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Historias emotivas

En el tsunami de 2004, una madre tenía brazos para dos hijos; al tercero lo siguió un perro con nombre de hombre

La mañana del tsunami de 2004, en la costa de la India, Sangeeta solo pudo cargar a dos de sus tres hijos. El mayor, de siete años, se fue a la choza de la familia, y detrás de él se metió Selvakumar, el perro que llevaba el nombre del tío de los niños.

En el tsunami de 2004, una madre tenía brazos para dos hijos; al tercero lo siguió un perro con nombre de hombre

Selvakumar era un perro con nombre de hombre, y la mañana del 26 de diciembre de 2004 la vida de un niño de siete años le quedó entre los dientes. Fue en la costa al norte de Pondicherry, en la India, mientras llegaba el tsunami. La choza de la familia estaba a unos 37 metros del agua: ni media cuadra.

Para sacar de ahí al niño, el perro tenía que meterse él también, tan cerca del mar como él. Y el nombre que llevaba tenía su propia historia en esa familia.

Paseo marítimo de Pondicherry de noche, con el mar a un lado y una hilera de faroles encendidos
El paseo marítimo de Pondicherry, en la India, de noche, con el mar a un lado y los faroles encendidos. Foto: Sandip Dey / Wikimedia Commons, CC BY 3.0.

Brazos para dos

Sangeeta tenía 24 años y tres hijos cuando el mar entró en la costa. Le alcanzaron los brazos para dos: agarró a los más pequeños y corrió hacia un cerro.

A Dinakaran, el mayor, no lo cargó. Tenía siete años, y ella pensó que podía seguirla corriendo por su cuenta.

Pero el niño no tomó el camino del cerro. Se fue al lugar más seguro que conocía: la pequeña choza de la familia, la de paredes de concreto.

Desde la casa ni siquiera se veía el mar. Entre la choza y la orilla se levantaba un centro comunitario de dos pisos que lo tapaba como una cortina, así que adentro Dinakaran no tenía cómo ver lo que se acercaba.

Arriba faltaba uno

En lo alto del cerro, Sangeeta contó a sus hijos. Le salían dos.

Había puesto a salvo a los más pequeños, y el mayor, el que iba a correr solo, no estaba. Abajo quedaba la costa, y en algún lugar de ella, con el mar llegando, estaba Dinakaran. Sangeeta empezó a llorarlo como a un hijo muerto.

Mujer joven con sari en lo alto de un cerro, con un niño pequeño en la cadera y otro de la mano, mirando hacia una hilera de chozas junto al mar
Con un niño en la cadera y otro de la mano, una madre busca con la mirada desde lo alto de un cerro: los brazos solo le alcanzan para dos.

Lo que no sabía era que el niño no estaba solo. Mientras ella subía con los otros dos, Selvakumar, el perro de la casa, se había ido detrás del que no la siguió y se había metido con él en la choza.

A mordisquitos y empujones

Adentro, Selvakumar agarró a Dinakaran del cuello de la camisa, por el mismo lugar por donde una perra toma a sus cachorros para cambiarlos de sitio, y tiró de él hacia la puerta.

«Ese perro me agarró del cuello de la camisa. Me arrastró afuera», contó después el niño. Atrás quedaron las paredes de concreto que él había elegido para ponerse a salvo.

Afuera, con el cerro todavía por delante, el perro siguió. No lo cargó hasta arriba: lo fue arreando a mordisquitos y empujones, como un perro pastor con la oveja que se queda atrás, cuesta arriba, hasta tenerlo a salvo.

Perro paria indio de pelo canela, de pie sobre la arena de una playa con piedras
Un perro paria indio, de pelo canela, sobre la arena de una playa con piedras. Foto: Vengolis / Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0.

Desde la cima, Sangeeta lo vio aparecer. El hijo al que ya lloraba venía subiendo la cuesta por su propio pie, con Selvakumar a su lado.

Esperando ayuda en la universidad

Después de esa mañana, la familia terminó en la Universidad de Pondicherry, esperando ayuda. Estaban los tres hijos, y Sangeeta tenía claro a quién le debía tener de vuelta al mayor.

«Ese perro es mi Dios», dijo.

Campus Silver Jubilee de la Universidad de Pondicherry al atardecer, con un arcoíris en el cielo
El campus Silver Jubilee de la Universidad de Pondicherry al atardecer, con un arcoíris. Foto: Dr. Chinchu C / Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0.

Y ese perro no había llegado a la casa por su cuenta. Lo había traído de cachorro el cuñado de Sangeeta, como regalo para la familia.

Tiempo después, ese hombre murió en un accidente, y por eso la familia le puso su nombre al perro: Selvakumar. Desde entonces, cada vez que alguien de la casa llamaba al perro, decía también el nombre del tío de los niños.

Una semana después del tsunami, el 2 de enero de 2005, en Chinnakalapet, una foto los muestra juntos: Sangeeta mira a Dinakaran, sentado, y a Selvakumar, el perro que le salvó la vida.

Aquel cuñado no estaba cuando el mar llegó a la costa. Estaba el cachorro que les había regalado, convertido en el perro de la casa, con su nombre a cuestas. Y en lo alto del cerro, cuando Sangeeta vio aparecer al mayor, sus hijos volvieron a ser tres, y junto a él había un perro que se llamaba Selvakumar.

Fotos del paseo marítimo de Pondicherry (Sandip Dey / Wikimedia Commons, CC BY 3.0), de un perro paria indio (Vengolis / Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0) y de la Universidad de Pondicherry (Dr. Chinchu C / Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0). Las demás imágenes fueron generadas con IA para ilustrar el contenido.

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