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Historias emotivas

Una collie pasó media hora lamiendo la cara de un marinero que todos daban por muerto

La noche del 1 de enero de 1915, en el sótano de un pub de Lyme Regis, una collie llamada Lassie se echó junto a un marinero del acorazado Formidable al que todos daban por muerto. Y empezó a lamerle la cara.

Una collie pasó media hora lamiendo la cara de un marinero que todos daban por muerto

Lassie, la collie de pelo largo de un pub del sur de Inglaterra, terminó la primera noche de 1915 en el último lugar donde uno buscaría a una perra de casa: un sótano con marineros tendidos a los que el mar había dejado quietos. Quienes los habían bajado hasta ahí ya no esperaban nada de ellos. Lassie, con uno en particular, no estaba tan de acuerdo.

Un torpedo antes del amanecer

Todo había empezado casi un día antes, mar adentro.

En la madrugada del 1 de enero de 1915, en plena Primera Guerra Mundial, el acorazado británico Formidable patrullaba el canal de la Mancha frente a la costa de Dorset. Era el primer día del año y todavía no había amanecido.

Fotografía en blanco y negro del acorazado británico Formidable, visto desde la proa por el costado de estribor
El acorazado británico Formidable visto desde la amura de estribor, antes de su hundimiento en 1915. Foto: National Museum of the U.S. Navy / Wikimedia Commons, dominio público.

Entonces un submarino alemán, el U-24, lo alcanzó con un torpedo. El Formidable se hundió, y sus hombres buscaron salvarse en las lanchas del barco. Una de ellas, la pinaza, se alejó del naufragio con 71 hombres a bordo.

Veintidós horas a merced del temporal

Desde ese momento, el que mandó fue el temporal. Llevó la pinaza de un lado a otro y no la dejó elegir rumbo.

Sobre esos hombres amaneció, pasó el corto día de enero y volvió a caer la noche, y el mar seguía sin soltarlos. Fueron unas 22 horas: de una oscuridad a la otra, sin un piso firme bajo los pies.

Cerca de las once de la noche, la pinaza tocó por fin tierra en Lyme Regis, un pueblo de la costa sur de Inglaterra. Catorce de sus hombres habían muerto en el camino, y otros llegaron sin dar señales de vida.

Lancha naval de madera, maltrecha, varada en una playa de guijarros bajo un cielo gris de invierno
Una lancha de madera varada en una playa de guijarros, bajo el cielo gris de un temporal de invierno. La pinaza del Formidable tardó unas 22 horas en tocar tierra en Lyme Regis.

A los que dieron por muertos los llevaron al sótano del Pilot Boat Inn, un pub del pueblo. El pub lo llevaba la familia Atkins. Y los Atkins tenían una perra.

Una collie entre los marineros

Se llamaba Lassie, y era una collie de pelo largo, de esas que parecen andar siempre con un abrigo dos tallas más grande. Cuando el sótano del Pilot Boat Inn ya tenía a sus marineros tendidos, ella bajó.

Anduvo entre los hombres. Pasó junto a uno, junto a otro. Y junto a uno de ellos dejó de andar.

Era John Cowan, marinero de primera del Formidable. Había sobrevivido al torpedo y al hundimiento, había aguantado casi un día en la pinaza, y ahora estaba ahí, contado entre los que no lo habían logrado.

Lassie se echó a su lado. No a un costado prudente, como un perro que se acerca a un desconocido: se apretó contra él y lo arropó con su pelo largo. Después empezó a lamerle la cara.

Joven marinero de la Marina Real tendido en el suelo de un sótano estrecho de pub, en una noche de invierno, visto a ras del suelo
Un marinero joven tendido en el suelo de un sótano de pub, una noche de invierno. En un lugar así, entre hombres a los que ya nadie esperaba ver moverse, se echó Lassie.

Media hora sobre un rostro quieto

Y no se fue. La cara de John Cowan seguía inmóvil, y la lengua de Lassie seguía pasando sobre ella, sin apuro y sin pausa, como si tuviera todo el tiempo del mundo para convencerlo.

Así estuvo media hora. Lo que tarda en enfriarse una taza de té que alguien olvidó sobre la barra del pub. Media hora pegada a un hombre que, para todos los demás, ya se había ido.

Al cabo de esa media hora, bajo la lengua de la perra, John Cowan empezó a moverse.

Estaba vivo. Lo atendieron enseguida, lo llevaron al hospital, y el marinero al que habían bajado al sótano entre los muertos se recuperó por completo.

Joven marinero de la Marina Real, exhausto, sentado en un banco de madera en una habitación de vigas bajas
Un joven marinero de la Marina Real, exhausto pero con vida, sentado en un banco de madera bajo un techo de vigas bajas. Esa noche en Lyme Regis, la línea entre los vivos y los dados por muertos resultó más delgada de lo que parecía.

Años después, en 1938, el escritor Eric Knight publicó un relato sobre una collie llamada Lassie. En 1943 esa perra llegó al cine de Hollywood, y también hubo una serie y un programa de radio.

Knight atribuyó su personaje a su propia collie, Toots. Pero en Lyme Regis muchos están convencidos de que la Lassie de la pantalla le debe algo a la del Pilot Boat Inn.

Puede que nunca se sepa. A la Lassie de Lyme Regis no le hizo falta una pantalla: le alcanzó con su pelo largo y media hora de terquedad. Esa noche, mientras el pueblo contaba a los que el mar le había quitado, ella se echó contra uno de ellos a esperar, y no se levantó hasta que John Cowan se movió primero.

Foto del acorazado Formidable: National Museum of the U.S. Navy / Wikimedia Commons, dominio público. Las demás imágenes fueron generadas con IA para ilustrar el contenido.

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