Enfermedad renal en gatos: señales, etapas y cuidados
Por qué la enfermedad renal es tan común en los gatos mayores, sus primeras señales y etapas, qué cambia en casa y cuándo una falla renal es urgencia.

La enfermedad renal crónica es una de las enfermedades más comunes de los gatos mayores. Sus riñones pierden capacidad de trabajo poco a poco, durante meses o años, y ese daño no se revierte. La primera señal suele ser que el gato bebe y orina más que antes, y a menudo también adelgaza. No tiene cura, pero se puede frenar: con un diagnóstico a tiempo, agua, la comida adecuada y controles, muchos gatos viven años con buena calidad de vida.
Aquí verás qué es y por qué aparece con la edad, cuáles son sus primeras señales, cómo se diagnostica y qué significan sus etapas. También qué cambia en casa con el agua y la comida, y cómo pasar a la dieta renal sin que deje de comer. Al final, qué hacer ante una falla renal aguda, que es una urgencia: los lirios, el anticongelante y el gato que no puede orinar.
¿Qué es la enfermedad renal crónica en gatos?
La enfermedad renal crónica es la pérdida lenta y progresiva del tejido de los riñones que funciona. Es irreversible y suele avanzar con el tiempo, explica el Manual Merck de Veterinaria. Muchos la conocen como insuficiencia renal crónica, y algunos veterinarios usan su sigla, ERC.
Para entender sus señales, sirve saber qué hacen los riñones:
- Limpian la sangre de los desechos que deja el cuerpo. Cuando fallan, esos desechos se acumulan y le dan náuseas, mal aliento y falta de apetito.
- Concentran la orina para no perder agua. Cuando fallan, el gato orina mucho y bebe más para compensar.
- Ayudan a fabricar glóbulos rojos. Por eso algunos gatos renales tienen anemia.
- Equilibran la sal, el potasio y el fósforo, y ayudan a controlar la presión arterial.
En la mayoría de los gatos no se sabe qué la empezó. Al microscopio, el riñón muestra inflamación y cicatrices, pero el origen queda sin aclarar, según una revisión de la Universidad de Georgia (2016). En algunos sí hay una causa: cálculos que tapan los uréteres, una infección del riñón, un tóxico, un tumor o una enfermedad hereditaria. Las enumera el consenso de la Sociedad Internacional de Medicina Felina (ISFM).
Una falla aguda también puede dejar una enfermedad crónica. En gatos de laboratorio, una hora sin riego sanguíneo en un riñón dejó después las mismas cicatrices de la enfermedad natural (Universidad de Georgia, 2016). Es un experimento: no dice cuántos casos empiezan así.
¿Por qué es tan común en los gatos mayores?
La enfermedad renal crónica es mucho más frecuente con la edad, porque el daño se acumula durante años antes de dar señales. Es la enfermedad metabólica más común del gato, y la mayoría de los afectados tiene más de 12 años (Universidad de Georgia).
Cuántos gatos la tienen depende de cómo se cuente:
- Con diagnóstico anotado en la clínica: menos de 1 de cada 50 gatos en general, pero casi 5 de cada 100 entre los de 8 años o más. En los gatos con la enfermedad, la edad típica fue de 15 años y medio, según el registro de clínicas británicas VetCompass, del Royal Veterinary College.
- Buscándola en cada gato: la cifra sube mucho. El consenso de la ISFM calcula que podría afectar a un 30 o 40 % de los gatos de más de 10 años. Con un criterio amplio, 17 de 21 gatos de 15 a 20 años tenían alguna señal de enfermedad renal en una clínica de Carolina del Norte. Es un estudio pequeño (Universidad Estatal de Carolina del Norte, 2014).
- Como causa de muerte: los problemas renales fueron la causa más frecuente en Inglaterra entre los gatos que murieron con 5 años o más. Explicaron el 13,6 % de esas muertes (Royal Veterinary College, 2015).
La diferencia entre esas cifras tiene una explicación: muchos gatos con riñones dañados todavía no tienen señales, y nadie les hace los análisis que la mostrarían. Por eso se recomiendan controles desde los 7 años, como se explica más abajo.
