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Curiosidades

El carnívoro más amenazado de África deja la caza y hunde el hocico en las flores

En los montes Bale, donde quedan menos de 500 lobos etíopes, un equipo de investigadores vio a uno de estos cazadores de ratas topo hundir el hocico en una flor y lamer su néctar. Después fue a otra, y a otra más.

El carnívoro más amenazado de África deja la caza y hunde el hocico en las flores

El lobo etíope vive con la nariz pegada al suelo, atento a las ratas topo y a los otros roedores de los montes Bale, por encima de los 3.000 metros. Es el carnívoro más amenazado de África y quedan menos de 500 adultos, así que ninguno sobra. Por eso importa tanto lo que hacen algunos cuando levantan la cabeza y se acercan a las flores: puede que no se lleven de ellas solo un bocado dulce.

Primer plano de la cabeza de un lobo etíope frente a una roca con líquenes
Un lobo etíope, el carnívoro más amenazado de África, en primer plano frente a una roca con líquenes. Foto: Charles J. Sharp / Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0.

Detrás de las manadas, cada día

En los montes Bale hay gente cuyo trabajo es no perder de vista a estos lobos. Los equipos del Programa de Conservación del Lobo Etíope salen a seguirlos cada día y conocen sus manadas una por una.

Y es que, cuando quedan tan pocos, saber dónde anda cada manada es una forma de cuidarla.

Lo que veían, salida tras salida, era a un cazador. Ratas topo y otros roedores. Su dieta era carne, y solo carne.

Un lobo etíope de cuerpo entero camina entre arbustos plateados en un altiplano
Un lobo etíope camina entre los arbustos plateados del altiplano de Sanetti, en los montes Bale. Foto: Richard Mortel / Wikimedia Commons, CC BY 2.0.

Un lobo frente a una antorcha

Pero un día, en los montes Bale, la investigadora Sandra Lai y sus compañeros vieron a uno de esos cazadores detenerse ante una flor.

Era una Kniphofia foliosa, una espiga de las tierras altas de Etiopía que se enciende en rojo y amarillo, como una antorcha. Estaba llena de néctar.

Espiga de Kniphofia foliosa en flor, en tonos amarillos y anaranjados
Una espiga de Kniphofia foliosa en flor, entre amarillo y anaranjado, en el Parque Nacional de los Montes Bale. Foto: Ypirétis / Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0.

El lobo arrimó la nariz a las flores y empezó a lamer. Un cazador de ratas topo, con la lengua metida en una flor.

Un lobo etíope de pelaje rojizo lame el néctar de una espiga de flores rojas y amarillas en un páramo de alta montaña
Un lobo etíope lame el néctar de una antorcha: hasta entonces, nadie había visto a un gran carnívoro alimentarse así.

Una sola vez podía ser curiosidad, la de un animal que prueba lo que tiene enfrente y sigue su camino. Pero este lobo no siguió su camino.

Treinta antorchas en una sola salida

Cuando terminó con esa espiga, pasó a otra. Y después a otra más.

Un mismo lobo llegó a visitar hasta 30 antorchas en una sola salida, una tras otra, como quien recorre una mesa de postres de punta a punta. El carnívoro más escaso de África resultó ser goloso.

Varias espigas amarillas de Kniphofia en flor sobre una ladera verde de alta montaña
Varias antorchas de Kniphofia en flor sobre una ladera del altiplano de Sanetti, en los montes Bale. Foto: Rod Waddington / Wikimedia Commons, CC BY-SA 2.0.

Y Lai y sus compañeros pudieron comprobar que no era el capricho de un lobo raro: lo hacían lobos de varias manadas.

En el valle Web, dentro de los montes Bale, había campos de flores con varios lobos a la vez. Junto a los adultos llegaron también algunos jóvenes.

Adrien Lesaffre, del equipo, fotografió a una hembra adulta y a una hembra joven lamiendo néctar juntas, como dos comensales en la misma mesa. Y también fotografió de cerca el hocico de uno de esos lobos.

Con polen en la punta del hocico

En esa foto, la punta del hocico está cubierta de polen. Así salían los lobos de cada antorcha cuando levantaban la cabeza.

Y con ese polen encima, cada uno seguía hacia la antorcha siguiente y volvía a hundir la nariz entre sus flores.

Nunca se había visto a un gran carnívoro beber néctar, y menos uno que saliera de las flores empolvado de polen.

El hocico del lobo hace de brocha: se empolva en una antorcha y, al hundirse en la siguiente, puede dejar ahí parte de lo que trae.

En 2024, Lai y sus compañeros publicaron lo que habían visto en un estudio cuyo título empieza con una pregunta: ¿pueden los cánidos, la familia de los lobos, ser polinizadores? La respuesta que dieron fue prudente.

Es posible que estos lobos estén ayudando a polinizar la Kniphofia foliosa. Si es así, serían el primer gran carnívoro conocido en hacerlo.

Hoy los equipos siguen saliendo cada día detrás de las manadas, que todavía suman menos de 500 adultos. Y cuando uno de esos lobos deja la caza y se acerca a una antorcha, puede que no esté perdiendo el tiempo.

Allá arriba, el lobo etíope sigue viviendo con la nariz pegada al suelo, detrás de las ratas topo. Pero cuando florecen las antorchas, levanta la cabeza, la hunde entre las flores y sale con el hocico empolvado rumbo a la siguiente. Quizá ese cazador, uno de los pocos que quedan, esté ayudando a que su montaña se siga encendiendo en rojo y amarillo.

Fotos de lobos etíopes (Charles J. Sharp / Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0; Richard Mortel / Wikimedia Commons, CC BY 2.0) y de flores de Kniphofia (Ypirétis / Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0; Rod Waddington / Wikimedia Commons, CC BY-SA 2.0). Las demás imágenes fueron generadas con IA para ilustrar el contenido.

Referencias (7)

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