El guepardo (Acinonyx jubatus) es el mamífero terrestre más rápido del mundo, como recuerda la ficha de la especie del Zoológico Nacional del Smithsonian. Aun así, puede asustarse de un bote de basura. Susie Ekard, gerente de entrenamiento del Safari Park de San Diego, lo resumió con humor en «Year of the Dog». Ese artículo lo publicó E. Ellis en 2018 en ZooNooz, de la San Diego Zoo Wildlife Alliance (SDZWA). Según Ekard, para estos felinos los botes de basura deben de ser «monstruos come-guepardos».
En San Diego, lo que lo tranquiliza es un perro.
Un cachorro de perro a los tres meses
Según ese artículo, a cada guepardo le asignan un cachorro de perro cuando tiene tres o cuatro meses. Suelen ser guepardos que su madre no crió y que se preparan como embajadores de su especie. Viven juntos casi todo el tiempo, salvo a la hora de comer: los separan porque el perro prefiere la carne cruda del guepardo.
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La costumbre de criar juntos a guepardos y perros no es nueva. De acuerdo con la SDZWA, en San Diego empezó a principios de los años ochenta con el guepardo Arusha y la golden retriever Anna. La idea era dar confianza a los guepardos criados a mano y facilitar su manejo.
Según Annette Russell, citada en el mismo texto, el guepardo mira al perro antes de decidir si algo da miedo: si el perro está tranquilo, él también. El artículo trae fotos de Ken Bohn de varias de estas parejas y puede verse en esta copia archivada.

Eso sí: se trata de programas de zoológico con equipos profesionales. Un guepardo no es un animal de compañía.
Ruuxa y Raina, un lazo que aguanta
La SDZWA cuenta en su sitio San Diego Zoo Wildlife Explorers la historia de Ruuxa y Raina. Cuando Ruuxa era cachorro, lo operaron de las patas delanteras, y Raina, su perra compañera, fue con él al hospital. Después, los papeles se invirtieron: Raina, una ridgeback de Rodesia, tuvo cáncer, y Ruuxa siguió a su lado. Según ZooNooz, Raina sobrevivió.
¿Por qué importa tanto que un guepardo esté tranquilo?
Lo que esconde el estómago de un guepardo cautivo
Porque en cautiverio se enferma mucho más que en libertad. Según Munson y colegas (2005), en el Journal of Wildlife Diseases, el 64 % de los guepardos de zoológicos de Norteamérica y Sudáfrica tenía gastritis moderada o grave. Eran 147 animales en Norteamérica y 80 en Sudáfrica. Entre los guepardos salvajes de Namibia, solo el 3 %.
Y no porque los salvajes estuvieran libres de bacterias. Según Terio y colegas (2005), en el Journal of Clinical Microbiology, también tenían el estómago lleno de Helicobacter. La bacteria estaba en ambos grupos; la gastritis grave, casi solo en uno.
Terio, Marker y Munson (2004) compararon a 20 guepardos cautivos con 20 salvajes. Los de zoológico tenían en las heces casi el triple de hormonas del estrés: 196,08 frente a 71,40 nanogramos de corticoides por gramo.
El estrés es un sospechoso, y ese mismo trabajo lo señala así. La dieta es otro. Un artículo de Tordiffe (2026) en la revista Animals propone que esta gastritis sería una enfermedad causada por los ácidos biliares. Según esa hipótesis, se originaría en una forma de alimentarse que rompe con la ecología natural del guepardo.
Lo que aporta el perro, en cambio, lo cuentan los cuidadores, no un análisis de hormonas.
En Namibia, la misma raza tiene otro oficio
Entre los perros compañeros de San Diego ha habido pastores de Anatolia, como Duke y Yeti, según ZooNooz. El propio artículo recuerda que en África esta raza se usa para proteger el ganado y disuadir a los guepardos.
En Namibia se crían justamente para eso. El estudio de Marker y colegas (2021) en el Journal of Vertebrate Biology lo describe. Los cachorros de pastor de Anatolia y de kangal del Cheetah Conservation Fund (CCF) nacen en corrales de cabras y ovejas. A las cuatro semanas empiezan a vincularse con el ganado y, entre las 10 y las 12 semanas, se entregan a las granjas. Crecen tratándolo como a su propia especie. De adultos, lo defienden a ladridos que disuaden a los depredadores.