En 1.230 gatos de Estados Unidos, algunos factores se asociaron con la enfermedad. Fueron estar flaco, haber tenido enfermedad de las encías o cistitis, o una anestesia o una deshidratación el año anterior (Universidad de Minnesota, 2014). Son asociaciones, no causas probadas. Otro estudio, de la Universidad de Bristol, vio más riesgo cuanto peor era el estado de los dientes (Bristol, 2016). Cuidar la boca es una buena idea por muchas razones: lo explica nuestra guía de dientes y encías de perros y gatos.
¿Puede darle a un gato joven? ¿Y a un persa?
Sí, aunque es poco común: en las clínicas británicas la tenía el 0,2 % de los gatos de menos de 8 años (VetCompass). En un gato joven, el veterinario busca una causa concreta, como una malformación, una lesión aguda anterior o una enfermedad hereditaria.
La hereditaria más conocida es la poliquistosis renal: en los riñones crecen quistes llenos de líquido que, con los años, quitan espacio al tejido sano. Afecta sobre todo a los persas, los exóticos y sus cruces. Alrededor de 4 de cada 10 persas la tenían en estudios de Francia y de Italia (Escuela Veterinaria de Lyon; Universidad de Parma). En Brasil, con la prueba genética, salió en solo el 5 % de los persas. Los autores lo atribuyen a que los criadores ya eligen reproductores sin la mutación (Universidad de São Paulo, 2021).
Si vas a adoptar o comprar un persa, pregunta si sus padres tienen la prueba genética de poliquistosis. A un gato ya en casa, la ecografía puede mostrar los quistes desde joven. En los persas británicos, los problemas renales fueron la primera causa de muerte (Royal Veterinary College, 2019).
¿Cuáles son los primeros síntomas de insuficiencia renal en un gato?
Los primeros síntomas de la insuficiencia renal en un gato son beber y orinar más que antes y bajar de peso. Llegan despacio, y muchos dueños los confunden con la edad. Con el tiempo se suman otros:
- Bebe más agua y orina más: el arenero tiene bolas más grandes o más numerosas, o lo ves más en el plato del agua.
- Adelgaza, aunque coma, y pierde músculo en el lomo y las patas.
- Come menos o se vuelve exigente con la comida.
- Vomita más a menudo, o tiene náuseas: se relame, babea o se acerca al plato y se va.
- Mal aliento y, a veces, llagas en la boca.
- Pelo descuidado, decaimiento y más horas de sueño.
- Estreñimiento.
- Debilidad, a veces con la cabeza caída hacia abajo, por falta de potasio.
- Ceguera de golpe, por la presión alta.
Bajar de peso puede ser la señal más temprana. En 569 gatos de Estados Unidos, la pérdida de peso ya se veía 3 años antes del diagnóstico. En los 12 meses anteriores perdieron cerca del 9 % de su peso (Universidad Tufts, 2016). Pesar a tu gato cada mes o cada dos meses, en la misma balanza, es una de las formas más simples de notarlo a tiempo.
La debilidad por falta de potasio fue descrita en gatos que caminaban con el cuello doblado hacia abajo (Universidad Estatal de Colorado, 1987). Y la ceguera de golpe es la forma en que llega a la clínica la mayoría de los gatos con daño en la retina por presión alta: 68 % en un estudio de 69 gatos de Italia (Florencia, 2000). Cerca de 1 de cada 5 gatos con enfermedad renal tiene la presión alta al diagnóstico (Royal Veterinary College, 2002).
¿Por qué mi gato toma mucha agua?
Un gato que toma mucha más agua que antes puede tener enfermedad renal, diabetes o hipertiroidismo, y merece una consulta. En el riñón enfermo, la orina sale diluida y el gato pierde agua; bebe para reponerla. Los riñones dejan de concentrar bien la orina cuando ya se perdieron cerca de dos tercios de sus unidades de filtrado, según el Manual Merck. Cuánta agua es normal, y cuándo es demasiada, lo cuenta nuestra guía de cuánta agua debe tomar un gato.

¿Por qué vomita y tiene mal aliento un gato renal?
Un gato renal vomita y tiene mal aliento porque los desechos que el riñón ya no elimina se acumulan en la sangre. Esos desechos irritan el estómago y la boca, y le dan náuseas, vómitos y falta de apetito, explica el consenso de la ISFM. El vómito, beber u orinar más, la falta de apetito y el mal aliento hacían más probable el diagnóstico en los gatos estudiados por la Universidad de Minnesota (Minnesota, 2014).
