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Historias emotivas

Un perro pisó un ladrillo fresco hace 4.000 años, y después todo el poblado ardió

En un poblado de la Edad del Bronce, en el oeste de Turquía, un perro pisó un ladrillo de barro que se secaba al sol. Esta es la historia de esa pisada y de lo que vino después.

Un perro pisó un ladrillo fresco hace 4.000 años, y después todo el poblado ardió

Hace unos 4.000 años, en un poblado del oeste de lo que hoy es Turquía, un perro apoyó la pata donde no debía: sobre un ladrillo de barro que todavía se secaba al sol.

El barro cedió. Cuatro almohadillas redondas se hundieron en la superficie, y el perro siguió su camino sin saber que acababa de dejar su firma.

Nadie alisó la marca. Y el ladrillo, con su pequeño defecto, quedó listo para hacer lo que hace cualquier ladrillo.

Un poblado hecho de barro

Ese lugar se conoce hoy como Tavsanli Hoyuk, y en la Edad del Bronce fue uno de los asentamientos más grandes del oeste de Anatolia. Había nacido como aldea hace unos 8.000 años. Las inundaciones cubrieron sus tierras, y hacia el año 3200 antes de nuestra era la gente volvió.

Desde entonces vivió ahí sin interrupciones durante 1.500 años, construyendo con lo que tenía a mano.

Según la Universidad Bilecik Seyh Edebali, los trabajadores mezclaban agua, tierra y paja, vertían la mezcla en un molde y esperaban a que el sol la endureciera. Así se hizo el ladrillo del perro. Y así, con su marca y todo, fue a parar a una de las casas del poblado.

Pero alrededor del año 1700 antes de nuestra era, la vida en Tavsanli Hoyuk se cortó de golpe.

Cuando llegó el fuego

Al parecer, unos atacantes incendiaron el asentamiento entero. Los arqueólogos han encontrado puntas de lanza, puntas de flecha y dagas de ese periodo, y en excavaciones anteriores hallaron, bajo las ruinas de una casa, los restos de dos personas que murieron en el ataque.

La casa del ladrillo tampoco resistió. Las llamas la alcanzaron y se vino abajo.

Después, los escombros quedaron bajo tierra, quietos, siglo tras siglo.

Hasta que, en 2021, arqueólogos de esa misma universidad empezaron a excavar en Tavsanli Hoyuk. Llegaron hasta las ruinas de aquella casa quemada. Y entre sus escombros, uno de los ladrillos tenía algo que los demás no.

Un perro sin nombre

Ahí estaba la huella del perro, entera, tal como había quedado cuando el barro todavía estaba blando. Ni el incendio, ni el derrumbe, ni los siglos la habían borrado. Las autoridades turcas anunciaron el hallazgo el 26 de octubre.

«Los perros tienen una historia muy larga en Anatolia», le contó Erkan Fidan, quien dirige la excavación, a IFLScience. Para Fidan, estas huellas de unos 4.000 años ofrecen «una mirada particularmente directa y conmovedora» a la vida que perros y personas compartían en esos poblados.

Esa convivencia viene de mucho antes. Fidan menciona un estudio publicado este año en la revista Nature, que halló evidencia genética de un perro domesticado que vivió hace 15.800 años en lo que hoy es Turquía. Hasta este año, la evidencia genética más antigua de perros domesticados rondaba los 10.900 años.

¿Y este perro en particular? ¿Tenía una familia? ¿Alguien lo vio pisar el ladrillo? Fidan admite que no hay forma de saber si era una mascota como las entendemos hoy. «Pero el hallazgo ofrece una conexión pequeña y a la vez notable con la vida cotidiana de hace cuatro milenios», agregó.

Gayoung Lee, que escribe para Gizmodo, se animó a imaginar la escena: tiene la corazonada de que todo terminó con alguien resoplando y despeinando con cariño al peludo culpable.

Puede ser. Las historias de quienes mezclaron ese barro y levantaron esa casa se perdieron con el tiempo. Del perro quedó otra cosa: un paso dado sin pensar, cuatro almohadillas hundidas en un ladrillo que alguna vez se secó al sol.

Imagen principal: Bilecik Şeyh Edebali University.

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