Saltar al contenido

Historias emotivas

El Viejo Gris, el lobo forastero que cambió la sangre de una isla de parientes

En 1997, un lobo forastero llegó a Isle Royale, donde los de su especie llevaban casi medio siglo emparentándose entre sí. Lo que había hecho solo se supo años después, por su ADN.

El Viejo Gris, el lobo forastero que cambió la sangre de una isla de parientes

Invierno de 1997. Entre la costa de Ontario, en Canadá, e Isle Royale, la isla de Michigan en el lago Superior, el agua se ha vuelto una llanura blanca. Casi nunca ocurre: según el Wolf-Moose Project de la Universidad Tecnológica de Michigan, ese fue uno de apenas dos años, en un lapso de quince, en que un puente de hielo unió la isla con tierra firme durante varias semanas.

En algún punto de esa planicie, muy probablemente, un lobo macho avanza solo hacia la isla. Nadie lo ve. Del otro lado viven lobos que se están apagando: llevan casi medio siglo emparentándose entre sí y, hasta donde se sabe, nunca les ha llegado nadie de afuera.

Una isla de parientes

Según el estudio genómico de J. A. Robinson y colegas (2019), en Science Advances, la isla la colonizaron «dos o tres» lobos de tierra firme que cruzaron el lago congelado en los años cuarenta. El Wolf-Moose Project sitúa esa llegada a fines de la década. Todos los demás descendían de ellos, y cada generación nacía de parientes más cercanos.

Los genetistas lo miden con el coeficiente de endogamia, que va de 0 a 1: cuanto más alto, más emparentados están los padres de cada animal. En Isle Royale, antes de 1997, llegaba a 0,81, según el mismo proyecto.

Ese proyecto es el estudio de lobos y alces de Isle Royale. Empezó en 1958 con Durward Allen y hoy lo lleva la Universidad Tecnológica de Michigan. En 2016, según Michigan Tech, cumplía su 58.º año.

Biólogo de campo con ropa de invierno de los años noventa en una isla nevada del lago Superior
Un biólogo de campo en pleno invierno: el seguimiento de lobos y alces de Isle Royale suma décadas de observaciones.

Primero fue un rastro

Lo primero que se registró del recién llegado no fue su silueta, sino un rastro. Según la ficha que el Wolf-Moose Project dedica al lobo número 93, su primer registro fueron sus heces, recogidas en 1997. Al año siguiente ya era el macho alfa de la Middle Pack, y lo fue durante ocho años, hasta 2006. En 1999, con él al frente, la manada llegó a diez lobos.

Manada de lobos que avanza en fila por la orilla nevada y congelada de una isla boscosa
Una manada avanza en fila por la costa congelada de una isla del lago Superior. El lobo 93 encabezó un grupo así durante ocho años.

Los investigadores lo apodaron «the Old Gray Guy», el Viejo Gris, y con los años su pelaje se fue aclarando hasta quedar casi blanco. Le pusieron el apodo sin saber de dónde venía. Tuvo 34 crías y 22 nietos. Murió en 2006, cinco años antes de que se publicara lo que había hecho.

Lo que guardaban las heces

¿Cómo se supo? Durante doce años, los investigadores recogieron de forma sistemática heces de los lobos de la isla y extrajeron su ADN, según la nota de prensa de Michigan Tech publicada en ScienceDaily y Phys.org. El trabajo, de Michigan Tech y la Universidad Estatal de Arizona, apareció en 2011 en Proceedings of the Royal Society B, firmado por Adams, Vucetich, Hedrick, Peterson y Vucetich.

Mano con guante de un investigador que recoge una muestra de excremento de lobo
De muestras como esta, reunidas durante doce años, salió el ADN que reveló el origen del lobo 93.

La sorpresa estaba en el origen. Hasta entonces, explicó Vucetich en esa nota, la población se consideraba completamente aislada. El ADN decía otra cosa: el lobo 93 era un inmigrante. Según el Servicio de Parques Nacionales de Estados Unidos (NPS), llegó desde la parte cercana de Ontario, probablemente por el puente de hielo de 1997. Isle Royale está a unos 24 km (15 millas) de esa costa, según una página de geografía de la Universidad Estatal de Michigan. Esa es la distancia mínima; el recorrido real del lobo nadie lo midió.

Después llegaron los números. En apenas cuatro años desde su llegada, lo que dura una generación de lobo, el coeficiente de endogamia bajó de 0,81 a 0,09. Y para 2009, el 56 % de los genes de todos los lobos de Isle Royale venía de él. Esas cifras y su historia reproductiva completa están en la ficha del Viejo Gris.

Ningún otro llegó para quedarse

Pero ese éxito tenía otra cara: sus descendientes volvieron a emparentarse entre sí. Según el Wolf-Moose Project, la endogamia volvió a subir rápido, más o menos desde 2003. P. W. Hedrick y colegas (2014), en Conservation Genetics, explican que el beneficio de aquel rescate genético se diluyó en dos o tres generaciones por la vuelta de la endogamia.

Para cortar el ciclo hacía falta otro forastero, y ninguno llegó para quedarse. Cruces sí hubo: según Michigan Public (2015), en 2014 una loba dejó la isla por el hielo y apareció muerta en Minnesota, y en febrero de 2015 dos lobos de tierra firme pasaron seis días en Isle Royale y se fueron. Ese año quedaban tres, la cifra más baja en los 57 años del estudio.

En 2016, según Michigan Tech, solo quedaban dos. Eran medio hermanos y, a la vez, padre e hija.

Diecinueve lobos que no cruzaron el hielo

El relevo llegó de otra manera. Entre el otoño de 2018 y el otoño de 2019, el NPS trasladó 19 lobos a la isla: 4 de Grand Portage, en Minnesota; 11 de Ontario, incluida la isla Michipicoten, y 4 de la península superior de Michigan. Esta vez nadie dependió del hielo. El NPS explica sus razones en una página que repasa también la llegada del lobo 93.

Lo que pasó después con esos diecinueve lobos queda fuera de lo que cuentan las fuentes de este artículo.

Un solo lobo, que muy probablemente cruzó el hielo sin que nadie lo viera, le devolvió años de vida a una isla entera. No alcanzó para salvarla: para que esa vida siguiera, hicieron falta otros que también cruzaran.

¿Qué crees que lleva a un lobo a aventurarse solo, kilómetros sobre el hielo, hacia un territorio desconocido?


Algunas imágenes de este artículo fueron generadas con IA para ilustrar el contenido; no son fotografías de los hechos ni de los animales reales.

Referencias

Sigue leyendo

  1. Patsy Ann, la perra sorda que sabía a qué muelle de Juneau llegaría cada barco
  2. Un perro herido, solo en medio de un parque: ¿quién iba a verlo?
  3. Dejaron a Remy enferma de sarna en una iglesia sin saber lo que llevaba consigo
  4. Una persona hirió a Slava en el cuello y esperaba que muriera
  5. Frida, la labradora con botas que México despidió dos veces

Conversación

Únete a la conversación

Los comentarios y el formulario se cargan solo cuando abras esta sección.

Mira más historias

Ver la lista completa