El mal aliento también puede venir de los dientes, que son la causa más común. Por eso el veterinario revisa las dos cosas. Las náuseas se tratan: un gato renal que vomita seguido no tiene por qué aguantarlo, y su veterinario puede darle alivio.
¿Cómo saber si mi gato tiene insuficiencia renal?
Solo un análisis de sangre y otro de orina pueden decir si un gato tiene insuficiencia renal. Las señales ayudan a sospecharla, pero se parecen a las de otras enfermedades comunes en gatos mayores, como la diabetes o el hipertiroidismo.
El diagnóstico se apoya en tres cosas. Las fija el consenso de la ISFM:
- la creatinina alta en la sangre;
- una orina poco concentrada, con una densidad por debajo de 1,035;
- y que esos cambios se mantengan durante semanas o meses.
La medición se repite al menos dos veces, con el gato bien hidratado y estable, pide la Sociedad Internacional de Interés Renal (IRIS, 2026). Un gato deshidratado o con otra enfermedad puede tener valores altos por un tiempo, sin que sus riñones estén dañados de forma permanente.
Además, el veterinario suele pedir:
- La proteína en la orina, medida en el laboratorio y no solo con una tira. Si el riñón deja escapar proteína, la enfermedad tiende a avanzar más rápido.
- La presión arterial, con un aparato parecido al de las personas, en la pata o en la cola.
- El fósforo, el potasio y los glóbulos rojos en la sangre.
- Una ecografía o una radiografía, para ver el tamaño de los riñones y buscar cálculos, quistes o una obstrucción.
- Un cultivo de orina, para descartar una infección.

¿Qué significa la creatinina alta o la urea alta en un gato?
La creatinina y la urea altas significan que los riñones no están limpiando bien la sangre. Las dos son desechos que el riñón sano elimina por la orina. Pero un solo valor alto no basta para hablar de enfermedad renal crónica: también sube con la deshidratación o con una obstrucción de la orina, y por eso se repite.
La creatinina tiene un problema: sube tarde. No pasa del valor normal hasta que se perdieron cerca de tres cuartas partes de las unidades de filtrado del riñón, según el Manual Merck. Además, depende del músculo: en un gato flaco puede salir más baja de lo que debería.
¿Qué es el SDMA en gatos?
El SDMA es otro marcador del funcionamiento del riñón que se mide en la sangre y que suele subir antes que la creatinina. De 21 gatos con enfermedad renal, subió antes en 17, en promedio 17 meses antes. Su valor máximo normal correspondía a una caída del filtrado de cerca de una cuarta parte (Universidad Estatal de Oregón, 2014). Los gatos del estudio eran de la colonia de una empresa de alimento para mascotas, que lo financió.
El SDMA depende menos del músculo que la creatinina, y por eso es útil en gatos flacos. Pero no reemplaza a la creatinina: IRIS aconseja medir las dos, porque el SDMA puede subir por otras causas. Y aclara que un valor alto por sí solo no basta para diagnosticar la enfermedad (IRIS, 2026).
¿Cuáles son las etapas de la enfermedad renal en gatos?
La enfermedad renal crónica del gato se divide en 4 etapas, de la 1, la más leve, a la 4, la más avanzada. Las define IRIS según la creatinina y el SDMA medidos en un gato estable (IRIS, 2026). La etapa sirve para decidir el tratamiento y para tener una idea del pronóstico.
La tabla resume qué significa cada etapa. Los valores son los de IRIS para gatos; los de tu gato pueden venir en otra unidad, y conviene que tu veterinario te los explique.