Menos cabras perdidas, menos motivos para disparar
El programa lo impulsó Laurie Marker, directora ejecutiva del CCF, que conocía los dos lados del problema. Según su biografía institucional, esta estadounidense tuvo una pequeña granja de cabras lecheras. También crió a mano a Khayam, una hembra de guepardo nacida el 4 de diciembre de 1976 en Wildlife Safari, en Oregón. Esa página incluye fotos de Khayam.
En los años ochenta, según su fundación, los granjeros namibios mataron a más de 7.000 guepardos, la mitad de los del país. En 1994, el CCF empezó a entregar perros guardianes.
El estudio de 2021, que puede descargarse completo en PDF, hace el balance. Entre 1994 y 2018, la fundación repartió 634 perros guardianes en Namibia, y el 91 % de los granjeros encuestados dijo perder menos ganado. Además, la proporción de granjeros que recurría al control letal de depredadores bajó del 13 % al 8 % después de recibir el perro. Quien no pierde cabras tiene menos motivos para disparar.
En California, un pastor de Anatolia le enseña a un guepardo que no hay nada que temer. En Namibia, lo mantiene lejos del rifle.
La calma de tu perro cuando pasa el camión de la basura es justo lo que un guepardo de zoológico busca cada día en su compañero.
¿Tu perro es de los que se quedan tranquilos cuando pasa un camión ruidoso o de los que buscan tu mirada para saber si hay peligro?
Algunas imágenes de este artículo fueron generadas con IA para ilustrar el contenido; no son fotografías de los hechos ni de los animales reales.
Referencias
- Cheetah Conservation Fund (s. f.). Dr. Laurie Marker, Executive Director. Cheetah Conservation Fund, biografía institucional. https://cheetah.org/about/who-we-are/dr-laurie-marker/
- Ellis, E. (2018). Year of the Dog: Meet the Domestic Dog Ambassadors at the Zoo and Safari Park. San Diego Zoo Wildlife Alliance, ZooNooz (copia archivada). http://web.archive.org/web/20260414085343/https://adminblogs.sandiegozoo.org/zoonooz/year-of-the-dog/
- Marker, L., Pfeiffer, L., Siyaya, A., Seitz, P., Nikanor, G., Fry, B., O’Flaherty, C. y Verschueren, S. (2021). Twenty-five years of livestock guarding dog use across Namibian farmlands. Journal of Vertebrate Biology 69(3): 20115. DOI 10.25225/jvb.20115. https://bioone.org/journals/journal-of-vertebrate-biology/volume-69/issue-3/jvb.20115/Twenty-five-years-of-livestock-guarding-dog-use-across-Namibian/10.25225/jvb.20115.full
- Munson, L., Terio, K. A., Worley, M., Jago, M., Bagot-Smith, A. y Marker, L. (2005). Extrinsic factors significantly affect patterns of disease in free-ranging and captive cheetah (Acinonyx jubatus) populations. Journal of Wildlife Diseases 41(3): 542-548. DOI 10.7589/0090-3558-41.3.542. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/16244064/
- San Diego Zoo Wildlife Alliance (s. f.). Ruuxa & Raina. San Diego Zoo Wildlife Explorers. https://sdzwildlifeexplorers.org/stories/ruuxa-raina
- Smithsonian’s National Zoo & Conservation Biology Institute (s. f.). Cheetah (Acinonyx jubatus). Ficha de especie. https://nationalzoo.si.edu/animals/cheetah
- Terio, K. A., Marker, L. y Munson, L. (2004). Evidence for chronic stress in captive but not free-ranging cheetahs (Acinonyx jubatus) based on adrenal morphology and function. Journal of Wildlife Diseases 40(2): 259-266. DOI 10.7589/0090-3558-40.2.259. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/15362825/
- Terio, K. A., Munson, L., Marker, L., Aldridge, B. M. y Solnick, J. V. (2005). Comparison of Helicobacter spp. in cheetahs (Acinonyx jubatus) with and without gastritis. Journal of Clinical Microbiology 43(1): 229-234. DOI 10.1128/JCM.43.1.229-234.2005. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/15634976/
- Tordiffe, A. S. W. (2026). Lymphoplasmacytic gastritis in cheetahs under human care: a bile acid-driven gastroenteropathy arising from disrupted feeding ecology. Animals 16(10): 1494. DOI 10.3390/ani16101494. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/42193785/

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