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Historias emotivas

Patsy Ann, la perra sorda que sabía a qué muelle de Juneau llegaría cada barco

Nació sorda en 1929 y, aun así, sabía a cuál de los siete muelles de Juneau atracaría cada barco. La historia de Patsy Ann, la bull terrier que una ciudad de Alaska decidió proteger.

Patsy Ann, la perra sorda que sabía a qué muelle de Juneau llegaría cada barco

En el puerto de Juneau, Alaska, hay siete muelles y ningún barco a la vista. Una bull terrier blanca cruza los embarcaderos al trote, elige uno y se sienta a mirar el agua del canal.

Cuando el barco asome, atracará justo ahí. Lo extraño no es que la perra lo espere, sino que sepa dónde. Se llama Patsy Ann, corren los años treinta y es sorda.

Estatua de bronce de Patsy Ann en un muelle de Juneau, con el crucero Crystal Harmony atracado al fondo
La estatua de bronce de Patsy Ann en un muelle de Juneau, con el crucero Crystal Harmony detrás, hacia 2002. Foto: Gillfoto (Kenneth John Gill) / Wikimedia Commons, CC BY-SA 2.0.

Siete muelles y una cachorra de Portland

Patsy Ann nació el 12 de octubre de 1929 en Portland, Oregón, y llegó a Juneau siendo cachorra, según el archivo digital LitSite Alaska, de la Universidad de Alaska Anchorage. Nació sorda: la llamaban «sorda como una piedra», recuerda el historiador David Reamer en su reconstrucción de 2024 para el Anchorage Daily News.

Aun así, entre los siete muelles del puerto, sabía a cuál atracaría cada barco. Iba trotando hasta el embarcadero exacto, se sentaba a esperar y a veces llegaba antes de que el barco asomara en el canal, escribe Reamer. Los relatos no dicen cuáles eran esos siete muelles. Sí se sabe de dónde sale lo que se cuenta de ella: Reamer revisó el Alaska Daily Empire, el periódico de la ciudad, entre 1934 y 1942.

El día que el periódico se equivocó de muelle

¿Cómo lo sabía? Nadie pudo explicarlo. Los vecinos especulaban que podía sentir las vibraciones de los silbatos «incluso a gran distancia», según recoge Reamer.

La escena más célebre la conserva LitSite Alaska. Una vez, el periódico anunció por error el muelle equivocado y la gente se reunió allí a esperar el barco. Patsy Ann llegó, miró a la multitud y se fue trotando al muelle correcto.

Perro mediano de pelo corto en medio de una multitud sobre un muelle de madera, en una foto en blanco y negro de los años treinta tomada a ras del suelo
Un muelle lleno de gente parece la mejor pista de dónde atracará un barco. Aquel día, en Juneau, la multitud estaba en el lugar equivocado.

Una ciudadana de Juneau sin dueño

No siempre fue libre. La compraron como regalo para las gemelas del Dr. Keyser y después vivió con la familia de Dean Rice, según LitSite Alaska. A comienzos de los años treinta, sin embargo, ya era una perra «emancipada» que vivía como «ciudadana de Juneau».

Su lugar favorito fuera de los muelles era el salón del sindicato de estibadores, donde tenía «cama caliente, buena compañía y comida», cuenta Reamer. También pasó temporadas con la policía y los bomberos, y la alimentaban en tiendas y bares: vivía de la generosidad de toda la ciudad.

Estibadores con gorra plana y abrigos de lana trabajan en un muelle de madera mientras amarran un vapor costero, en blanco y negro
Estibadores amarrando un vapor en un muelle de madera. En el salón de su sindicato, Patsy Ann tenía cama, compañía y comida.

Dos dólares por macho, cuatro por hembra

Esa vida sin dueño tenía un punto débil. El 2 de julio de 1934, la ciudad nombró perrero a Kenneth Corliss para aplicar la ordenanza que exigía licencia a todos los perros: 2 dólares por macho y 4 por hembra, detalla Reamer. Al día siguiente, el Empire publicó «Is Patsy Ann in Danger?» («¿Está Patsy Ann en peligro?»). Sin nadie que pagara por ella, podía terminar en la perrera.

Juneau respondió con una colecta. Los vecinos llevaron donaciones a la oficina del periódico, suficientes para «un collar y una placa chapados en oro», según la reconstrucción de Reamer a partir de la prensa de la época. LitSite Alaska guarda otra versión: la proclamación del alcalde la habría eximido de la licencia.

Primer plano de un collar de cuero con una banda metálica dorada y una placa redonda lisa colgando de la argolla, en blanco y negro
Un collar dorado con su placa de licencia. En julio de 1934, esa pequeña pieza de metal separaba a un perro protegido de uno que podía acabar en la perrera.

La proclamación llegó el 12 de julio de 1934. En una ceremonia en el muelle, preparada para coincidir con la llegada del S.S. Prince George, el alcalde Isadore «Izzy» Goldstein la nombró «Official Greeter of Juneau, Alaska», la Saludadora Oficial de Juneau, según el Juneau Independent.

Para los turistas, verla se volvió el mejor momento del viaje; salía hasta en postales, y se conserva una de hacia 1935. Su ausencia también se notaba: en 1939, los pasajeros del Duchess of Richmond lamentaron no haberla visto, cuenta Reamer.

Medio siglo después, en bronce

Patsy Ann murió dormida en 1942. La despidieron bajando su pequeño ataúd a las aguas del canal Gastineau.

Cincuenta años después, en 1992, su recuerdo volvió al muelle: una estatua de bronce de la escultora Anna Burke Harris que lleva incorporado pelo de perros de todo el mundo. Su historia la siguen contando la organización Friends of Patsy Ann y la oficina de turismo Travel Juneau.

Queda la pregunta del principio, y la prensa de la época la matiza. La leyenda dice «She never missed a boat» («nunca se perdió un barco»), pero Reamer encontró que sí se perdió algunos: en 1934 alguien preguntaba «Has anyone seen Patsy Ann?» («¿Alguien ha visto a Patsy Ann?»). Y aunque la llamaban sorda, «sin duda era dura de oído y quizá podía oír un poco, o al menos lo suficiente para asustarse con sonidos muy fuertes». Una vez, el silbato del vapor Yukon la asustó tanto que se cayó del muelle.

Nada de eso explica cómo elegía el muelle exacto entre siete, ni por qué no siguió a la multitud el día del error. Esa respuesta no quedó escrita en ningún periódico.

Quizá oía un poco más de lo que creían. Quizá sentía en el cuerpo los silbatos lejanos, como sospechaban sus vecinos. Juneau nunca lo supo, y no le hizo falta saberlo para quererla: la perra que casi no podía oír los barcos sigue siendo, en bronce, la primera en esperarlos.

¿Tu perro sabe que alguien está por llegar antes de que suene la puerta? ¿Cómo crees que lo adivina?

Foto de la estatua de Patsy Ann: Gillfoto (Kenneth John Gill) / Wikimedia Commons, CC BY-SA 2.0. Las demás imágenes fueron generadas con IA para ilustrar el contenido.

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