| Etapa | Qué significa |
|---|---|
| Etapa 1 (creatinina menor de 1,6 mg/dL; SDMA menor de 18 µg/dL) | El riñón ya muestra un daño, como una orina poco concentrada o un cambio en la ecografía, pero la sangre todavía sale normal. El gato no tiene señales. |
| Etapa 2 (creatinina de 1,6 a 2,8; SDMA de 18 a 25) | Pocas señales o ninguna; quizá bebe y orina más. Es el mejor momento para empezar los cuidados que frenan el avance. |
| Etapa 3 (creatinina de 2,9 a 5,0; SDMA de 26 a 38) | Aparecen señales fuera del riñón: adelgaza, come menos, vomita, se ve decaído. Pueden ser leves o marcadas. |
| Etapa 4 (creatinina mayor de 5,0; SDMA mayor de 38) | Enfermedad avanzada, con riesgo de crisis: el gato puede dejar de comer y descompensarse. El tratamiento se centra en su bienestar. |
Cada etapa lleva además dos apellidos. Uno dice si el gato pierde proteína por la orina y otro si tiene la presión alta. Los dos importan, porque los dos se tratan y los dos empeoran el pronóstico si no se controlan. IRIS da como ejemplo un gato «en etapa 2, con proteinuria en el límite e hipertensión grave».
En las etapas 1 y 2, el tratamiento busca frenar el avance. En la 4, lo que más pesa es que el gato esté bien (IRIS, recomendaciones para gatos, 2026). En todas las etapas hay que tener siempre agua fresca disponible y evitar los medicamentos que dañan el riñón.
¿La insuficiencia renal en gatos tiene cura?
La insuficiencia renal crónica en gatos no tiene cura: el daño que ya existe no se revierte. Pero sí tiene tratamiento, y el tratamiento cambia mucho las cosas. Se puede frenar el avance y aliviar las náuseas, la deshidratación, la presión alta y la anemia, de modo que el gato coma y se sienta bien.
La falla renal aguda es distinta. Si se trata a tiempo, el riñón puede recuperar parte de su función. Pero una lesión grave o repetida puede dejar una enfermedad crónica, explica el Manual Merck para dueños de gatos. Se explica más abajo, en la sección de urgencias.
¿Cuánto vive un gato con insuficiencia renal?
Un gato con insuficiencia renal crónica puede vivir desde unos meses hasta varios años, según la etapa en que se diagnostique y cómo responda al tratamiento. Cuanto antes se detecta, más tiempo suele quedar.
Una clínica de especialidades de Michigan siguió a 211 gatos. La mitad de los diagnosticados en la parte alta de la etapa 2 vivió más de 3 años. En la etapa 3, la mitad vivió más de 2 años, y en la etapa 4, más de 3 meses (Michigan, 2008). Son medianas: en cada etapa hubo gatos que vivieron mucho menos y otros mucho más, incluso gatos en etapa 4 que pasaron los 5 años.
Hay un dato esperanzador. De los gatos diagnosticados en etapa 2 en clínicas de Londres, 8 de cada 10 nunca llegaron a la etapa 4 (Royal Veterinary College, 2012). En muchos gatos, la enfermedad se mantiene estable durante largos períodos.
El mismo estudio y otros muestran qué la hace avanzar más rápido: el fósforo alto, la proteína en la orina y la anemia. Los gatos con más proteína en la orina tuvieron de 3 a 4 veces más riesgo de morir (Royal Veterinary College, 2006). Por eso los controles miden justo esas cosas: cada una se puede tratar.

¿Qué cambia en casa con un gato renal?
Con un gato renal, en casa cambian sobre todo tres cosas. Que tome más agua, que coma una comida adecuada para sus riñones sin dejar de comer, y que lo vigiles para notar a tiempo si empeora. El resto del tratamiento lo decide el veterinario según la etapa: medicamentos para las náuseas, el apetito, la presión o el fósforo, y a veces líquidos.
Ninguna de estas medidas reemplaza a las otras. Y todas tienen la misma prioridad de fondo: un gato renal necesita comer lo suficiente, porque tiende a adelgazar, insiste la guía para cuidadores de International Cat Care.
¿Cómo hacer que un gato con insuficiencia renal tome más agua?
Para que un gato renal tome más agua, lo que más ayuda es darle comida húmeda en vez de croquetas y tener agua fresca en varios lugares de la casa. Su riñón deja escapar agua por la orina, y si no la repone se deshidrata, se siente peor y se estriñe. Las recomendaciones de IRIS piden agua fresca siempre disponible en todas las etapas.
- Comida húmeda, de lata o de sobre, cuando se pueda. Con ella, el gato toma más agua en total, explica el consenso de la ISFM. La comida renal también existe en versión húmeda.
- Varios platos de agua, en lugares distintos y lejos de la comida.
- Una fuente de agua, si a tu gato le gusta: a algunos los anima a beber.
