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Historias emotivas

Seaman, el perro de Lewis y Clark: perdió su nombre durante décadas y su final solo lo cuenta una nota de 1814

Seaman, el terranova de Meriwether Lewis, sobrevivió a la mordida de un castor y desvió a un bisonte. Después desapareció de los diarios de la expedición, perdió su nombre y su final quedó en una sola nota.

Seaman, el perro de Lewis y Clark: perdió su nombre durante décadas y su final solo lo cuenta una nota de 1814

Es el 15 de julio de 1806. El explorador Meriwether Lewis escribe en su diario en el campamento que la expedición ocupa sobre las Grandes Cataratas del río Missouri, según la cronología de Discover Lewis & Clark. Los mosquitos no le dan tregua. Lewis se queja en una línea que todavía se puede leer en la edición digital de los diarios de la Universidad de Nebraska–Lincoln: «hasta mi perro aúlla de tormento» («my dog even howls with the torture he experiences from them»).

Es una frase pequeña, casi doméstica, pero marca un límite. Según la nota editorial de esa misma edición, después de julio de 1806 el perro no vuelve a aparecer en los diarios de la expedición. Desde ahí, lo que sabemos de él nos llega por caminos mucho más frágiles.

Dibujo a tinta y aguada gris de un perro terranova, hecho por Thomas Sully en un cuaderno de apuntes
Un terranova dibujado a tinta y aguada gris por Thomas Sully entre 1810 y 1820. Muestra la raza de Seaman en su época, pero no a Seaman: de él no existe ninguna imagen. Foto: Thomas Sully, «Newfoundland Dog (from Sketchbook)», 1810–1820, The Metropolitan Museum of Art, Rogers Fund, 1953, CC0.

Un terranova rumbo al Pacífico

Se llamaba Seaman. Era un terranova y viajaba con Lewis desde 1803: los diarios lo mencionan por primera vez en la entrada del 11 de septiembre de ese año. Lewis había pagado 20 dólares por él. Según anotó el 16 de noviembre de 1803, un hombre shawnee le ofreció tres pieles de castor a cambio del perro. Lewis no lo cambió, y Seaman siguió con él en la expedición que Lewis y William Clark guiaban hacia el océano Pacífico.

En mayo de 1805 estuvo a punto de no seguir. El 19 de mayo, un castor herido le mordió una pata trasera y le cortó una arteria. Lewis escribió que detuvo la hemorragia «con gran dificultad» y que temía que la herida «aún resulte fatal». Ese mismo día, Clark anotó que el perro estuvo «cerca de desangrarse».

Un bisonte entre los que dormían

Seaman no murió. Diez días después, de noche, un bisonte entró corriendo al campamento. Según la entrada del 29 de mayo de 1805, el animal pasó a 18 pulgadas (unos 46 centímetros) de las cabezas de hombres que dormían y siguió hacia la tienda de los capitanes. El perro lo hizo cambiar de rumbo. «Mi perro nos salvó», escribió Lewis.

Grabado en blanco y negro de un enorme bisonte con una gran joroba que cruza al galope un campamento nocturno a orillas de un río
Un bisonte que corre de noche, dibujado como los grabados de los periódicos del siglo XIX. Es el peligro que Lewis describió en mayo de 1805, a orillas del alto Missouri.

En diez días, Seaman pasó de casi desangrarse a desviar a un bisonte que venía corriendo. Conocemos esas escenas solo porque Lewis las escribió. Por eso importa tanto lo que les pasó después a esos escritos.

Borrado, y después mal leído

En 1814 se publicó el relato oficial de la expedición, una paráfrasis de los diarios que prepararon Biddle y Allen. Según el Servicio de Parques Nacionales de Estados Unidos (NPS), esa versión eliminó toda mención del perro de Lewis.

