Tiene pocos minutos de vida. Todavía mojado, un cachorro se arrastra junto al cuerpo de su madre con los párpados sellados y los oídos cerrados. No ve nada. No oye nada. No sabe dónde está la leche ni de dónde sale el calor que su cuerpo necesita con urgencia.
Aun así, llega. Encuentra las mamas y se queda ahí, entre su madre y sus hermanos. Lo guía un sentido que funciona desde el primer minuto. Lo más sorprendente de ese sentido es cuándo empezó a trabajar.
Dos semanas a oscuras y en silencio
Los perros nacen con los ojos y los oídos cerrados. Según el capítulo de S. Borns-Weil sobre la conducta social del perro en el Manual Veterinario Merck (2025), unos y otros se abren durante el llamado período de transición, entre los 13 y los 19 días de vida. Durante cerca de dos semanas, entonces, el cachorro vive sin imágenes y sin sonidos.
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En ese mundo, la brújula es la nariz. Según la revisión de N. R. Santos, A. Beck y A. Fontbonne (2020) en el Journal of Small Animal Practice, los cachorros son atraídos hacia la glándula mamaria por señales olfativas. La revisión de K. Lezama-García, C. Mariti, D. Mota-Rojas y colegas (2019) sobre el comportamiento materno en perros domésticos coincide: el primer contacto del cachorro con el pezón de su madre ocurre a través del olfato.
El resto lo pone el cuerpo. Según A. P. Davidson, en el capítulo del Manual Merck sobre el manejo del neonato, los cachorros se orientan hacia su madre hozando, es decir, empujando el hocico contra ella. Y la perra ayuda: Lezama-García y colegas describen que usa las patas para acercar a los recién nacidos a los pezones.
Un cuerpo que todavía no sabe calentarse
Pero no solo necesita leche: todavía no puede mantenerse caliente. El cachorro nace mojado y, al evaporarse el líquido amniótico que lo cubre, pierde temperatura, como explican Lezama-García y colegas en un estudio de 2022 sobre el balance térmico del recién nacido, publicado en la revista Animals. La caída es rápida: según la revisión de Santos y colegas, su temperatura toca el punto más bajo dentro de los primeros 40 minutos después del parto.
Y no puede corregirlo solo. Davidson señala que los cachorros carecen de mecanismos de termorregulación hasta las cuatro semanas de edad. El estudio de 2022 añade que durante sus primeros seis días ni siquiera logran mantener la temperatura cuando hace frío.
Por eso, para la primera semana, el capítulo de Davidson indica una temperatura ambiente de entre 28,9 y 31,7 °C: unos 30 °C, el calor de una tarde de verano.
Ese calor lo encuentra pegado a su madre y a sus hermanos. Lezama-García y colegas señalan que la madre y la camada ayudan a cada cachorro a conservar su temperatura. Santos y colegas, por su parte, describen cómo los recién nacidos se arrastran hasta quedar juntos, unos contra otros y contra la perra. Si uno se aparta, se enfría. Y llora: según esa revisión, un cachorro sano debe llorar ante cualquier incomodidad, como el frío o el hambre.

Una madre que casi no se aparta
Del otro lado está ella. En esa primera semana, según Lezama-García y colegas (2019), la perra casi no deja a la camada: sale del nido solo para comer, orinar y defecar.
El cachorro, en cambio, ni siquiera puede hacer sus necesidades solo: necesita que su madre lo lama para poder orinar y defecar. ¿Hasta cuándo? Las fuentes no dan la misma cifra. Santos y colegas hablan de los primeros 21 días de vida, y Lezama-García y colegas, del nacimiento hasta las tres o cuatro semanas. Borns-Weil, en cambio, ubica en el período de transición el momento en que los cachorros empiezan a eliminar sin estimulación. En todo caso, durante sus primeras semanas dependen de ella también para eso.
Un olor aprendido dentro del vientre
Pero lo más asombroso de su olfato empieza antes de nacer.
En un estudio publicado en 2006 en Animal Behaviour, D. L. Wells y P. G. Hepper observaron que unas perras comieron alimento con anís en las últimas semanas de gestación y que sus cachorros, con apenas un día de vida, preferían el olor a anís. La revisión de C. A. Troisi, D. S. Mills, A. Wilkinson y H. E. Zulch (2019) lo explica así: los cachorros expuestos al anís antes de nacer mostraron preferencia por ese estímulo 24 horas después del parto.

No les atraía cualquier olor nuevo. Según el resumen del artículo original, la vainilla, que los cachorros nunca habían olido, no les llamó la atención. No era curiosidad por lo desconocido: era un olor que ya conocían.
Aprendieron ese olor dentro del vientre, a través de lo que comía su madre. Eso sí, lo aprendido no es necesariamente para siempre: en otro trabajo de los mismos autores, publicado en Chemical Senses (2006), la preferencia aprendida antes de nacer ya no aparecía a las 10 semanas en los cachorros que no volvieron a encontrarse con ese olor después del parto.
Durante sus primeras semanas, un cachorro no ve, no oye y no puede calentarse solo. Lo que sí tiene es una nariz que empezó a aprender antes de nacer. Antes de ver una sola cara o de oír una sola voz, tu perro ya sabía lo esencial: que el mundo huele a su madre, y que estar cerca es estar a salvo.
¿Alguna vez viste nacer una camada o cuidaste cachorros recién nacidos? ¿Qué fue lo que más te sorprendió de esas primeras semanas?
Algunas imágenes de este artículo fueron generadas con IA para ilustrar el contenido; no son fotografías de los hechos ni de los animales reales.
Referencias
- Borns-Weil, S. (2025). Social Behavior of Dogs. Merck Veterinary Manual. https://www.merckvetmanual.com/behavior/behavior-of-dogs/social-behavior-of-dogs
- Davidson, A. P. (2022, actualizado 2025). Management of the Neonate in Dogs and Cats. Merck Veterinary Manual. https://www.merckvetmanual.com/management-and-nutrition/management-of-the-neonate/management-of-the-neonate-in-dogs-and-cats
- Hepper, P. G. y Wells, D. L. (2006). Perinatal Olfactory Learning in the Domestic Dog. Chemical Senses, 31(3), 207-212. https://academic.oup.com/chemse/article/31/3/207/342446
- Lezama-García, K., Mariti, C., Mota-Rojas, D. et al. (2019). Maternal behaviour in domestic dogs. International Journal of Veterinary Science and Medicine, 7(1), 20-30. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC6776987/
- Lezama-García, K. et al. (2022). Is the Weight of the Newborn Puppy Related to Its Thermal Balance? Animals, 12(24), 3536. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC9774692/
- Santos, N. R., Beck, A. y Fontbonne, A. (2020). A review of maternal behaviour in dogs and potential areas for further research. Journal of Small Animal Practice, 61(2), 85-92. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC7027574/
- Troisi, C. A., Mills, D. S., Wilkinson, A. y Zulch, H. E. (2019). Behavioral and Cognitive Factors That Affect the Success of Scent Detection Dogs. Comparative Cognition & Behavior Reviews, 14, 51-76. https://comparative-cognition-and-behavior-reviews.org/vol14_troisi_mills_wilkinson_zulch/
- Wells, D. L. y Hepper, P. G. (2006). Prenatal olfactory learning in the domestic dog. Animal Behaviour, 72(3), 681-686. https://doi.org/10.1016/j.anbehav.2005.12.008


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