- Un poco de agua en la comida, solo si la acepta sin comer menos.
Conviene saber qué está probado. En gatos sanos, una comida con mucha humedad aumentó el agua total y diluyó la orina. El estudio se hizo en el centro de investigación de una empresa de alimento (British Journal of Nutrition, 2011). Una fuente de agua, en cambio, no cambió mucho lo que bebieron 13 gatos sanos (Virginia Tech, 2010). En gatos con enfermedad renal no hay estudios que midan estas medidas: se recomiendan por consenso de expertos, porque tienen sentido y no hacen daño. Más ideas, y qué dicen los estudios sobre fuentes y platos, en nuestra guía de cuánta agua debe tomar un gato.
¿Qué puede comer un gato con insuficiencia renal?
Un gato con insuficiencia renal debería comer una dieta renal veterinaria desde la etapa que indique su veterinario, y sobre todo debe comer lo suficiente. La dieta renal tiene menos fósforo, una proteína algo reducida y de buena calidad, y más potasio y omega-3, según International Cat Care. Existe seca y húmeda.
Es la medida de casa con más pruebas a favor:
- Hay un solo ensayo con sorteo, de 45 gatos en etapas 2 y 3. En 2 años, ninguno de los que comían dieta renal tuvo una crisis urémica, frente al 26 % de los que comían una dieta común. También murieron menos por causa renal (Universidad de Minnesota, 2006).
- En Londres, los gatos que aceptaron la dieta renal vivieron una mediana de 633 días, frente a 264 los que no (Royal Veterinary College, 2000). No hubo sorteo: los que no la aceptaron quizá estaban más enfermos.
- En los Países Bajos, la mediana fue de 16 meses con dietas renales y de 7 con dietas comunes, en 321 gatos (Universidad de Utrecht, 2005).
El beneficio se atribuye sobre todo al menor fósforo, según el consenso de la ISFM. Cuánto hay que bajar la proteína sigue en discusión. La ISFM recomienda bajarla solo un poco y vigilar el músculo, porque quitarle mucha proteína le hace perder masa muscular. Una revisión va más allá: mantener el peso y el músculo puede importar más que la dieta especial (Veterinary Clinics, 2016).
Por eso la dieta renal no se da a cualquier gato mayor «por si acaso». IRIS aconseja considerarla en la etapa 2, cuando el gato todavía tiene buen apetito y la acepta más fácil. Desde la etapa 3, aconseja darla (IRIS, 2026). En algunos gatos con el fósforo normal, la dieta renal puede subir el calcio, y el veterinario lo controla.

¿Cómo pasar a la comida renal sin que deje de comer?
El cambio a la comida renal se hace despacio, en 7 a 14 días o más, con la comida de siempre y la nueva lado a lado, en porciones pequeñas. Así lo aconseja International Cat Care, y así lo explicamos en la guía de por qué mi gato no quiere comer. También puedes mezclar un poco de la nueva con la de siempre e ir aumentándola poco a poco.
El momento importa. No estrenes la comida renal mientras tu gato tiene náuseas, está decaído o internado. Un gato puede asociar la comida nueva con el malestar y rechazarla después, aunque ya se sienta bien. La guía de la ISFM para gatos hospitalizados pide no darles dietas nuevas durante la internación, y nunca obligarlos a comer (ISFM, 2022). Espera a que se sienta mejor y coma con regularidad.
¿Y si mi gato no quiere comer la comida renal?
Si tu gato no quiere comer la comida renal, no lo dejes sin comer esperando que ceda. Sigue dándole su comida de antes y habla con tu veterinario. Lo primero es que coma algo, advierte International Cat Care. Un gato que pasa días sin comer corre otros riesgos, como la enfermedad del hígado que explicamos en la guía de por qué mi gato no quiere comer.
Le pasa a muchos gatos: la comida renal es menos sabrosa, en parte porque lleva menos proteína. En Londres, 21 de 50 gatos de un estudio no llegaron a comerla (Royal Veterinary College, 2000). Lo que puede ayudar, según International Cat Care:
- Probar otra comida renal, de otro sabor, otra textura o en versión húmeda o seca.
- Entibiarla hasta la temperatura del cuerpo, unos 30 °C, para que huela más.
