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Historias Emotivas

La reina Victoria nombró «botín» a la perrita que llegó de un palacio en llamas

En 1861, la reina Victoria bautizó como «botín» a la primera perrita pekinesa de la que hay registro en Gran Bretaña, rescatada de un palacio imperial chino saqueado e incendiado por tropas británicas y francesas.

El primer pekinés de Inglaterra llegó escondido en la gorra de un capitán, como botín de guerra

En abril de 1861, la reina Victoria recibió una perrita traída de China y la nombró con una sola palabra: Looty. En inglés, esa palabra significa «botín».

No fue una broma privada de palacio. El nombre describía, con total exactitud, cómo había llegado hasta ella. Y ni siquiera es el dato más duro de esta historia: el más duro es cuántos perros como ella seguían con vida cuando la encontraron. De todo un palacio imperial, solo salieron cinco.

El palacio que ardió en octubre de 1860

Seis meses antes de que Looty pisara Inglaterra, tropas británicas y francesas habían entrado en el Yuanmingyuan, el Palacio de Verano de los emperadores Qing, a las afueras de Pekín. Lo saquearon durante días y después, por orden del alto comisionado británico, lord Elgin, le prendieron fuego, según reconstruye el ensayo Visualizing Cultures, del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT). La corte imperial ya había huido cuando llegaron los soldados.

Cinco perros donde ya no quedaba nadie

Entre las habitaciones vacías del palacio quedaban unos perros pequeñísimos, de hocico chato y pelo largo, criados durante siglos dentro de los muros imperiales y desconocidos hasta entonces en Occidente. Según relata The Morgan Library & Museum en su publicación «The Titan and the Lion Dog», de todo el Yuanmingyuan solo cinco perros de este tipo salieron con vida: cuatro fueron a parar a las casas británicas de Wellington y Richmond, y el quinto se lo quedó la reina Victoria. A esa quinta perrita, la propia Royal Collection Trust la identifica como la primera pekinesa de la que hay registro en Gran Bretaña; nada indica que alguno de los cinco haya llegado antes a otro país europeo. El pekinés como raza reconocida en Occidente desciende, según documenta el American Kennel Club, precisamente de esos cinco supervivientes.

El diario del capitán Dunne

Uno de esos cinco perros llegó a manos de John Hart Dunne, capitán del Regimiento 99, según consigna la ficha oficial de la Royal Collection Trust sobre el retrato de Looty (RCIN 406974). En su propio diario de campaña, publicado en 1861 y hoy digitalizado completo en Internet Archive, Dunne menciona a la perrita junto a otros objetos que compró en el campamento francés: una pista de que la recibió dentro del circuito del botín de guerra y no necesariamente arrancándola él mismo de una habitación del palacio. La describe como más pequeña que cualquier King Charles, un auténtico «perro de manga» chino, con campanillas de plata al cuello, y anota que quienes la veían decían no haber presenciado jamás una belleza tan perfecta.

Diminuta, Looty cruzó medio mundo dentro de la gorra de cuartel de Dunne, según detalla otra ficha de la misma colección real sobre su segundo retrato (RCIN 812776).

Retrato de estudio de un oficial británico genérico de la campaña de China de 1861, sosteniendo su gorra de cuartel volteada entre las manos
Oficiales como este cargaban el equipaje de todo un regimiento; en la campaña de China, a alguno le tocó cargar también, sin saberlo, al primer pekinés que pisaría suelo inglés.

Un retrato para demostrar lo pequeña que era

Ya en Windsor, Victoria encargó su retrato al pintor Friedrich Wilhelm Keyl y dejó una instrucción muy concreta, registrada en la ficha del cuadro: había que incluir «algo que mostrara su tamaño, porque era extraordinariamente pequeña», según cita la propia Royal Collection Trust. Keyl la sentó sobre un cojín rojo, junto a un ramito de pensamientos y una capuchina —flores tan grandes como su cara que, puestas delante, la habrían tapado entera— y le dejó puesto el collar con las dos campanillas cosidas.

«Una criatura muy solitaria»

Pero Looty nunca fue el perro de regazo de la reina. Terminó en las perreras del castillo, donde los demás perros, según registra la historiadora S. Gordon en la entrada «Noble Hounds and Dear Companions» de la Royal Collection Trust, no la aceptaban: la describe como «una criatura muy solitaria». Cuatro años después, en 1865, el fotógrafo de la casa real la retrató dormida sobre una silla de respaldo tallado, según consta en la ficha de esa fotografía (RCIN 2105644): un animal minúsculo hundido en un mueble enorme, a miles de kilómetros del único lugar donde su linaje había existido. La historiadora Sarah Cheang analiza este tipo de episodios en su artículo de 2006 publicado en el Journal of British Studies, donde describe cómo el pekinés se convirtió en Gran Bretaña en un símbolo de nostalgia imperial por la «vieja China», incluso mientras el país del que había salido seguía sin recuperar lo que le habían quitado.

Hoy el pekinés duerme en sofás de medio mundo; el primero de su raza que entró en Inglaterra, lo hizo con un nombre que ya lo decía todo, y el palacio del que salió nunca volvió a levantarse.

Cuando algo —o alguien— entró a un país como botín de guerra, ¿cambia lo que sientes al verlo hoy colgado en un museo?

Algunas imágenes de este artículo fueron generadas con IA para ilustrar el contenido; no son fotografías de los hechos ni de los animales reales.

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