Después vino el segundo golpe. El editor Milo Quaife leyó mal la letra de los manuscritos y transcribió el nombre como «Scannon», «Scamon» y «Semon». Según Discover Lewis & Clark, el error duró unos 50 años, y durante ese tiempo el perro se llamó Scannon. Si en esta historia algo se inventó de verdad, fue ese nombre, que salió de una mala lectura.

En 1985, el historiador Donald Jackson encontró la clave en el mismo diario. El 5 de julio de 1806, Lewis había llamado «Seamans’ Creek» («arroyo de Seaman») a un arroyo de Montana, hoy Monture Creek. A partir de ese nombre, Jackson publicó un artículo con un título muy claro: «Call Him a Good Old Dog, But Don’t Call Him Scannon» («Díganle buen perro viejo, pero no le digan Scannon»). El arroyo le devolvió a Seaman su nombre. El NPS lo resume así: desde 1985 «o por ahí», Seaman parece haber ganado.

«El mayor viajero de mi especie»

Pero lo más asombroso estaba en otro libro de 1814. Ese año, el reverendo Timothy Alden publicó el quinto volumen de A Collection of American Epitaphs and Inscriptions, with Occasional Notes, una colección de epitafios e inscripciones. En la página 106, entrada 916, que se puede consultar completa en Internet Archive, copió el texto de un collar. Según el NPS, el collar estaba expuesto en el museo de la logia masónica Alexandria-Washington n.º 22, en Alexandria, Virginia, un museo fundado en 1812. La inscripción decía:

«El mayor viajero de mi especie. Me llamo SEAMAN, el perro del capitán Meriwether Lewis, a quien acompañé hasta el océano Pacífico».

Según Alden, el perro del «difunto gobernador Lewis» llevó ese collar después de volver de la costa oeste. Y la nota sigue. Lewis murió el 11 de octubre de 1809 en Grinder’s Stand, Tennessee. Alden escribe que el perro no se apartó de su tumba, que rechazó toda comida y que murió de pena.

Libro antiguo encuadernado en cuero, abierto sobre un atril de espuma gris en una sala de lectura, con un dedo apoyado en la página, un lápiz y una papeleta de pedido al lado
Un libro antiguo abierto en una sala de lectura, con un lápiz y una papeleta al lado. Así se consultan hoy libros como el de Alden, que guarda la copia de la inscripción del collar.

Una sola voz para el final

No hay otra fuente. J. J. Holmberg lo resume en su ensayo «Seaman’s Fate»: después de la expedición, el perro no aparece en ninguna carta ni informe conocido. Los registros del museo tampoco ayudan. Según Holmberg, que cita al curador Jack Riddell, las actas y el catálogo de la logia no mencionan el collar, aunque esos registros están incompletos. Y el collar probablemente se quemó en el incendio de 1871, que destruyó muchas piezas del museo.

Eso no convierte la nota de Alden en una fábula. Nadie ha demostrado que la muerte de pena sea falsa, y Holmberg la considera una explicación digna de crédito. Pero es la única versión que existe: un párrafo impreso cinco años después de la muerte de Lewis, sobre un objeto que nadie más registró y que ya no se puede examinar.

Dibujo a tinta y aguada gris sobre papel tonal de un perro terranova de pelo largo y ondulado, en el estilo de un cuaderno de apuntes antiguo
Un terranova a tinta y aguada, como en un cuaderno de hace dos siglos. De Seaman no queda ningún retrato, solo lo que se escribió sobre él.

Que la única versión del final de Seaman sea morir de pena dice mucho de nosotros: queremos creer que un perro que siguió a su humano hasta el Pacífico no podía vivir sin él. Tal vez fue así. Lo único seguro es que casi toda su historia la escribió Lewis, y su final lo escribió otra persona.

Si tu perro llevara un collar que contara su historia en una sola línea, ¿qué diría?


Foto del dibujo de un terranova: Thomas Sully, «Newfoundland Dog (from Sketchbook)», 1810–1820, The Metropolitan Museum of Art, Rogers Fund, 1953, CC0. Las demás imágenes fueron generadas con IA para ilustrar el contenido.

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