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Historias emotivas

Abuwtiyuw, el perro guardián que un faraón mandó enterrar como a un noble

En 1935, en el pozo de una tumba junto a la Gran Pirámide, apareció un bloque de caliza con una orden real: dar a un perro guardián un funeral digno de un noble. Lo más asombroso está en lo que la piedra no dice.

Abuwtiyuw, el perro guardián que un faraón mandó enterrar como a un noble

Octubre de 1935. En el Cementerio Oeste de Guiza, a la sombra de la Gran Pirámide, los excavadores de una expedición arqueológica bajan por el pozo de una tumba hasta su cámara funeraria. Las paredes están revestidas con bloques de piedra, uno junto a otro. Uno de ellos no se parece a los demás: lleva una inscripción en jeroglíficos.

Nadie talla una piedra escrita para tapar una pared. Alguien la grabó para que fuera leída. Y alguien, tiempo después, la trató como un bloque más.

«Abuwtiyuw es su nombre»

La expedición era la de la Universidad de Harvard y el Museo de Bellas Artes de Boston. La dirigía George Andrew Reisner (1867-1942), egiptólogo estadounidense. Estaban excavando la mastaba G 2188. Los diarios de excavación que conserva Digital Giza, un proyecto de la Universidad de Harvard, registran ese trabajo del 10 de octubre al 11 de noviembre de 1935. La ficha del bloque tiene fecha del 17 de octubre.

Reisner empezó a leer. Según su traducción, el texto empieza así: «El perro que era el guardián de Su Majestad. Abuwtiyuw es su nombre».

Era un perro. Y un rey de Egipto se había ocupado de su entierro. En el registro de Digital Giza, el nombre aparece escrito como Abutiu.

Reisner publicó la traducción en diciembre de 1936 en el Bulletin of the Museum of Fine Arts, Boston. El título ya dejaba ver lo raro del caso: «The Dog Which was Honored by the King of Upper and Lower Egypt», es decir, «El perro que fue honrado por el rey del Alto y el Bajo Egipto» (ficha en Digital Giza). Puedes leer el escaneo del artículo original. También está disponible el de la versión que publicó en mayo de 1938 en The American Kennel Gazette, con el título «Ancient King Gives Dog A Royal Burial».

Imagen en blanco y negro con aspecto de foto de prensa antigua: un arqueólogo mayor, con ropa de campo arrugada y sombrero, sentado sobre una piedra junto al pozo de una tumba, copia a lápiz en una libreta los signos de un bloque de caliza; detrás trabajan obreros egipcios con cestas de fibra de palma.
Un arqueólogo copia a lápiz los signos de un bloque junto al pozo de una tumba. En una excavación, la lectura de una piedra empieza en la libreta de campo.

Un funeral de noble para un perro guardián

La inscripción está tallada en un bloque de piedra caliza que mide 55 × 28,5 × 23 centímetros, según Digital Giza. Tiene el largo de una maleta de cabina.

En ese espacio cabe una orden completa. J. H. Wegner, curadora de la Sección Egipcia del Penn Museum, cita la traducción entera de Reisner en un artículo del Glencairn Museum (2023). También la reproduce J. MacDonald en JSTOR Daily (2015). El texto cuenta lo que Su Majestad ordenó para el perro: un entierro, un ataúd del tesoro real, lino fino en gran cantidad e incienso. El rey añadió ungüento perfumado y mandó que cuadrillas de canteros le construyeran una tumba.

MacDonald se basa en el artículo de Reisner de 1936 y explica que ese trato equivalía al de una persona rica o importante. Era un funeral digno de un noble. Para un perro guardián.

Lo excepcional no es que tuviera nombre. Hay perros con nombre más antiguos. En Abidos, al menos cinco perros de caza de los reyes de la Dinastía I, hacia el año 3000 a. C., fueron enterrados con estelas que llevaban su nombre, según D. O’Connor en Expedition, la revista del Penn Museum (1987). Wegner, por su parte, señala que se conocen más de 70 nombres de perros del antiguo Egipto. Lo que distingue a Abuwtiyuw es quién se ocupó de su funeral y con cuánto cuidado lo hizo.

Honrado, pero ¿ante quién?

La inscripción termina explicando el porqué: todo aquello se hizo para que el perro fuera honrado. Al traducirla, Reisner agregó por su cuenta ante quién. En su versión se lee «ante el gran dios Anubis», pero entre paréntesis. Así marcaba él las palabras que añadía y que no están en la piedra.

No era un dios cualquiera. Según Wegner, Anubis tenía forma de chacal negro y era el guardián y protector de la necrópolis y de los muertos. Además, vigilaba la balanza en el juicio final.

Si Reisner acertó, un guardián fue honrado ante el guardián de los muertos.

Un homenaje convertido en material de construcción

Sin embargo, ese homenaje casi desaparece. Tiempo después, alguien sacó el bloque de su lugar y lo usó para construir. Según su ficha en Digital Giza, apareció reutilizado en el revestimiento de la cámara funeraria del pozo G 2188 Y. Era justo el pozo que estaba excavando la expedición de Reisner.

Esa reutilización ayuda a fecharlo. Digital Giza, que se basa en la bibliografía de Porter y Moss, asigna la mastaba G 2188 a la Dinastía VI. The Metropolitan Museum of Art sitúa esa dinastía hacia 2323-2150 a. C., al final del Imperio Antiguo. Si el bloque terminó en una tumba de esa época, el perro vivió antes o durante esa dinastía, hace más de 4.000 años.

Hoy la pieza está en el Museo Egipcio de El Cairo, con el registro JE 67573. Las fotografías que la expedición le tomó en 1935 se pueden ver en su ficha de Digital Giza. Es lo único que se conoce de Abuwtiyuw: en el registro del proyecto, es el único objeto asociado a su nombre.

Imagen en blanco y negro con aspecto de foto de prensa antigua: dentro de un pozo estrecho excavado en la roca, un bloque blanco de piedra caliza con columnas de signos tallados aparece encajado entre piedras sin labrar en la pared de una cámara funeraria, junto a una regla de medir de madera.
Un bloque tallado entre piedras sin labrar, como el que apareció en la cámara del pozo G 2188 Y. Se hizo para un homenaje y terminó como material de construcción.

Lo que la piedra no dice

Pero lo más asombroso está en lo que falta. En toda la inscripción, el rey es solo «Su Majestad». Su nombre no aparece en la traducción completa que publican el Glencairn Museum y JSTOR Daily. El propio Reisner, en el título de su artículo, lo llamó apenas «el rey del Alto y el Bajo Egipto». Y Digital Giza no asocia la pieza a ningún rey.

El nombre que sí quedó grabado es el del perro.

No sabemos qué faraón fue. La piedra no guarda su nombre, ni su rostro, ni una sola de sus obras. Solo dice que honró al perro que lo cuidaba.

De aquel rey no quedó el nombre, solo lo que hizo: honrar al guardián que velaba por él. Tal vez no exista mejor manera de ser recordado.

Si pudieras grabar en piedra una sola frase sobre tu perro para que alguien la leyera dentro de 4.000 años, ¿qué dirías?


Algunas imágenes de este artículo fueron generadas con IA para ilustrar el contenido; no son fotografías de los hechos ni de los animales reales.

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