Rupave perdió sus cuatro patas en manos de unos maltratadores en el año 2013. Fue llevado a El Campito Refugio, un refugio no eutanásico de Argentina, definido en el resto del mundo como «santuario» ya que alberga a 130 perros inválidos, más de 50 ciegos, más de 300 perros ancianos y más de 150 perros con enfermedades terminales con tratamientos paliativos (750 animales en total).
Rupave fue rescatado por Cintia, la cuál debió adentrarse en el mismo infierno para rescatarlo, según la publicación de su historia en Facebook. Ella encontró a Rupave en medio del monte, una zona que era usada para la cacería de liebres usando galgos, allí lo habían dejado para que muriera lenta y dolorosamente.
¡CUIDADO! IMAGENES FUERTES
Una publicación de Facebook, dice:
«El horror se presentaba a cada paso que ella daba, cacería de liebres utilizando Galgos, y dos de estos últimos hallados ahorcados, colgando de un árbol, pero aún había más, un zorrito bebé atado con una cadena, al que también se rescato junto a Rupave, pero no corrió con la misma suerte, ya que a las pocas horas falleció».
Alguien dejo que la circulación de sus 4 patas y cola se fueran obstruyendo, tal vez lo tenían colgado de sus patas con la firme intención de causarle daño. Con el paso del tiempo, los miembros fueron necrosándose, lo que hizo que perdiera su cola, y luego sus patas.

Al llegar a la veterinaria, Rupave recibió todos los cuidados y se le aplicaron calmantes, para que no sintiera era terrible dolor y empezar a descansar de tanto sufrimiento.
«Nuestro bello luchador, perdió todas sus patitas por debajo de la articulación, dejamos que corten solas, así se conservo el muñón, dándonos la posibilidad de que a futuro pueda utilizar prótesis».
Rupave perdió sus cuatro patas
Mientras Rupave luchaba por recuperarse, encontró a una familia que lo apoyaría en este largo camino y que nunca lo abandonaría.
«Hoy, llego la hora de dejar todo el horror atrás, su vida cambio para siempre y estamos muy felices de que una familia le abriera las puertas de su hogar».
«Para nosotros Rupave es un ejemplo de lucha y que siempre la vida vale la pena. Él a pesar de todo lo sufrido, jamás mostró un ápice de rencor contra los humanos, muestra de lo especiales que son nuestros amiguitos de cuatro patas».
Ángela Garay y su familia adoptaron a Rupave hace poco más de dos años. Ella ha sido colaboradora de El Campito Refugio, ella se enteró de su historia a través de la página de Facebook de este santuario.
Cuando Ángela se enteró de su historia se convirtió en un mar de lágrimas; ella no podía creer tanto sadismo contra un animal. Inmediatamente decidió que tenía que adoptarlo y hacer que fuera feliz para siempre. «Vi la foto y sentí que era para mí y lo tenía que tener», cuenta ella, aún emocionada, con Rupave acostado encima suyo.
Ángela debió esperar un mes entero a que Rupave pudiera salir de la veterinaria. Después de que El Campito hiciera las entrevistas y visitas pertinentes para ver que Ángela fuera la adoptante indicada para Rupave, finalmente el gran día llegó y el perro se sumó a la familia.
Ángela dice:
«Al principio era bravísimo con otros animales, se notaba que lo habían usado para pelear; pero era un santo con la gente. Pobrecito, a pesar de todo el sufrimiento por el que lo habían hecho pasar».
Rupave es feliz con su familia
Ella junto a su familia tuvieron mucha paciencia para lograr que gradualmente Rupave aceptara compartir espacio con las otras mascotas de la casa, y luego con las del barrio. Hoy duermen sobre él los dos gatos de la familia.
Ella explicó:
«Como apenas se puede mover con sus coditos, más que nada se arrastraba, por lo que tuvimos que liberar la parte de abajo de la casa para que él pudiera mínimamente trasladarse».
El Campito recolectó donaciones para poder hacerle las prótesis a Rupave y cuando por fin encontraron a un ortopedista especializado en este tipo de prótesis para animales, envió a Rupave a Córdoba con una voluntaria y un miembro de su familia, para poder realizarle las prótesis de sus 4 patas. Varios meses duró el proceso de toma de las medidas, diseño y producción. Pero finalmente estuvieron listas.
Cuando Rupave por fin tenía las prótesis algo inesperado ocurrió. «Fue un momento horrendo, una moto apareció de la nada y se robó el bolso con las prótesis», recuerda con angustia Ángela esa mañana en la que en un instante hicieron desaparecer el sueño de que su perro volviera a caminar.
Rupave tiene sus prótesis para caminar
Pero el diseñador de sus prótesis hizo unas nuevas.
El Campito publicó en Facebook:
«Gracias a todos los que se sumaron para que Rupa las tenga nuevamente. Gracias también a Ringo Ortopedia Canina, por la rapidez y por la solidaridad, ya que las habían empezado a hacer, sin saber quien se las iba a pagar».
Hoy se lo puede ver a Rupave trasladándose solo, en su carro y con sus cuatro «patitas nuevas», que paulatinamente va aprendiendo a usar. Tiene que recuperar musculatura y fuerza, pero a sus cinco años el ánimo y las ganas sobran.
Ángela dice:
«Es otro perro. Se nota que está feliz, se ve en su carita. Es un animal que da muchísimo amor, desde un principio movió la cola cada vez que nos veía. Cero rencor para con el ser humano».
Rupave es el rey de la casa, es un perro muy mimado, descansa con un gesto de placidez, como si entendiera que el tiempo de dolor, sufrimiento y abandono quedó atrás.
Ángela añadió:
«Tenemos tanto que aprender de los animales».
Más información: El Campito Refugio | La Nación
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