Norte de Yellowstone, finales de los años noventa. William Ripple perfora el tronco de un álamo temblón, extrae una muestra y cuenta los anillos para saber en qué año nació el árbol. Luego pasa al siguiente. Y al siguiente.
Tronco tras tronco, las fechas dibujan un patrón que no cuadra. Hay álamos viejos, pero el relevo no aparece: desde la década de 1920, casi ningún álamo joven había logrado crecer. Durante unos 70 años, el bosque prácticamente había dejado de renovarse.

Un vacío en los anillos y una fecha en el archivo
Ripple publicó ese fechado en 2000, junto a E. J. Larsen, en la revista Biological Conservation; los datos completos están en el artículo original. Y el vacío tenía una fecha de inicio que llamaba la atención por sí sola.

En 1926, según el historial del Servicio de Parques Nacionales de Estados Unidos (NPS), la persecución acabó con los últimos lobos del parque, los parientes salvajes de nuestros perros. Los lobos desaparecieron casi al mismo tiempo que los álamos jóvenes dejaron de prosperar.
Sin lobos que los incomodaran, los wapitíes, unos ciervos grandes, pastaban tranquilos en las orillas y mordían cada brote. Sauces y álamos no pasaban de matorral, como contó en 2004 una nota del Wyoming Tribune-Eagle sobre el trabajo de Ripple.
Catorce lobos, un invierno
En enero de 1995 llegaron 14 lobos desde Canadá, según el NPS. El 12 de enero, un grupo de personas cargó la primera caja, con un lobo dentro, hasta el corral de Crystal Bench, un momento que quedó fotografiado.

Al año siguiente llegaron 17 más: 31 lobos en dos años. Ripple y Robert Beschta volvieron a medir, y en algunos arroyos los sauces subían otra vez. Su explicación, según la misma nota de 2004: con lobos cerca, los wapitíes ya no comían tranquilos junto al agua. Lo que proponían era una cascada trófica, el efecto en cadena de un depredador que llega hasta las plantas; y en su versión, lo decisivo no era solo cuántos wapitíes cazaban los lobos, sino cómo cambiaba su conducta.
Después regresaron los castores: en el norte del parque había una colonia en 1996 y unas 12 en 2009, según el recuento de D. W. Smith y D. B. Tyers (2012) que citó el Spokesman-Review en 2024. Algunos, señala el NPS, llegaron desde fuera del parque.
Cinco minutos que vieron millones
En febrero de 2014, Sustainable Human publicó «How Wolves Change Rivers» («Cómo los lobos cambian los ríos»), un extracto de cinco minutos de una charla TED de George Monbiot, narrado por él. El video contaba que los lobos habían cambiado hasta la forma de los ríos, y lo vieron millones de personas. Era una historia redonda: vuelve un depredador y el paisaje entero se reacomoda. En el campo, las mediciones eran menos claras.
Las cuentas que no cerraban
Varios ecólogos dudaban. Matthew Kauffman, con J. F. Brodie y E. S. Jules, puso a prueba la idea a escala de paisaje: midió álamos en las zonas donde los lobos cazaban con más frecuencia y no encontró que allí se recuperaran mejor. Lo publicaron en 2010 en Ecology, con un título en forma de pregunta: «¿Están los lobos salvando los álamos de Yellowstone?».
Además, en los años que siguieron a la llegada de los lobos, los wapitíes del norte pasaron de unos 19.000 animales a cerca de 4.000, pero no solo por los lobos: también pesaron los pumas, los osos, los cazadores y los inviernos duros, según la revista Yellowstone Science. Con tantas causas a la vez, aislar el efecto de los lobos se volvió muy difícil.
La discusión sigue abierta: ni los científicos del parque se ponen de acuerdo, reconoce el NPS en su artículo sobre el gran debate de las cascadas tróficas, y en 2024 nuevas investigaciones la reavivaron, según el Spokesman-Review.
Cercos, diques y un cauce demasiado hondo
Pero otro equipo ya había hecho la prueba más directa. Entre 2001 y 2010, K. N. Marshall, N. T. Hobbs y D. J. Cooper, de la Universidad Estatal de Colorado, cercaron sauces en arroyos del norte de Yellowstone para que ningún wapití los alcanzara. Si el problema era solo el ramoneo, esos sauces debían dispararse.
Crecieron, pero lento. Solo despegaron donde, además del cerco, el equipo levantó diques que imitaban los de los castores.

