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Historias emotivas

Miles de coyotes viven entre la gente de Chicago y casi nadie los ve

En 2000, una hembra a la que llamaron Big Mama recibió el primer collar de radio de un estudio sobre los coyotes de Chicago. Lo que siguió reveló a miles de vecinos salvajes que casi nadie ve.

Miles de coyotes viven entre la gente de Chicago y casi nadie los ve

Pasada la medianoche, el condado de Cook por fin baja la voz. Junto a unas vías del tren, entre la grava y los arbustos, un coyote se pone en marcha. Cruza una calle vacía, bordea el parque del barrio y se mete en la sombra de una reserva forestal. Las ventanas siguen a oscuras. Nadie lo ve pasar.

No es una rareza ni un rumor de vecinos: en Chicago pasa todas las noches, y casi nadie se entera. Para descubrirlo hizo falta un collar de radio, una hembra con un apodo memorable y un estudio que, en principio, iba a ser corto.

Coyote silvestre fotografiado al aire libre
Un coyote (Canis latrans), la misma especie que comparte el condado de Cook con millones de personas. Foto: USFWS Mountain-Prairie / Wikimedia Commons, dominio público.

La coyote número 1

En 2000, el biólogo Stanley Gehrt empezó a ponerles collares de radio a los coyotes del condado de Cook, donde está Chicago, según el sitio del Urban Coyote Research Project. Quería saber cuántos había. Creía que sería un estudio breve, según contó Opar en «Ghost Dogs», su reportaje de 2011 para la revista Audubon.

La primera en llevar collar fue una hembra. El 22 de marzo de 2000 el equipo capturó a la Coyote 1, el primer animal del proyecto, a la que llamaron Big Mama. Su ficha oficial conserva una foto suya de 2010, tomada después de soltarla: una década más tarde, Big Mama seguía en el estudio. Qué fue de ella después de esa imagen no podemos contarlo con certeza.

Collar de radio con banda de nailon gastada, batería, transmisor y una antena fina, sobre una mesa plegable de campo
Una banda, una batería, un transmisor y una antena fina. Con un collar como este, cada coyote se vuelve una señal que puede seguirse de noche.

No eran unos pocos

El plan de un estudio corto duró poco. Pronto Gehrt entendió que no eran unos pocos, según Audubon. Hoy las estimaciones del equipo hablan de entre 2.000 y 4.000 coyotes en el condado de Cook, entre millones de personas, de acuerdo con una nota de la agencia DPA publicada en 2026.

¿Cómo se estudia a un animal que no quiere ser visto? Siguiendo su señal. Con los datos de los collares, Gehrt y sus colegas Anchor y White reconstruyeron cuánto terreno usaban los coyotes y qué partes de la metrópoli elegían. Lo publicaron en un estudio de 2009 en el Journal of Mammalogy. Su título planteaba la duda de fondo: ¿conflicto o coexistencia?

Persona de campo con una antena de telemetría en forma de H, al atardecer, junto a unas vías del tren al borde de un bosque
Una antena portátil en alto junto a las vías, al caer la tarde. La señal de los collares permite seguir a animales que casi nunca se dejan ver.

Un reloj, un mapa y un menú

Ese trabajo confirmó lo más desconcertante: casi nadie los ve. También explicó parte del truco. Lo primero es un reloj. Según Gehrt, Anchor y White (2009), los coyotes urbanos se volvieron mucho más nocturnos que los del campo. Descansan ocultos de día y salen cuando la ciudad se apaga.

Lo segundo es un mapa. Reservas forestales, cementerios, campos de golf y vías férreas les sirven de pasillos verdes para moverse sin toparse con nadie, según el reportaje de Audubon. El refugio donde un coyote pasa el día puede ser una franja de hierba alta al borde de un campo de golf, a pocos metros de gente que nunca sabrá que estuvo ahí.

Coyote adulto sin collar, echado entre hierba alta y seca al borde de un campo de golf, con la cabeza levantada y las orejas erguidas
Despierto y con las orejas al frente, un coyote vigila desde la hierba crecida al borde de un campo de golf. Es un escondite a plena luz del día, a pocos metros de la gente.

Lo tercero es un menú. Al analizar sus excrementos, los investigadores encontraron sobre todo presas silvestres y fruta. Según la información general del proyecto, los roedores aparecen en el 42 % de las muestras, la fruta en el 23 %, el ciervo en el 22 % y el conejo en el 18 %. El ciervo no es un bocado ocasional: el estudio de Morey, Gese y Gehrt (2007) sitúa al venado de cola blanca entre los alimentos dominantes. El mismo estudio halló que la basura y las mascotas son una parte mínima de su dieta.

Parejas que duran años

Los collares revelaron algo más. Hennessy, Dubach y Gehrt usaron radiotelemetría y análisis genéticos de coyotes capturados entre 2000 y 2006. Comprobaron que forman parejas que defienden el mismo territorio durante años, y las pruebas genéticas no encontraron infidelidades. Su estudio de 2012 en el Journal of Mammalogy puede leerse completo. La Universidad Estatal de Ohio lo resumió en un comunicado difundido por ScienceDaily con una cifra rotunda: 100 % de monogamia.

La ciudad, además, les da algo que el campo les niega. Según Audubon, la supervivencia de los adultos es parecida en el condado de Cook y en el Illinois rural. La diferencia está en las crías y los jóvenes. En el campo, donde se los caza, sobrevive alrededor del 13 %; en el condado de Cook, la proporción es unas cinco veces mayor. Aquí su mayor peligro son los autos, según el proyecto.

Más de 25 años después

En 2011, Gehrt, Brown y Anchor le pusieron nombre a la gran pregunta en un artículo de la revista Cities and the Environment: ¿es el coyote urbano un «sinántropo misantrópico»? Es decir, un animal que vive junto a las personas, pero las evita.

¿Y en qué terminó aquel estudio que iba a ser breve? En que no terminó. Más de 25 años después, el proyecto sigue activo, y sus datos completos están en los estudios que aparecen en las referencias. En 2026, una nota de DPA recogió las voces de Gehrt y de Seth Magle, del Lincoln Park Zoo. Su título lo dice todo: los coyotes prosperan en silencio en Chicago, y los expertos piden no entrar en pánico. El hallazgo todavía asombra: se puede compartir una ciudad con un animal salvaje sin cruzarse nunca con él.

Cuando la ciudad se apaga, miles de coyotes empiezan su noche a pocas cuadras de nosotros. El primo silvestre de tu perro no vino a quitarnos nada: aprendió a volverse invisible para protegerse de nosotros.

¿Alguna vez viste un coyote, un zorro u otro animal salvaje en tu ciudad? ¿Cómo reaccionó tu perro?


Foto del coyote: USFWS Mountain-Prairie / Wikimedia Commons, dominio público. Las demás imágenes fueron generadas con IA para ilustrar el contenido.

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