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Historias emotivas

El cachorro que sobrevivió a las bombas de Darwin y empezó a temblar con el cielo en silencio

En 1942, unos aviadores sacaron a un cachorro kelpie de debajo del comedor en ruinas de una base aérea en Darwin. Una semana después, ese cachorro empezó a temblar con el cielo todavía en silencio.

El cachorro que sobrevivió a las bombas de Darwin y empezó a temblar con el cielo en silencio

Gunner se ponía a temblar con el cielo todavía en silencio. Sobre la base aérea de Darwin no se oía ningún motor, y ese cachorro kelpie, que había sobrevivido a un bombardeo, ya saltaba y se agitaba como si algo se acercara.

Lo que se acercaba era lo mismo que le había roto una pata. Y cuando los aviadores entendieron qué estaba oyendo, les tocó decidir si una base en guerra podía confiarle su alarma a un perro.

Explosión del buque MV Neptuna y columnas de humo negro sobre el puerto de Darwin
La explosión del buque MV Neptuna y columnas de humo negro en el puerto de Darwin durante el primer bombardeo japonés, el 19 de febrero de 1942. Foto: RAN Historical Collection / Wikimedia Commons, dominio público.

Debajo del comedor

El 19 de febrero de 1942, los aviones japoneses bombardearon Darwin por primera vez. Cuando pasó el ataque, unos aviadores de la Real Fuerza Aérea Australiana encontraron a un cachorro escondido debajo del comedor de la base, que había quedado en ruinas.

Era un kelpie. Las bombas le habían roto una pata.

Primer plano de un cachorro de kelpie color chocolate con ojos claros
Un cachorro de kelpie de color chocolate y ojos claros, la misma raza de Gunner. Foto: Stephanie Watson / Wikimedia Commons, CC BY-SA 2.0.

Los aviadores lo llevaron con el médico militar. Y ahí, según se contó años después, apareció un problema que nadie esperaba en medio de una guerra: el médico no atendía a ningún paciente sin nombre ni número de servicio.

El cachorro no traía ni lo uno ni lo otro. Así que los aviadores se los dieron: lo llamaron Gunner y le asignaron el número 0000. Nombre y número, como cualquier recluta, para un paciente de cuatro patas.

Con los papeles en regla, el médico le curó la pata.

Una semana después

El aviador de primera Percy Westcott, uno de los que lo habían rescatado, lo adoptó. Gunner se quedó a vivir en la base, con su pata recién curada y el hombre que lo había sacado de los escombros.

Una semana después, empezó a hacer algo que nadie supo explicar. De pronto temblaba. Saltaba, se agitaba, no encontraba lugar.

Cachorro kelpie de pelaje oscuro en una base aérea de los años cuarenta, con las orejas paradas y la mirada fija en el cielo
Un cachorro kelpie atento a un cielo todavía vacío sobre una base aérea. En Darwin, esa alerta llegaba antes que cualquier motor.

A su alrededor no pasaba nada: ningún ruido raro, ningún avión en el cielo. Pero al rato, sobre Darwin, aparecieron los bombarderos japoneses.

Pudo ser casualidad. Un cachorro que ya había quedado debajo de un edificio bombardeado tenía motivos de sobra para asustarse de cualquier cosa.

Veinte minutos antes

Pero volvió a pasar. Gunner se agitaba, y después llegaban los aviones. Se agitaba otra vez, y otra vez llegaban.

Los aviadores empezaron a fijarse en el tiempo. Entre el momento en que Gunner empezaba a saltar y el momento en que aparecían los bombarderos pasaban unos 20 minutos.

En una base que bombardean, veinte minutos son la diferencia entre llegar a la trinchera y que el ataque te encuentre afuera. Gunner los usaba: mucho antes de que sonaran las sirenas, ya había corrido a refugiarse.

Y quienes estaban cerca aprendieron a leerlo. Cuando el cachorro se agitaba, ellos corrían a las trincheras.

Mientras tanto, la base seguía llena de motores, y no todos eran del enemigo.

Los aviones de casa

En la base, los aviones australianos despegaban y aterrizaban. Si Gunner les tuviera miedo a todos los motores, habría vivido temblando.

Pero, según relatos posteriores, con esos aviones ni se inmutaba. Su rugido le pasaba por encima y él seguía tranquilo. Solo se agitaba con los otros, los que todavía nadie alcanzaba a ver.

Es como el perro de una casa que, entre todos los carros que pasan por la calle, reconoce el de su familia antes de que doble la esquina. Gunner conocía el sonido de los aviones de su base, y el que no era de ellos lo ponía en alerta.

Ya no parecía miedo. Parecía un aviso.

La sirena de Gunner

Para un comandante, creerle era una apuesta. Si el cachorro se equivocaba, la base dejaría lo que estaba haciendo para esconderse de un cielo vacío. Si acertaba, ganaba unos minutos que las sirenas no le daban.

Los militares le creyeron. Un comandante, cuentan, autorizó a hacer sonar una sirena portátil cada vez que Gunner diera la alarma.

Sirena antiaérea montada sobre un techo de Stokes Hill Wharf, en Darwin, contra el cielo azul
Una sirena antiaérea sobre un techo de Stokes Hill Wharf, en Darwin. Foto: kenhodge13 / Wikimedia Commons, CC BY 2.0.

Desde entonces, en Darwin, la alarma podía empezar con un cachorro. Gunner se ponía a temblar y a saltar bajo un cielo sin nada, alguien hacía sonar la sirena, y la gente de la base corría a las trincheras sin ver todavía lo que él ya había oído.

Una fotografía de 1942 guarda esa época. Muestra a Percy Westcott con Gunner, en Darwin, y el texto que la acompaña empieza con el número de servicio de Percy, el 11168.

A Gunner no le pone número. Lo nombra por su puesto: el sistema canino de alerta temprana de ataques aéreos de Percy.

Ochenta y tres años después, en febrero de 2025, cuando en el Territorio del Norte se rindió homenaje a los perros que sirvieron en la guerra, la historia del cachorro que sacaron de debajo del comedor volvió a contarse.

La primera vez que las bombas cayeron sobre Darwin, Gunner terminó debajo de un comedor en ruinas, con una pata rota. Las siguientes, ese mismo cachorro temblaba con el cielo todavía callado, y a su alrededor la gente corría a las trincheras mientras aún había tiempo.

Fotos del primer bombardeo de Darwin (RAN Historical Collection / Wikimedia Commons, dominio público), de un cachorro de kelpie (Stephanie Watson / Wikimedia Commons, CC BY-SA 2.0) y de una sirena antiaérea en Darwin (kenhodge13 / Wikimedia Commons, CC BY 2.0). Las demás imágenes fueron generadas con IA para ilustrar el contenido.

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