La razón estaba en el suelo. Tras décadas sin castores, los arroyos habían cavado su cauce más hondo y el agua bajó, lejos de las raíces. Quitar a los wapitíes no bastaba si el agua no llegaba. El estudio, publicado en 2013 en Proceedings of the Royal Society B, lo dice en su título: la hidrología de los arroyos limita la recuperación de las riberas tras la reintroducción del lobo. El artículo completo, con los datos del experimento, es de acceso libre.
¿Cambiaron, entonces, los lobos los ríos? Las mediciones cuentan una historia menos espectacular y más interesante: los lobos volvieron, los wapitíes menguaron por varias causas, algunos sauces repuntaron y los castores fueron regresando. Pero donde el cauce se había hundido, ningún depredador podía devolver el agua a las raíces: para eso hacían falta diques.
Los lobos volvieron en un invierno. No cambiaron los ríos solos: pusieron la primera pieza. Sauces, castores, agua subiendo hacia las raíces: el resto todavía está llegando, 30 años después.
¿Conocías la versión viral de los lobos que cambiaron los ríos? ¿Qué animal crees que hace más falta en el lugar donde vives?
Foto del Parque Nacional Yellowstone: Neal Herbert / Wikimedia Commons, dominio público. Las demás imágenes fueron generadas con IA para ilustrar el contenido.
Referencias
- National Park Service (s. f.). History of Wolf Management. Yellowstone National Park. https://www.nps.gov/yell/learn/historyculture/wolf-management.htm
- Oregon State University, Trophic Cascades Program (2004). Wolves linked to vegetation improvements. Reproduce un artículo del Wyoming Tribune-Eagle. https://trophiccascades.forestry.oregonstate.edu/wolves-linked-vegetation-improvements
- Ripple, W. J. y Larsen, E. J. (2000). Historic aspen recruitment, elk, and wolves in northern Yellowstone National Park, USA. Biological Conservation 95: 361-370. https://trophiccascades.forestry.oregonstate.edu/sites/default/files/science.pdf
- Kauffman, M. J., Brodie, J. F. y Jules, E. S. (2010). Are wolves saving Yellowstone’s aspen? A landscape-level test of a behaviorally mediated trophic cascade. Ecology 91(9): 2742-2755. https://api.crossref.org/works/10.1890/09-1949.1
- Marshall, K. N., Hobbs, N. T. y Cooper, D. J. (2013). Stream hydrology limits recovery of riparian ecosystems after wolf reintroduction. Proceedings of the Royal Society B 280: 20122977. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC3574379/
- National Park Service (s. f.). The Challenge of Understanding Northern Yellowstone Elk Dynamics after Wolf Reintroduction. Yellowstone Science 24(1). https://www.nps.gov/yell/learn/ys-24-1-the-challenge-of-understanding-northern-yellowstone-elk-dynamics-after-wolf-reintroduction.htm
- National Park Service (s. f.). Beaver. Yellowstone National Park. https://www.nps.gov/yell/learn/nature/beaver.htm
- Smith, D. W. y Tyers, D. B. (2012). The History and Current Status and Distribution of Beavers in Yellowstone National Park. Northwest Science 86(4). https://bioone.org/journals/northwest-science/volume-86/issue-4/046.086.0404/The-History-and-Current-Status-and-Distribution-of-Beavers-in/10.3955/046.086.0404.full
- Spokesman-Review (2024). Yellowstone research reignites debate over wolf-generated trophic cascade. The Spokesman-Review. https://www.spokesman.com/stories/2024/apr/07/yellowstone-research-reignites-debate-over-wolf-ge/
- National Park Service (s. f.). The Big Scientific Debate: Trophic Cascades. National Park Service. https://www.nps.gov/articles/the-big-scientific-debate-trophic-cascades.htm
- Monbiot, G. (2014). How Wolves Change Rivers. monbiot.com. https://www.monbiot.com/2014/02/13/how-wolves-change-rivers/
- Sustainable Human (s. f.). How Wolves Change Rivers. Sustainable Human. https://sustainablehuman.org/stories/how-wolves-change-rivers/


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