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Historias Emotivas

Pompeya avisaba «cuidado con el perro», pero cuando cayó la ceniza nadie soltó a un guardián encadenado

En 1874, en la entrada de una casa de Pompeya, apareció en la ceniza el hueco de un perro guardián con su collar para la cadena. Su historia, y la del aviso «cuidado con el perro», cambia cuando se mira dentro del yeso.

Pompeya avisaba «cuidado con el perro», pero cuando cayó la ceniza nadie soltó a un guardián encadenado

Es el 20 de noviembre de 1874. En la entrada de una casa de Pompeya, unos excavadores encuentran un hueco en la ceniza endurecida. Tiene forma de perro.

La huella es tan fiel que se ve hasta el collar, con dos aros de bronce para la cadena. Los excavadores saben qué hacer, porque en Pompeya un vacío así no es un simple agujero. Es un molde.

Yeso para llenar un vacío

Cuando la ceniza sepultó la ciudad en el año 79, los cuerpos quedaron encerrados en el material volcánico. Con el tiempo se deshicieron dentro y dejaron moldes huecos con los huesos en su interior. En 1863, Giuseppe Fiorelli ideó rellenarlos con yeso para recuperar la última postura de cada víctima. Lo recuerda el Ministerio de Cultura de Italia en una nota de 2020 que anunciaba nuevos hallazgos gracias a esa «antigua técnica». La figura que sale de ese molde se llama calco.

Con ese método se hizo en 1874 el calco del perro, según el archivo en línea Pompeii in Pictures y el estudio de Lazer y colegas (2020). La Guida di Pompei illustrata de F. Morlicchio (1901), que puedes leer transcrita en Wikisource, anota la fecha del hallazgo y el collar. También sitúa al perro en la Casa de Orfeo, que se conoce además como Casa de Vesonio Primo (VI 14, 20).

Atado al umbral mientras caían las piedras

En el año 79, aquel perro vigilaba la puerta. Fiorelli escribió en 1877 que estaba atado al umbral de la casa que custodiaba, según la cita que reproduce Pompeii in Pictures. En la ficha de esa casa, el mismo archivo documenta el collar de cuero con dos aros de bronce para la cadena. El cuero se deshizo, pero su huella y los aros quedaron en la ceniza.

Lo que ocurrió después lo cuenta un informe de Ruggiero de 1879, que también se cita allí. Según ese texto del siglo XIX, por la abertura del techo caían piedrecillas volcánicas que se amontonaban en la entrada. El perro trepó encima, se retorció panza arriba y tiró del cuello para soltarse.

Nadie le quitó la cadena.

La casa se asocia al nombre de Marco Vesonio Primo, que se conoce por inscripciones. Las fuentes sobre el hallazgo no aclaran si él escapó o murió. Del perro, en cambio, se sabe dónde estaba al final: en su puesto.

Cave canem: el perro al que había que temer

Y eso que, en Pompeya, el temido era el perro. En otra casa de la ciudad, la del Poeta Trágico (VI 8, 5), el suelo de la entrada todavía avisa en mosaico. Muestra un perro encadenado y dos palabras en latín, CAVE CANEM, «cuidado con el perro». Según la ficha del Parque Arqueológico de Pompeya, el mosaico está en la entrada principal, protegido con un vidrio. En 2015, la Soprintendenza Speciale per Pompei, Ercolano e Stabia anunció que el mosaico había recuperado su esplendor tras una restauración.

Esa casa se excavó en 1824-1825, medio siglo antes del hallazgo del perro guardián. Una fotografía coloreada a mano de hacia 1865-1875, que conserva el Rijksmuseum de Ámsterdam, ya mostraba el aviso.

Fotografía del siglo XIX coloreada a mano de un mosaico de Pompeya con un perro encadenado y la inscripción CAVE CANEM
Un perro encadenado y la inscripción CAVE CANEM en el mosaico de la entrada de la Casa del Poeta Trágico, en una copia a la albúmina coloreada a mano. Foto: fotógrafo anónimo, c. 1865-1875 / Rijksmuseum, Ámsterdam, dominio público.

En el Satiricón, una novela de la Roma de Nerón, el mismo aviso es un chiste. La obra se atribuye a Petronio, un cortesano de ese emperador que murió en el año 66, según la Encyclopaedia Britannica. En el capítulo XXIX, el narrador ve en una pared la pintura de un perro enorme, «catena vinctus» (atado con cadena), y encima el letrero CAVE CANEM. Del susto, casi se rompe las piernas al irse de espaldas. Sus compañeros se ríen.

Un calco sin un solo hueso

Lo más asombroso llegó en 2015. Ese año, el Pompeii Cast Project, de E. Lazer y K. Welch (Universidad de Sídney), escaneó por dentro varias de esas figuras de yeso. Según el resumen del artículo de Lazer y colegas (2020) en Papers of the British School at Rome, se examinaron 26 calcos con tomografía computarizada o rayos X. A muchos les faltaban huesos, porque a menudo se retiraban antes de verter el yeso.

El del perro no tenía ninguno. La página del proyecto lo dice sin rodeos: el calco del perro no contenía «ningún elemento esquelético». Según el estudio que cita Pompeii in Pictures, dentro solo había yeso, varillas metálicas de refuerzo y los dos aros de bronce del collar. Todo indica que sus huesos se retiraron antes de rellenar el hueco.

Grabado al estilo de un periódico ilustrado del siglo XIX: un capataz de excavación con chaleco, camisa arremangada y sombrero de fieltro vierte yeso líquido blanco, arrodillado en el umbral de piedra de una casa romana en ruinas
Así se aplicaba el método de Fiorelli: se vertía yeso líquido en el hueco que había dejado un cuerpo. Se recuperaba la última postura, pero desde fuera no se veía qué se había sacado antes del molde.

La otra mitad del aviso

Lo que miramos, entonces, no es su cuerpo. Es el hueco que dejó: el yeso ocupó el espacio exacto de su última postura, con la marca del collar alrededor del cuello.

Grabado al estilo de un periódico ilustrado del siglo XIX: una placa rota de ceniza volcánica endurecida en el suelo de una excavación, con un surco curvo y liso marcado en la superficie
Una huella curva en la ceniza endurecida. Lo blando desaparece y solo queda su forma: del collar del perro guardián sobrevivieron la marca del cuero y los dos aros de bronce.

Pompeya escribió en el suelo que había que cuidarse del perro. Este perro cuenta la otra mitad: el que necesitaba cuidado era él. De él no quedaron los huesos, sino la forma de un guardián que no pudo irse.

Hace casi 2.000 años, el perro guardián vivía atado a la puerta. ¿Crees que hoy los tratamos mejor, o todavía hay demasiados perros pasando la vida en una cadena?


Foto del mosaico CAVE CANEM: fotógrafo anónimo, c. 1865-1875 / Rijksmuseum, Ámsterdam, dominio público. Las demás imágenes fueron generadas con IA para ilustrar el contenido.

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