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Historias emotivas

El perro «imposible de adoptar» que aprendió a encontrar koalas vivos entre las cenizas

Su familia lo entregó porque, encerrado en un departamento, destrozaba hasta las paredes. Esta es la historia de cómo Bear, un koolie australiano, terminó buscando koalas en los bosques quemados de 2019-20.

El perro «imposible de adoptar» que aprendió a encontrar koalas vivos entre las cenizas

La tierra es ceniza gris y los eucaliptos ya no son árboles, sino troncos negros. Entre ellos avanza un perro con la nariz trabajando. De pronto se detiene al pie de uno de esos troncos y se sienta. No ladra. No persigue. No se va.

Arriba, en una rama quemada, hay un koala que apenas se mueve. Abajo, el perro espera en silencio. Lo extraño de la escena no está en la rama, sino en el suelo: ese perro se llama Bear, y hubo un tiempo en que quedarse quieto era justo lo que no sabía hacer.

Un koala en un árbol.
Un koala en un árbol, la especie que Bear aprendió a buscar por el olor de su pelaje. Foto: Diliff / Wikimedia Commons, CC BY-SA 3.0.

Un departamento demasiado pequeño

Bear es un koolie australiano, como lo describe su ficha oficial en Detection Dogs for Conservation, el equipo de la Universidad de la Sunshine Coast (UniSC), en Australia. Esa misma ficha cuenta cómo empezó todo: vivía con su familia en un departamento pequeño, y ahí dentro su energía no tenía adónde ir. Perseguía cada pelota como si le fuera la vida en ello y, encerrado, lo destruía todo, hasta las paredes, que mordía.

Su familia terminó por entregarlo. Según la nota de McMillan en Planet Ark (2020), no fue su único hogar: lo abandonaron y lo adoptaron varias veces. La organización IFAW, en un texto de 2019, lo recordaba como un perro al que habían considerado imposible de adoptar.

Un perro joven de tipo koolie, alerta y con las orejas erguidas, dentro de un departamento pequeño y austero.
Un perro de trabajo joven en un departamento estrecho. Para un animal con tanta energía, cuatro paredes se quedan cortas.

Bear sí tuvo familia. No es que nadie lo quisiera: es que nadie pudo con esa energía.

Una pelota como sueldo

Donde otros veían un problema, el equipo de Detection Dogs for Conservation vio otra cosa: una obsesión total por la pelota y, en esa obsesión, un talento, según IFAW. La ficha de la UniSC lo resume sin rodeos: su naturaleza enérgica y su obsesión por la pelota lo hicieron el candidato perfecto.

El entrenamiento se apoyó en una regla sencilla, que IFAW describe en su actualización de 2020: si Bear hallaba olor a koala, ganaba su pelota. Pronto dominó algo poco común entre los perros detectores, de acuerdo con otro relato de IFAW (2026): rastrear al koala vivo por el aroma de su pelaje.

Faltaba la señal, y fue la más inesperada en un perro como él. Al encontrar a un koala, Bear no ladraba ni lo perseguía: se quedaba quieto al pie del árbol. El perro que no cabía en un departamento aprendió a sentarse y esperar.

Cuando ardieron los bosques

Entonces llegaron los incendios de 2019-20. Ese mismo 2019, IFAW contaba que Bear había sido desplegado para localizar animales sobrevivientes tras los incendios en Nueva Gales del Sur.

La magnitud del desastre se midió después. Un informe encargado por WWF-Australia a la Universidad de Sídney, dado a conocer en diciembre de 2020, calculó unos 3.000 millones de animales afectados por los incendios, entre ellos unos 61.000 koalas, según el resumen publicado por la universidad. Esa cifra no cuenta solo muertes: suma animales muertos y heridos, pero también los que sufrieron trauma, inhalación de humo, estrés térmico o deshidratación, y los que perdieron su hábitat o tuvieron que desplazarse. El informe no separa cuántos murieron. Lo que deja claro es la escala: decenas de miles de koalas resultaron afectados.

Con el apoyo de IFAW, Bear recorrió bosques reducidos a troncos negros y ceniza. Arriba, en las ramas quemadas, había koalas debilitados que apenas se movían. Abajo, un perro se sentaba en silencio y no se iba.

Una persona con ropa de campo y gorra, de pie entre troncos de eucalipto ennegrecidos, mira hacia las copas.
Tras el fuego, buscar koalas era mirar hacia arriba: los sobrevivientes quedaban en las ramas de árboles quemados.

Los relatos de IFAW y de la UniSC no detallan cada bosque que Bear recorrió en esos meses. Lo que sí registran es lo que encontró.

Más de cien veces al pie de un árbol

Un rescate. Otro. Y otro más. Para fines de 2020, según la actualización de IFAW, Bear había encontrado a más de 100 koalas sobrevivientes. Cada hallazgo era un animal localizado entre las cenizas para que pudieran rescatarlo: una segunda oportunidad, como lo contó Planet Ark ese mismo año.

¿Qué fue de cada uno de esos koalas después? Las fuentes publicadas no lo desglosan: no dicen cuántos se recuperaron ni dónde terminó cada uno.

El reconocimiento llegó al año siguiente. El 12 de octubre de 2021, en la Cámara de los Lores, en Londres, IFAW le entregó su premio internacional Animal Action Award, un reconocimiento especial; Bear asistió de forma virtual. La crónica de la ceremonia sigue en la página de IFAW sobre los Animal Action Awards 2021.

La energía que sobraba

Con premio y todo, su recompensa favorita siempre fue una pelota, recuerda IFAW. La misma que lo esperaba después de cada koala.

Una pelota de goma gastada y mordida sobre ceniza gris, al pie de un eucalipto quemado, rodeada de huellas de perro.
Una pelota mordida sobre la ceniza, al pie de un tronco quemado: el pago que un perro detector espera después de cada hallazgo.

Ahí está el giro de esta historia. En un departamento pequeño, esa energía lo destruía todo. En un bosque quemado, con una pelota de por medio, se volvió una búsqueda. La misma energía que lo dejó sin hogar fue la que, árbol por árbol, les dio a esos koalas una segunda oportunidad.

¿Y Bear? En 2026, IFAW anunció su retiro tras una década de servicio. El perro que alguna vez consideraron imposible de adoptar se despidió del trabajo con diez años de búsquedas a cuestas.

A veces lo que no cabe en un lugar no está roto: está esperando el sitio donde hace falta. Para Bear, ese sitio estaba al pie de un árbol quemado, con un koala en las ramas y una pelota al final de la búsqueda.

¿Han convivido con un perro de energía inagotable? ¿Qué descubrieron que era lo que mejor se le daba?

Foto del koala: Diliff / Wikimedia Commons, CC BY-SA 3.0. Las demás imágenes fueron generadas con IA para ilustrar el contenido.

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