Saltar al contenido

Historias emotivas

Durante 70 años, los álamos jóvenes de Yellowstone casi no crecieron. Entonces volvieron 14 lobos

En 1995, 14 lobos volvieron a Yellowstone tras casi 70 años de ausencia, y un video viral aseguró que hasta los ríos cambiaron. Los científicos que midieron álamos, sauces y arroyos encontraron una historia más compleja.

Durante 70 años, los álamos jóvenes de Yellowstone casi no crecieron. Entonces volvieron 14 lobos

Norte de Yellowstone, finales de los años noventa. William Ripple perfora el tronco de un álamo temblón, extrae una muestra y cuenta los anillos para saber en qué año nació el árbol. Luego pasa al siguiente. Y al siguiente.

Tronco tras tronco, las fechas dibujan un patrón que no cuadra. Hay álamos viejos, pero el relevo no aparece: desde la década de 1920, casi ningún álamo joven había logrado crecer. Durante unos 70 años, el bosque prácticamente había dejado de renovarse.

Escena del Parque Nacional Yellowstone, en Estados Unidos
Una escena del Parque Nacional Yellowstone, donde los lobos volvieron en 1995. Foto: Neal Herbert / Wikimedia Commons, dominio público.

Un vacío en los anillos y una fecha en el archivo

Ripple publicó ese fechado en 2000, junto a E. J. Larsen, en la revista Biological Conservation; los datos completos están en el artículo original. Y el vacío tenía una fecha de inicio que llamaba la atención por sí sola.

Barreno metálico clavado en el tronco claro, con cicatrices negras, de un álamo temblón en un bosquecillo
Un barreno hundido en un álamo temblón. La delgada muestra que sale del tronco permite contar los anillos y saber en qué año empezó a crecer el árbol.

En 1926, según el historial del Servicio de Parques Nacionales de Estados Unidos (NPS), la persecución acabó con los últimos lobos del parque, los parientes salvajes de nuestros perros. Los lobos desaparecieron casi al mismo tiempo que los álamos jóvenes dejaron de prosperar.

Sin lobos que los incomodaran, los wapitíes, unos ciervos grandes, pastaban tranquilos en las orillas y mordían cada brote. Sauces y álamos no pasaban de matorral, como contó en 2004 una nota del Wyoming Tribune-Eagle sobre el trabajo de Ripple.

Catorce lobos, un invierno

En enero de 1995 llegaron 14 lobos desde Canadá, según el NPS. El 12 de enero, un grupo de personas cargó la primera caja, con un lobo dentro, hasta el corral de Crystal Bench, un momento que quedó fotografiado.

Caja de transporte de aluminio, abollada, sobre la nieve en el norte de Yellowstone, bajo la luz gris de un día de invierno
Una caja de transporte sobre la nieve. En enero de 1995, los lobos llegaron desde Canadá en cajas como esa y en pleno invierno, tras casi 70 años de ausencia en el parque.

Al año siguiente llegaron 17 más: 31 lobos en dos años. Ripple y Robert Beschta volvieron a medir, y en algunos arroyos los sauces subían otra vez. Su explicación, según la misma nota de 2004: con lobos cerca, los wapitíes ya no comían tranquilos junto al agua. Lo que proponían era una cascada trófica, el efecto en cadena de un depredador que llega hasta las plantas; y en su versión, lo decisivo no era solo cuántos wapitíes cazaban los lobos, sino cómo cambiaba su conducta.

Después regresaron los castores: en el norte del parque había una colonia en 1996 y unas 12 en 2009, según el recuento de D. W. Smith y D. B. Tyers (2012) que citó el Spokesman-Review en 2024. Algunos, señala el NPS, llegaron desde fuera del parque.

Cinco minutos que vieron millones

En febrero de 2014, Sustainable Human publicó «How Wolves Change Rivers» («Cómo los lobos cambian los ríos»), un extracto de cinco minutos de una charla TED de George Monbiot, narrado por él. El video contaba que los lobos habían cambiado hasta la forma de los ríos, y lo vieron millones de personas. Era una historia redonda: vuelve un depredador y el paisaje entero se reacomoda. En el campo, las mediciones eran menos claras.

Las cuentas que no cerraban

Varios ecólogos dudaban. Matthew Kauffman, con J. F. Brodie y E. S. Jules, puso a prueba la idea a escala de paisaje: midió álamos en las zonas donde los lobos cazaban con más frecuencia y no encontró que allí se recuperaran mejor. Lo publicaron en 2010 en Ecology, con un título en forma de pregunta: «¿Están los lobos salvando los álamos de Yellowstone?».

Además, en los años que siguieron a la llegada de los lobos, los wapitíes del norte pasaron de unos 19.000 animales a cerca de 4.000, pero no solo por los lobos: también pesaron los pumas, los osos, los cazadores y los inviernos duros, según la revista Yellowstone Science. Con tantas causas a la vez, aislar el efecto de los lobos se volvió muy difícil.

La discusión sigue abierta: ni los científicos del parque se ponen de acuerdo, reconoce el NPS en su artículo sobre el gran debate de las cascadas tróficas, y en 2024 nuevas investigaciones la reavivaron, según el Spokesman-Review.

Cercos, diques y un cauce demasiado hondo

Pero otro equipo ya había hecho la prueba más directa. Entre 2001 y 2010, K. N. Marshall, N. T. Hobbs y D. J. Cooper, de la Universidad Estatal de Colorado, cercaron sauces en arroyos del norte de Yellowstone para que ningún wapití los alcanzara. Si el problema era solo el ramoneo, esos sauces debían dispararse.

Crecieron, pero lento. Solo despegaron donde, además del cerco, el equipo levantó diques que imitaban los de los castores.

Un ecólogo con chaqueta de trabajo y botas de goma, agachado dentro de un cerco de malla metálica en la orilla de un arroyo
Dentro de un cerco de malla, los sauces quedan fuera del alcance de los wapitíes: la forma más directa de comprobar si lo que los frenaba era el ramoneo o había otra causa.

La razón estaba en el suelo. Tras décadas sin castores, los arroyos habían cavado su cauce más hondo y el agua bajó, lejos de las raíces. Quitar a los wapitíes no bastaba si el agua no llegaba. El estudio, publicado en 2013 en Proceedings of the Royal Society B, lo dice en su título: la hidrología de los arroyos limita la recuperación de las riberas tras la reintroducción del lobo. El artículo completo, con los datos del experimento, es de acceso libre.

¿Cambiaron, entonces, los lobos los ríos? Las mediciones cuentan una historia menos espectacular y más interesante: los lobos volvieron, los wapitíes menguaron por varias causas, algunos sauces repuntaron y los castores fueron regresando. Pero donde el cauce se había hundido, ningún depredador podía devolver el agua a las raíces: para eso hacían falta diques.

Los lobos volvieron en un invierno. No cambiaron los ríos solos: pusieron la primera pieza. Sauces, castores, agua subiendo hacia las raíces: el resto todavía está llegando, 30 años después.

¿Conocías la versión viral de los lobos que cambiaron los ríos? ¿Qué animal crees que hace más falta en el lugar donde vives?

Foto del Parque Nacional Yellowstone: Neal Herbert / Wikimedia Commons, dominio público. Las demás imágenes fueron generadas con IA para ilustrar el contenido.

Referencias

Sigue leyendo

Conversación

Únete a la conversación

Los comentarios y el formulario se cargan solo cuando abras esta sección.

Mira más historias

Ver la lista completa