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Historias emotivas

Los perros que no cuidaban el rebaño, sino que eran el rebaño: lo que contó un pelaje de 1859

Durante miles de años, las mujeres Coast Salish criaron perros por su lana. Un pelaje guardado en el Smithsonian desde 1859 permitió leer su historia en el ADN y en la memoria de su pueblo.

Los perros que no cuidaban el rebaño, sino que eran el rebaño: lo que contó un pelaje de 1859

Es la primavera de 1792. El navegante George Vancouver recorre Port Orchard, una ensenada de Puget Sound, en el actual condado de Kitsap, Washington. Allí ve perros, y lo que lo detiene es su pelo: están todos «esquilados tan al ras como las ovejas en Inglaterra».

La frase quedó impresa en el primer volumen de su A Voyage of Discovery to the North Pacific Ocean (1798, pág. 266), como recoge HistoryLink.org. Aquellos perros no pastoreaban ovejas. Eran una tecnología textil viva: no cuidaban el rebaño, eran el rebaño.

Óleo de 1856 en el que una mujer Coast Salish teje una manta en un telar, con un pequeño perro lanudo cerca de ella.
Una tejedora Coast Salish trabaja en su telar junto a un pequeño perro lanudo en «A Woman Weaving a Blanket» (1856), óleo de Paul Kane del Royal Ontario Museum. Foto: Wikimedia Commons, dominio público.

Un rebaño criado por mujeres

Los pueblos Coast Salish criaban estos perros por su lana. ¿Desde cuándo? Según el estudio de Audrey Lin y colegas (2023), los restos de perros de morfología distinta hallados en territorio Coast Salish sugieren que la crianza de perros lanudos ya existía unos 5.000 años antes de la colonización europea. Es una estimación arqueológica, basada en restos que se cree que eran de perros lanudos, no una fecha exacta.

La crianza tenía reglas. Según el mismo estudio, las mujeres Coast Salish aislaban a los perros «en islas o en corrales» para que no se cruzaran con otros perros. Eran su riqueza y su estatus.

La tejedora musqueam Debra qwasen Sparrow contó a Hakai Magazine lo que le explicó su abuelo: la fibra de los perros se hilaba mezclada con lana de cabra montés, y las mantas que salían del telar eran esenciales en la vida ceremonial.

Manta tejida a mano con lana blanca sin teñir, extendida sobre papel de archivo en la mesa de un depósito de museo.
Una manta de lana sin teñir, de hilo grueso e irregular. Tejidos así eran riqueza para las mujeres que criaban a los perros y piezas clave en las ceremonias.

Mutton, el perro de George Gibbs

Uno de esos perros terminó al cuidado del naturalista y etnógrafo George Gibbs, durante la Northwest Boundary Survey (1857-1862). Según Hakai Magazine, Gibbs lo adoptó en 1858, y el perro probablemente había nacido en territorio stó:lō, en el valle del río Fraser. Se llamaba Mutton, «carnero» en inglés; el estudio no explica por qué le pusieron ese nombre.

Según el diario de campo de Gibbs y los registros del Smithsonian, Mutton enfermó y murió a finales de 1859. Su pelaje fue enviado al museo, que lo conserva junto con los huesos de sus patas bajo el número de catálogo USNM 4762. Así se ve hoy ese pelaje.

Una costa sin perros lanudos

Fuera del museo, el linaje de Mutton se apagaba. El estudio señala las causas: epidemias que vaciaron aldeas, despoblación, desplazamiento forzado y políticas coloniales que prohibieron y criminalizaron las prácticas culturales Coast Salish. Una anciana lo recordó así: «Los perros no estaban permitidos. Tuvo que deshacerse de los perros».

Las mantas de fábrica del comercio colonial también llegaron, pero los autores rechazan que explicaran el abandono de la crianza: esa idea, escriben, «simplifica en exceso un escenario complejo».

La tradición decayó a lo largo del siglo XIX, y los últimos perros lanudos probablemente vivieron a finales de ese siglo o a principios del XX.

Imagen en blanco y negro de aspecto antiguo: un perro de pelo largo y lanudo sentado en una playa de guijarros, frente a casas de tablones de cedro.
Así pudo verse un perro lanudo frente a las casas de tablones de cedro de una aldea costera, cuando ya quedaban muy pocos.

El pelaje esperó. De 1859 a 2023 pasaron 164 años; el Smithsonian, en la nota con la que presentó el estudio, habla de un pelaje de 160 años.

Leer a Mutton en dos idiomas

La espera terminó cuando la genetista Audrey Lin se sentó con ancianos, guardianes del saber y maestras tejedoras Coast Salish, entre ellas Debra Sparrow, coautora del trabajo. Lin dirigió el análisis junto con el antropólogo Logan Kistler. Leyeron a Mutton en dos idiomas: el ADN, con genómica y análisis de isótopos, y la memoria Coast Salish, con entrevistas a ancianos y conocimiento indígena.

El estudio se publicó en Science el 14 de diciembre de 2023 (vol. 382, págs. 1303-1308). El texto completo, con todos los datos y métodos, se puede leer en PMC, y la ficha con autores y resumen está en el archivo de investigación de la Universidad de Oxford.

Una tejedora indígena mayor, con ropa actual, sentada ante un gran telar vertical de madera con una manta color crema a medio tejer.
Una tejedora explica la urdimbre de una manta a medio hacer: el saber de las maestras tejedoras fue una de las dos lecturas del estudio.

El ADN unía a Mutton con perros americanos precoloniales. Su linaje mitocondrial pertenece a un subgrupo que comparte con otros perros de antes de la colonización, entre ellos dos de Alaska, cuyo ancestro común vivió hace entre 4.776 y 1.853 años. Como lo resume Hakai Magazine, estos perros se criaban «desde hace al menos 1.800 años, y posiblemente desde hace 4.000 a 5.000». Los 5.000 salen de la arqueología; el ADN respalda al menos 1.800.

El genoma guardaba dos huellas más de aquella crianza. Mutton tenía poca diversidad genética: la crianza aparte había funcionado. Y en su genoma asomaban genes que apuntan al crecimiento del pelo, la marca de generaciones elegidas por su lana.

Uno de los últimos de su linaje

Faltaba el dato más asombroso. Cuando Mutton vivió, los perros europeos ya habían llegado a esa costa. Aun así, según el estudio, el 84 % de su herencia seguía siendo de aquellos perros antiguos. Era uno de los últimos de su linaje.

Su historia todavía tuvo un regreso. Según el Williams Lake Tribune (2026), el Smithsonian prestó el pelaje a un museo de Columbia Británica, y hoy se exhibe en Vancouver, entre el pueblo al que su linaje abrigó durante milenios.

Durante miles de años, las mujeres Coast Salish cuidaron a estos perros y ellos abrigaron a su pueblo. Hoy el pelaje de Mutton vuelve a esa costa para contar, hebra por hebra, que aquel rebaño existió y que su gente todavía lo recuerda.

¿Conoces alguna otra raza de perro que haya sido parte del trabajo o la cultura de un pueblo? Cuéntanos su historia.

Foto del óleo de Paul Kane: Wikimedia Commons, dominio público. Las demás imágenes fueron generadas con IA para ilustrar el contenido.

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