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Historias emotivas

Una zorra ártica de menos de un año caminaba sobre el mar helado, y nadie creyó los datos

En marzo de 2018, la señal del collar de una zorra ártica de menos de un año empezó a alejarse de Svalbard sobre el hielo marino. Al principio, ni los científicos que la seguían creyeron lo que veían en los datos.

Una zorra ártica de menos de un año caminaba sobre el mar helado, y nadie creyó los datos

En el Instituto Polar Noruego, la señal de un collar satelital hacía algo que no debía: avanzaba sobre el mar. Posición tras posición, se alejaba de la costa de Svalbard y se adentraba en el hielo marino, cada vez más hacia el oeste.

Ese collar lo llevaba una zorra ártica de menos de un año. Y lo que contaba su señal era tan improbable que, al principio, ni siquiera quienes la seguían estuvieron dispuestos a creerlo.

Fotografía de un zorro ártico.
Un zorro ártico, de la misma especie que la protagonista de esta historia, aunque no se trata de ella. Foto: NASA Goddard Space Flight Center / Wikimedia Commons, CC BY 2.0.

Un collar en la costa noroeste de Svalbard

La historia empieza en julio de 2017. El equipo de la investigadora Eva Fuglei, del Instituto Polar Noruego, con sede en el Fram Centre de Tromsø, le colocó un collar satelital a una zorra joven en la costa noroeste de Svalbard, el archipiélago noruego del Ártico. Era un animal que cabía en unos brazos. El collar enviaría sus posiciones a través del sistema satelital Argos, según la nota del Fram Centre que resume el caso.

Manos con guantes y antebrazos con una chaqueta de campo gastada sostienen contra el pecho a un zorro ártico joven, de pelaje de verano pardo grisáceo, tranquilo y alerta, con un pequeño collar de seguimiento satelital.
Un zorro ártico joven con collar satelital, sostenido contra el pecho por unas manos enguantadas: el tamaño de la especie da la medida del viaje que esta historia cuenta.

El 1 de marzo de 2018, la joven dejó la zona donde había nacido, de acuerdo con el estudio que Fuglei publicó en 2019 junto con A. Tarroux en la revista Polar Research. Y el 26 de marzo, ella echó a andar sobre el hielo marino.

Nadie creyó lo que marcaba el collar

Cuando las posiciones empezaron a avanzar mar adentro, la primera reacción no fue el asombro, sino la sospecha. Según contó Fuglei a la cadena noruega NRK, al principio nadie creyó los datos. Había explicaciones más sencillas, y el equipo las consideró: ¿había muerto la zorra? ¿La llevaba un barco?

Revisaron, y no había barcos en esa zona. Quedaba la posibilidad más difícil de aceptar: era ella, sola, caminando hacia el oeste sobre el mar congelado. En NRK, Fuglei calificó el caso de «excepcional»; a CBS News le dijo que esta zorra había llegado «mucho más lejos que la mayoría de los que hemos seguido».

En una oficina de investigación polar, una persona con chaqueta polar se inclina hacia un monitor con una mano a medio levantar, mientras otra persona mira la pantalla por encima de su hombro.
Dos personas revisan un mapa de seguimiento en una oficina de investigación polar: ante una ruta así, lo primero es descartar que el animal haya muerto o que viaje en un barco.

Veintiún días hasta Groenlandia

La primera tierra firme apareció tres semanas después. En 21 días llegó a Groenlandia, tras recorrer unos 1.512 km, según el Fram Centre. Y en vez de detenerse, siguió por el norte de la isla.

Allí, en una sola jornada, cubrió unos 155 km. Según CLS Argos, es una de las velocidades más altas registradas en su especie.

Todo esto se conoce con tanto detalle gracias al propio collar. Cada posición que enviaba vía Argos quedaba registrada, y con esas posiciones Fuglei y Tarroux reconstruyeron la ruta en su estudio. El mapa completo del recorrido puede verse en el artículo de Polar Research, que es de acceso abierto, y en la página de CLS Argos sobre el viaje, donde también aparece una foto de ella con su collar.

Computadora portátil sobre un escritorio desordenado, con un mapa de seguimiento satelital en pantalla: una línea de puntos brillantes y espaciados sale de una isla y cruza una gran extensión blanca de mar helado; al lado, un pequeño collar de seguimiento.
Una línea de puntos que sale de una isla y cruza el mar helado: cada punto es una posición enviada por un collar como el que descansa junto a la computadora.

Setenta y seis días después, otro continente

Setenta y seis días después de dejar Svalbard, hacia el 10 de junio, la señal llegó a la isla de Ellesmere, en Canadá. Había recorrido 3.506 km, según el resumen del estudio de Fuglei y Tarroux.

Para la ciencia, el viaje dejó algo más que una cifra. El estudio describe el hielo marino como la plataforma que le permitió dispersarse, es decir, alejarse de la zona donde nació, y como una superficie que conecta poblaciones de zorro ártico según la estación. Estudios genéticos anteriores ya mostraban ese intercambio entre poblaciones a través del hielo; esta joven le puso fechas, ruta y kilómetros a uno de esos viajes.

Ellesmere tampoco fue el final. Desde allí siguió hacia el oeste y, el 1 de julio de 2018, se instaló en la península de Fosheim, en la misma isla. Contando el viaje entero, desde que dejó la zona donde nació, el 1 de marzo, hasta ese día, había recorrido 4.415 km. Qué fue de ella después de esa fecha, el resumen del estudio no lo dice.

Así, una zorra que cabe en unos brazos cruzó el techo del mundo sobre un puente que depende del frío: el mar congelado. Un puente que, según el Centro Nacional de Datos de Nieve y Hielo de Estados Unidos (NSIDC), cada año vuelve un poco más corto, y que esa primavera la llevó hasta otro continente.

¿Conocías algún otro animal que haya hecho un viaje tan increíble por su cuenta? Cuéntanos su historia en los comentarios.

Foto del zorro ártico: NASA Goddard Space Flight Center / Wikimedia Commons, CC BY 2.0. Las demás imágenes fueron generadas con IA para ilustrar el contenido.

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