890): J. G. Keulemans / Wikimedia Commons, dominio público. Las demás imágenes fueron generadas con IA para ilustrar el contenido.

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