Varias mujeres de la región de Dombes, en la diócesis de Lyon, le confiesan lo mismo al fraile que las escucha: han llevado a sus hijos enfermos ante San Guinefort. Es el siglo XIII. El confesor, el dominico Esteban de Borbón (Étienne de Bourbon), cree que se trata de un santo como cualquier otro. Pregunta quién fue.
La respuesta no habla de un mártir ni de un obispo: le cuentan la historia de un perro, un galgo. El fraile la dejó por escrito. Hoy puede leerse en la traducción inglesa del Internet Medieval Sourcebook, de la Universidad Fordham. El original latino está en la edición de 1877 de A. Lecoy de la Marche, escaneada en Internet Archive.

Una cuna volcada y un hocico con sangre
Esteban cuenta la leyenda, que también analiza el estudio de Dubois (1980) en el Journal des savants. Un caballero dejó a su bebé solo en la cuna. Entró una serpiente y el galgo de la casa la mató. La cuna quedó volcada, y el perro, con el hocico y la cabeza ensangrentados. La niñera, la madre y el caballero creyeron que se había comido al niño, y el caballero lo mató con su espada.
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Luego encontraron al bebé dormido e ileso, y a la serpiente, despedazada. Echaron el cuerpo del perro en un pozo, lo cubrieron de piedras y plantaron árboles. Ese pozo cubierto de piedras es la tumba a la que acudirían las madres.
Nadie sabe si el galgo existió. Las fuentes, desde el informe arqueológico de Poisson (1980) hasta el estudio de Rist (2019), tratan el relato como una leyenda local. Lo que sí quedó documentado es lo que se hacía junto a esas piedras.
Nueve veces entre dos troncos
Las madres colgaban la ropita del bebé en las zarzas. Pasaban al niño desnudo nueve veces entre dos troncos, de la madre a una anciana, e invocaban a los faunos del bosque: creían que les habían cambiado a su hijo sano por uno enfermo, y les pedían el suyo de vuelta. En su reseña de 1981 en The New York Review of Books, el medievalista Lester K. Little interpreta el rito a la luz de esa creencia en el «niño cambiado».
Después dejaban al pequeño solo sobre paja, con dos velas encendidas junto a la cabeza, y se alejaban para no oírlo llorar. Según le contaron al fraile, esas velas mataron a varios bebés. Él las llamó «madres infanticidas».
Fuego para los huesos del galgo
Rist (2019), en la revista Reinardus, presenta a Esteban como inquisidor dominico. Y el fraile no se limitó a escribir lo que oyó. Según su propio relato, predicó allí mismo contra el culto, mandó desenterrar al perro y quemar sus huesos junto con los árboles. Los señores del lugar amenazaron con embargar y vender los bienes de quien volviera.
Todo ocurrió antes de 1261. La Iglesia nunca reconoció a Guinefort: era un santo popular y, para el fraile, pura superstición.

Casi seis siglos después, las madres seguían yendo
La hoguera no bastó. En 1826, en el marco de una encuesta del obispo, una carta describía el culto a San Guinefort: las madres seguían llevándole a sus hijos enfermizos. El dato viene del libro de Jean-Claude Schmitt Le saint lévrier (Flammarion, 1979), tal como lo resume Little (1981).
Tenían motivos. Dombes era una comarca de estanques, y en la década de 1840 la esperanza de vida allí era de 23 años, frente a 35 de media en Francia. Para Schmitt, esas condiciones explican que el culto resistiera.
Los folcloristas del siglo XIX lo redescubrieron casi sin cambios, como recuerdan las reseñas de Jorion (1980) en L’Homme y de Geary (1981) en Annales. El subtítulo del libro de Schmitt define así a Guinefort: guérisseur d’enfants depuis le XIIIe siècle, «sanador de niños desde el siglo XIII».
Lo que guardaba un hoyo en el bosque
En 1980, unos arqueólogos excavaban el bosque de Saint-Guinefort, en Sandrans (Ain). En el extremo sur de la plataforma apareció una fosa circular de alrededor de un metro. Dentro y alrededor había muchísimos zapatos de niño, de cuero, enteros o en fragmentos. Y unas sesenta monedas, fechadas entre 1851 y 1919.
El arqueólogo Jean-Michel Poisson lo contó en el informe de la excavación publicado en Archéologie médiévale (1981). Para él, esos zapatos y esas monedas son huellas de la última fase de la peregrinación para curar a los niños, documentada desde el siglo XIII hasta comienzos del XX.

