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Historias emotivas

Dos días después de perder en Germantown, Washington le escribió al general enemigo por un perro

En octubre de 1777, tras la derrota de Germantown, apareció entre los soldados de George Washington un perro cuyo collar lo señalaba como del general británico William Howe. Lo que hicieron con él quedó por escrito.

Dos días después de perder en Germantown, Washington le escribió al general enemigo por un perro

Pensilvania, octubre de 1777. El ejército de George Washington acaba de perder una batalla y se repliega. Entre sus soldados aparece un perro que no pertenece a ninguno de ellos.

Lleva un collar con una inscripción, y la inscripción no deja lugar a dudas: es el perro del general William Howe, comandante de las fuerzas británicas. El hombre que acaba de vencerlos. Lo que Washington hizo con él quedó por escrito.

Niebla en Germantown

Según el resumen de la batalla del American Battlefield Trust, en octubre de 1777 los británicos acababan de tomar Filadelfia, y sus fuerzas estaban al mando de Howe. El 4 de octubre, en Germantown, Washington lanzó un ataque entre la niebla. Fracasó, y su ejército se retiró derrotado.

La victoria americana de Saratoga, el 17 de octubre, llegaría pocos días después, como recuerda ese mismo resumen. Por ahora, lo que Washington tenía delante era una derrota reciente frente al dueño de ese collar.

Los documentos no cuentan cómo llegó el perro hasta los americanos. Lo que registra el artículo «American Dogs», del mismo American Battlefield Trust, es que apareció entre ellos y que la inscripción de su collar lo identificaba como el perro de Howe.

Grabado en tinta negra de un campamento del Ejército Continental en Pensilvania en una mañana brumosa de otoño
Un campamento del Ejército Continental bajo la niebla de otoño, en clave de grabado antiguo. En Germantown, la batalla se perdió precisamente entre la niebla.

En plena guerra, cualquiera habría visto en él un trofeo: una burla perfecta para el enemigo. Washington vio a un perro que necesitaba volver a casa.

Dos días después, al otro lado de las líneas

El 6 de octubre de 1777, apenas dos días después de Germantown, Washington le devolvió el perro a Howe, según la ficha del proyecto Papers of George Washington, de la Universidad de Virginia. No fue una devolución muda: la acompañó una nota breve. El borrador lo escribió de su puño y letra Alexander Hamilton, el joven ayudante de Washington, probablemente al dictado del general, como explica el artículo «The Case of the General’s Dog», publicado por la revista American Heritage en 1964.

Grabado en tinta negra de un joven ayudante de campo con casaca sencilla de oficial, visto de tres cuartos, dentro de una tienda de campaña de lona
Un joven ayudante de campo en su tienda de lona, al estilo de los grabados de época. Ese era el puesto de Hamilton cuando redactó el borrador para Howe.

¿Cómo pasó el perro de un ejército al otro? Muchas versiones de divulgación hablan de una bandera de tregua, y el National Constitution Center llega a decir que Washington pidió una tregua. Es verosímil, porque la correspondencia entre generales enemigos solía entregarse bajo bandera blanca. Pero la nota no menciona ninguna tregua, y ese detalle, por ahora, no tiene respaldo en documentos de la época.

«Tiene el placer»

Esto es lo que dice la nota, en español:

«El general Washington presenta sus saludos al general Howe y tiene el placer de devolverle un perro que accidentalmente cayó en sus manos y que, por la inscripción del collar, parece pertenecer al general Howe».

En el inglés original, tal como lo cita el artículo «American Dogs»: «General Washington’s compliments to General Howe. He does himself the pleasure to return him a dog, which accidentally fell into his hands, and by the inscription on the Collar appears to belong to General Howe».

Una palabra sostiene todo el mensaje: placer. La nota no dice «entrega», ni «concede». Tampoco presume de una captura: el perro «accidentalmente cayó en sus manos». Lo trata como a un invitado que regresa, no como a un prisionero. Hasta la identificación es cuidadosa: por la inscripción, el perro «parece» ser de Howe.

Es el perdedor de una batalla escribiéndole al ganador, dos días después, sin reproche y sin ironía.

Un borrador con tachaduras

Lo que se conserva en la colección de los George Washington Papers de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos no es la nota que recibió Howe, sino el borrador de Hamilton. Según el sitio de divulgación America Comes Alive, tiene tachaduras: Hamilton escribió y tachó «Sir Wm.» y «his Excellency», dos tratamientos para Howe que no pasaron al texto final, donde quedó, a secas, «General Howe». El archivo guarda además una copia en los llamados Varick Transcripts.

Hoja pequeña de papel antiguo, amarillenta y con pliegues, con unas pocas líneas de tinta café desvaída, sobre un atril de espuma gris en una mesa de madera
Una hoja manuscrita del siglo XVIII sobre un atril de archivo. El borrador real, en la Biblioteca del Congreso, todavía muestra lo que Hamilton tachó.

Si quieres leer el texto completo con sus notas, la transcripción está en Founders Online, de los Archivos Nacionales de Estados Unidos, dentro de los Papers of George Washington (Revolutionary War Series, volumen 11). La ficha de la Universidad de Virginia resume el episodio y remite a esa edición.

El nombre que el papel no dice

Queda la pregunta que casi todos se hacen al llegar aquí: ¿cómo se llamaba el perro y de qué raza era? Muchas versiones aseguran que era un fox terrier llamado «Lila», y el artículo «American Dogs» lo repite, pero sin citar ninguna fuente de la época. La nota de 1777 no da ni el nombre ni la raza. Lila, por ahora, es una versión repetida, no un dato documentado.

Las fuentes tampoco cuentan si Howe respondió ni qué fue del perro después; la historia documentada termina con la devolución.

Lo seguro es lo que importa: tenía dueño, y alguien se aseguró de que volviera con él. Quien lo decidió conocía bien ese vínculo: en Mount Vernon, Washington criaba perros de caza, como recuerda el proyecto Papers of George Washington.

Los ejércitos podían odiarse, pero un perro no había elegido bando. Y quizá esa sea la medida más honesta de una persona: cómo trata al animal de alguien a quien tiene motivos para odiar.

¿Crees que la forma en que alguien trata a un animal dice más de esa persona que cualquier discurso? ¿Conoces alguna historia en la que un perro haya unido a quienes estaban enfrentados?

Algunas imágenes de este artículo fueron generadas con IA para ilustrar el contenido; no son fotografías de los hechos ni de los animales reales.

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