Un perro seguía adentro de un auto envuelto en llamas. Era la mañana del miércoles 7 de octubre, frente a un supermercado de Spokane Valley, en el estado de Washington, y el calor y el humo ya avanzaban por dentro.
Su dueño estaba muy cerca: él y dos amigos hacían las compras en ese mismo supermercado. Afuera, el perro estaba solo con el fuego.
Lo más lejos posible
No tenía por dónde salir. Así que buscó la única protección que le quedaba: la distancia.
Se fue hasta el fondo del auto, tan atrás como pudo, lejos del calor y del humo. Ese rincón no era un gran refugio. Pero era el único que tenía, y ahí se quedó a esperar.
Entonces llegó la Unidad 7 del Departamento de Bomberos de Spokane Valley. Los bomberos encontraron el auto cubierto por el fuego y no tardaron en apagarlo. Con las llamas bajo control, se dedicaron a quien de verdad los esperaba: su «paciente de cuatro patas», como lo llamaron después.
Bigotes derretidos
El perro no había salido ileso. «Estaba en muy mal estado, con los bigotes derretidos, y era evidente que necesitaba ayuda», escribió el departamento en Facebook, en una publicación del día siguiente que también muestra cómo quedó el auto.
Los bigotes eran lo que se veía. El riesgo mayor estaba en el humo que había respirado. Y es que el humo trae monóxido de carbono, un gas que, como explican los especialistas de la Facultad de Medicina Veterinaria de la Universidad de Illinois, desplaza al oxígeno en la sangre y deja al cuerpo sin el aire que necesita.
Los bomberos le dieron oxígeno, que es el tratamiento principal cuando una mascota respira humo, según PetMD. Y también le dieron mimos, de esos que no aparecen en ningún manual.
Poco a poco, el perro empezó a reaccionar. Con otra ronda de oxígeno y un rato más de paciencia, se paró sobre sus cuatro patas. Y no se quedó ahí: al poco tiempo ya corría de un lado a otro, con más energía de la que cualquiera esperaría de un paciente recién sacado del humo.
Pero todavía faltaba alguien.
El rincón de atrás
Más tarde, el perro volvió a ver a su dueño. Los bomberos lo resumieron así: «Una mañana de miedo terminó de la mejor manera posible: con una familia reunida otra vez».
El auto quedó muy dañado, por dentro chamuscado y derretido. Pero ese rincón del fondo, el que él eligió cuando no tenía adónde ir, le dio justo lo que necesitaba: tiempo para que llegara la ayuda.
Imagen principal: Spokane Valley Fire Department.


Conversación
Únete a la conversación
Los comentarios y el formulario se cargan solo cuando abras esta sección.