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Historias emotivas

La prisionera 81A de un campo japonés en Sumatra no era una persona

En los registros de un campo de prisioneros de Sumatra hay un número que no pertenece a ninguna persona. Esta es la historia de Judy, la prisionera 81A, y del aviador que compartió con ella su arroz.

La prisionera 81A de un campo japonés en Sumatra no era una persona

En los registros de un campo de prisioneros de la Segunda Guerra Mundial hay un número que no pertenece a ninguna persona: 81A Gloegoer Medan. Gloegoer era el campo japonés; Medan, la ciudad de Sumatra donde estaba.

La prisionera que llevaba ese número nunca dijo su nombre ni firmó un papel. Había sobrevivido a un naufragio y había cruzado Sumatra con los marineros de su barco. Para entender cómo terminó en una lista de prisioneros, hay que empezar años antes, en un río de China.

Perra pointer blanca con manchas oscuras sentada en la cubierta del cañonero HMS Grasshopper, atenta a un marinero
Judy, sentada en la cubierta del HMS Grasshopper, atiende las órdenes de un marinero (1939-1942). Foto: Imperial War Museums (HU 42990) / Wikimedia Commons, dominio público.

De los cañoneros del Yangtsé a una isla sin agua

Se llamaba Judy y era una pointer inglesa blanca con manchas color hígado. Según The National Archives, el archivo nacional del Reino Unido, nació en Shanghái en febrero de 1936. A fines de ese año pasó a ser la mascota del HMS Gnat y, desde mediados de 1939, la del HMS Grasshopper, dos cañoneros británicos del río Yangtsé. Creció a bordo.

En febrero de 1942, el Grasshopper salió de Singapur rumbo a Batavia. Las fuentes no coinciden en el día de la partida (el 10 de febrero, según unas; el 13 o el 14, según otras), pero sí en el desenlace: de acuerdo con Roll of Honour, aviones japoneses lo hundieron el 14 de febrero de 1942 frente a la isla Rusuk Buaya, en el estrecho de Bangka.

Perra pointer sentada en la cubierta de un barco frente a un marinero, vista desde abajo y en ángulo, en una fotografía en blanco y negro de aspecto antiguo
Una pointer y un marinero en la cubierta de un cañonero: así era la vida a bordo que Judy conoció hasta febrero de 1942.

Los sobrevivientes quedaron en una isla deshabitada y sin agua. Fue Judy quien encontró un manantial de agua dulce; según el relato de los náufragos que recoge National Geographic, lo olfateó con la marea baja y escarbó en la arena hasta dar con él.

Después vino la travesía de Sumatra. Según el sitio Pekanbaru Death Railway, el grupo llegó a Padang un día después de que zarpara el último barco de evacuación. Los capturaron el 18 de marzo de 1942 y luego los llevaron al campo de Gloegoer. Ellos aparecían en las listas. Judy, no.

Un aviador y su ración de arroz

Allí, en agosto de 1942, la conoció Frank Williams, aviador de primera (Leading Aircraftman) de la Real Fuerza Aérea británica, la RAF. Le ofreció parte de su ración de arroz y, desde ese día, fueron inseparables: según The National Archives, Williams compartía con ella su ración diaria.

Pero una perra que no figuraba en ninguna lista estaba a merced de cualquiera. Según la revista Who Do You Think You Are?, algunos guardias japoneses amenazaron con dispararle. El arroz la alimentaba; para protegerla, Frank necesitaba otra cosa.

El comandante, el sake y el número 81A

Frank esperó su momento. Según National Geographic, aguardó a que el comandante bebiera sake, porque así se volvía alegre y manejable. Entonces le pidió que registrara a Judy como prisionera de guerra oficial. El comandante aceptó. Otras versiones, basadas en el libro de Varley (1973), agregan que Frank le prometió a cambio uno de los cachorros de Judy.

Libro de registro abierto sobre una mesa de tablones dentro de una choza con techo de palma, con columnas llenas de anotaciones manuscritas
Columnas de nombres escritos a mano: listas como esta servían para contar prisioneros, y en una de ellas Judy pasó a tener número propio.

Así nació la prisionera 81A Gloegoer Medan. Ya no era una perra sin papeles: era una prisionera más, con un número que la protegía. The National Archives la presenta como el único perro reconocido oficialmente como prisionero de guerra en la Segunda Guerra Mundial.

Tres horas quieta dentro de un saco

En 1944, los prisioneros fueron trasladados en barco, y Frank escondió a Judy en un saco de arroz. Según The National Archives, ella pasó tres horas quieta ahí dentro.

Prisionero de guerra delgado y cansado, con camisa abierta desteñida y pantalón corto gastado, en un muelle tropical durante la Segunda Guerra Mundial
Un prisionero aliado, delgado y exhausto, en un muelle de Sumatra: los traslados por mar de 1944 empezaban en lugares como este.

El barco, el SS Van Waerwijck, también llamado Harukiku Maru, fue torpedeado el 26 de junio de 1944; de sus 700 prisioneros, murieron más de 500. Frank alcanzó a empujar a Judy por un ojo de buey que, según National Geographic, medía unas 10 pulgadas (unos 25 centímetros) y quedaba a unos 15 pies (unos 4,5 metros) sobre el agua.

Según los sobrevivientes, Judy ayudó a varios náufragos a alcanzar restos flotantes. Después, Frank y ella se separaron.

Alrededor de un mes más tarde, ya en otro campo de Sumatra, Frank recibió un golpe por la espalda. Lo contó así: «una perra flaca me golpeó de lleno entre los hombros». Era ella.

Una medalla para la prisionera 81A

Desde agosto de 1942 hasta agosto de 1945, salvo aquel mes de 1944, Frank compartió con Judy su arroz. En mayo de 1946, en Londres, ella recibió la Medalla Dickin, la «Cruz Victoria» de los animales, como la llama la revista Who Do You Think You Are?, por un valor y una resistencia que, según el anuncio oficial, «ayudaron a mantener la moral» de los prisioneros.

Las fuentes de este artículo no cuentan cómo fue la liberación ni qué fue de ambos después de la ceremonia. Lo que sí quedó escrito está en el expediente AIR 2/5036 (1943-1946) de The National Archives, que incluye el anuncio de la medalla, de abril de 1946; el archivo resume el caso completo en su página sobre Judy.

Frank Williams no podía sacar a Judy de aquel campo. Le dio lo que tenía: arroz de su propia ración, día tras día, y un número que la protegía. Y en una lista hecha para contar prisioneros, el 81A fue el único número que movía la cola.

¿Alguna vez un perro te dio fuerzas justo cuando creías que ya no te quedaban? Cuéntanos su historia.


Foto de Judy en el HMS Grasshopper: Imperial War Museums (HU 42990) / Wikimedia Commons, dominio público. Las demás imágenes fueron generadas con IA para ilustrar el contenido.

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