La moneda más reciente es de 1919: la peregrinación al bosque del galgo había llegado al siglo XX.
En el siglo XIII, las madres colgaban en las zarzas la ropita de sus bebés. Siglos después, lo que quedó bajo tierra fueron sus zapatos: ninguna hoguera bastó para apagar la confianza en un perro fiel.
Durante siglos, muchas madres confiaron la salud de sus hijos a la memoria de un perro fiel. ¿Por qué crees que eligieron a un perro, y no a cualquier otro santo?
Foto del bosque de Saint-Guinefort: Cú Faoil / Wikimedia Commons, CC BY-SA 3.0. Las demás imágenes fueron generadas con IA para ilustrar el contenido.
Referencias
- Esteban de Borbón (c. 1250-1261). De supersticione: On St. Guinefort. Traducción inglesa en Internet Medieval Sourcebook, Fordham University (texto latino: ed. A. Lecoy de la Marche, 1877). https://sourcebooks.web.fordham.edu/source/guinefort.asp
- Lecoy de la Marche, A. (ed.) (1877). Anecdotes historiques, légendes et apologues tirés du recueil inédit d’Étienne de Bourbon. Société de l’histoire de France (a partir del ms. BnF lat. 15970). Escaneo en Internet Archive. https://archive.org/details/anecdoteshistori185step
- Rist, R. (2019). The papacy, Inquisition and Saint Guinefort the Holy Greyhound. Reinardus 30(1): 190-211. doi:10.1075/rein.00020.ris. Repositorio CentAUR, Universidad de Reading. https://centaur.reading.ac.uk/81816/
- Poisson, J.-M. (1981). Sandrans (Ain). Le bois de Saint-Guinefort. Archéologie médiévale 11: 308. https://www.persee.fr/doc/arcme_0153-9337_1981_num_11_1_1076_t1_0308_0000_2
- Poisson, J.-M. (1980). Ain. Sandrans. Le bois de Saint-Guinefort. Archéologie médiévale 10: 433-434. https://www.persee.fr/doc/arcme_0153-9337_1980_num_10_1_1379_t1_0433_0000_2
- Little, L. K. (1981). The Greyhound Saint (reseña de J.-C. Schmitt, Le saint lévrier, Flammarion, 1979). The New York Review of Books, 30 de abril de 1981. https://www.nybooks.com/articles/1981/04/30/the-greyhound-saint/
- Dubois, J. (1980). Saint Guinefort vénéré en Dombes. Comment un martyr inconnu fut substitué à un chien-martyr. Journal des savants 1-2: 141-155. doi:10.3406/jds.1980.1408. https://www.persee.fr/doc/jds_0021-8103_1980_num_1_1_1408
- Jorion, P. (1980). Reseña de J.-C. Schmitt, Le saint lévrier. Guinefort, guérisseur d’enfants depuis le XIIIe siècle. L’Homme 20(3): 161-162. https://www.persee.fr/doc/hom_0439-4216_1980_num_20_3_368117
- Geary, P. J. (1981). Reseña de J.-C. Schmitt, Le saint lévrier. Annales. Économies, Sociétés, Civilisations 36(2): 236-237. https://www.persee.fr/doc/ahess_0395-2649_1981_num_36_2_282730_t1_0236_0000_000

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