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Historias emotivas

La gran danés que en 1941 apagó una bomba incendiaria en su propia casa, sin agua ni manguera

En abril de 1941, en plena guerra, una bomba incendiaria cayó en la casa de los Britton. La casa siguió en pie, y lo que hizo su gran danés, Juliana, le valió la primera de sus dos medallas al valor.

La gran danés que en 1941 apagó una bomba incendiaria en su propia casa, sin agua ni manguera

Juliana, una gran danés, tuvo que vérselas en abril de 1941, dentro de su propia casa, con una bomba de magnesio del peso de un paquete de azúcar, hecha para encenderse con el golpe y prender todo lo que tuviera cerca. Si ese fuego agarraba, los Britton, su familia, perdían la casa, y Juliana quedaba en medio de las llamas.

El fuego no agarró. Lo que hizo Juliana para impedirlo le valió una medalla al valor y, setenta y dos años después, seguía siendo lo primero que había que saber de ella para entender cuánto valían un retrato suyo y una de sus medallas.

Dibujo técnico de la bomba incendiaria alemana B1
Dibujo técnico de la bomba incendiaria alemana B1, el tipo que se usó en los bombardeos alemanes sobre Gran Bretaña. Ilustración: Ejército de EE. UU. (ORDATA) / Wikimedia Commons, dominio público.

Un kilo de magnesio contra la casa

Para esa primavera, Gran Bretaña llevaba meses bajo los bombardeos alemanes. Y no todo lo que caía del cielo estaba hecho para derrumbar edificios. Muchas bombas eran como la que conocería Juliana: pequeñas, de un kilo, pensadas para encenderse apenas chocaban.

Una sola no tumbaba una casa: le bastaba con prenderla. El peligro estaba en cuántas caían. En las peores noches, sobre Londres podían llover hasta cien mil. Era como esparcir cien mil fósforos encendidos sobre una ciudad y esperar a que alguno encontrara una cortina, una viga o un colchón.

Pintura de un barrio residencial con casas en llamas en plena noche
Un barrio residencial en llamas, de noche, durante los bombardeos. Pintura: Henry Carr / Wikimedia Commons, dominio público.

En abril de 1941, una de esas bombas se estrelló contra la casa de W. T. Britton y su familia. Hizo lo único para lo que la habían fabricado: empezó a arder. Y ahí, en la misma casa que ese fuego quería tragarse, estaba Juliana.

Una medalla con palabras serias

Cuando pasó el peligro, la casa de los Britton seguía en pie. La bomba ya no ardía, y la que había acabado con ella era la gran danés de la casa.

Entonces la Blue Cross, la organización británica que cuida animales, le dio a Juliana su medalla al valor. El motivo cabía en una línea, con la seriedad de un parte de guerra: había apagado una bomba incendiaria.

Fachada de ladrillo de una tienda benéfica de la Blue Cross
Una tienda benéfica de la Blue Cross, la organización que premió a Juliana, en Haslemere, Inglaterra. Foto: Simon Burchell / Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0.

Dicho así, suena a trabajo de bombero, de casco y manguera. Juliana no tenía ni lo uno ni lo otro. Lo que había pasado de verdad dentro de esa casa era bastante menos solemne.

Juliana siguió siendo la perra de los Britton. Pero el fuego todavía no había terminado con la familia.

Humo en la zapatería

Los Britton tenían una zapatería. En noviembre de 1944, la tienda se incendió con gente adentro.

Juliana dio el aviso. Gracias a ella, los que estaban en la tienda supieron que el fuego había empezado.

Gran danés leonado de cuerpo entero, de pie y con correa
Un gran danés leonado, la raza de Juliana, de pie en una exposición canina en Katowice, Polonia. Foto: Lilly M / Wikimedia Commons, CC BY-SA 2.5.

Por eso recibió su segunda medalla de la Blue Cross. Con ella se volvió el animal con más medallas Blue Cross de las que hay registro: dos, una por cada vez que el fuego llegó hasta su familia.

El lote 481

En 2013, sesenta y nueve años después de esa segunda medalla, alguien vació una casa en Bristol. Entre lo que salió de ahí aparecieron dos recuerdos de Juliana: la medalla de la zapatería y un retrato suyo pintado en acuarela.

Los dos terminaron en Wotton Auction Rooms, una casa de subastas de Wotton-under-Edge, en el condado de Gloucestershire, que los ofreció juntos como el lote 481. La ficha repasaba sus dos medallas en unas pocas líneas.

Medalla redonda de bronce con argolla, borde de perlas y una placa en forma de pergamino grabada al centro
Medalla de bronce con argolla y un pergamino grabado al centro. De las dos que ganó Juliana, la que llegó a subasta en 2013 fue la de la zapatería.

Según se publicó en esos días, la casa de subastas calculaba sacar por ellos unas 60 libras. Las ofertas siguieron subiendo. Al final, la medalla y el retrato se vendieron por 1.100 libras, más de dieciocho veces lo calculado, a un comprador que no dio su nombre.

Para explicarlo, cuentan que al subastador le bastó una frase: era «una gran danés con una gran vejiga».

La medalla del lote era la de la zapatería. Pero la frase hablaba de la otra, la de abril de 1941.

Y es que aquella bomba no la apagó ninguna manguera. Según la Blue Cross, cuando cayó, Juliana no se alejó ni buscó dónde esconderse. Se plantó encima de ese kilo de magnesio encendido y orinó sobre él hasta que dejó de arder.

La bomba que cayó en la casa de los Britton pesaba lo que un paquete de azúcar y venía hecha para prenderlo todo. No contaba con la perra de la familia. La historia de Juliana se cuenta entre sonrisas, y lo que hizo no tuvo nada de chiste: en una guerra que prendió fuego a tantas casas de Gran Bretaña, hubo una donde el fuego no pudo quedarse, porque una gran danés no lo dejó.

Ilustración de la bomba B1 (Ejército de EE. UU., ORDATA, dominio público), pintura del barrio en llamas (Henry Carr, dominio público) y fotos de la tienda de la Blue Cross (Simon Burchell, CC BY-SA 4.0) y del gran danés (Lilly M, CC BY-SA 2.5), todas vía Wikimedia Commons. Las demás imágenes fueron generadas con IA para ilustrar el contenido.

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