- Darle de comer en un lugar tranquilo, lejos de otros animales.
- No esconderle los medicamentos en la comida: puede rechazarla. Mejor dárselos en otro momento.
- Tratar las náuseas y el apetito: el veterinario tiene medicamentos para eso.
Si aun así la rechaza, hay otros caminos. Algunos gatos aceptan una parte de su comida diaria en dieta renal y el resto en otra comida. Y el veterinario puede indicar un medicamento que reduce el fósforo que el gato absorbe de su comida de siempre. Estas opciones las recoge International Cat Care.
¿Puede comer pollo, huevo o premios un gato renal?
Un gato renal puede comer pequeñas cantidades de otros alimentos solo si su veterinario está de acuerdo. El pollo, el huevo, el pescado y muchos premios aportan proteína y fósforo fuera de la dieta renal, que funciona justamente porque limita el fósforo. Una excepción: si el gato no come nada más, comer algo siempre es mejor que no comer, y eso se habla con el veterinario.
Es más común de lo que parece. En una encuesta a dueños de gatos renales, más de la mitad daba premios comerciales y casi 4 de cada 10, suplementos (Universidad Tufts, 2015). Cuéntale a tu veterinario todo lo que come tu gato, también lo que parece pequeño.
¿Sirve una comida casera para un gato renal?
Una comida casera para un gato renal solo es segura si la diseña un especialista en nutrición veterinaria. Las recetas de internet suelen quedarse cortas. En 67 recetas caseras para perros y gatos con enfermedad renal, ninguna cumplía todas las necesidades nutritivas. A casi la mitad de las de gatos les faltaba proteína o algún aminoácido esencial, y a muchas, otros nutrientes (UC Davis, 2012).
¿Sirven los remedios caseros para los riñones del gato?
No hay remedios caseros probados para la insuficiencia renal de los gatos. Las hierbas que se recomiendan en internet para «limpiar» o «desintoxicar» los riñones vienen de consejos para personas, y no hay estudios en gatos. Algunas plantas, como los lirios, son muy tóxicas para ellos. Lo mismo vale para los suplementos «naturales» que se venden para el riñón. Hacen falta estudios controlados para saber si alguno sirve, advierte el Centro de Salud Felina de Cornell.
Tampoco es cierto que «no haya nada que hacer». Lo que sí tiene pruebas es la dieta renal, el agua, el control de la presión y del fósforo, y tratar las náuseas y el apetito. Antes de darle cualquier producto, consúltalo con su veterinario.
¿Qué es el suero subcutáneo para gatos renales?
El suero subcutáneo es líquido estéril que se pone bajo la piel del gato con una aguja fina; desde ahí pasa a la sangre y lo hidrata. Se usa sobre todo en las etapas 3 y 4, cuando el gato no logra beber lo que pierde. Se decide caso por caso, según el consenso de la ISFM. Solo se pone si lo indica el veterinario, que enseña cómo hacerlo, cuánto y cada cuánto, y entrega el material.
Muchos dueños temen no poder hacerlo, pero la mayoría lo logra. En una encuesta de 468 gatos, al 85 % de los dueños les resultó fácil o aceptable. Entibiar el líquido o darle un premio después ayudaba a que el gato lo tolerara (Universidad Estatal de Colorado, 2018). Más suero no es mejor: demasiado líquido también hace daño, y por eso la cantidad la fija el veterinario.
¿Cada cuánto hay que llevar a control a un gato renal?
Un gato renal estable suele ir a control cada pocos meses, con un ritmo que fija el veterinario según la etapa. Al empezar o cambiar un tratamiento, o si aparece algo nuevo, los controles son antes. IRIS pide, por ejemplo, revisar al menos cada 3 meses a los gatos con la presión alta ya estabilizados. Y repetir el fósforo cada pocas semanas mientras se ajusta su tratamiento (IRIS, 2026).
La presión arterial se mide en cada control, porque la enfermedad renal la sube. Si no se trata, puede dañar los ojos, el cerebro, el corazón y los propios riñones. Es una complicación común en los gatos mayores (ISFM, 2017). Por suerte, el tratamiento diario la controla muy bien, explica International Cat Care.
Entre un control y otro, tú eres quien mejor puede notar los cambios. Anota:
- Su peso, cada pocas semanas, en una balanza de bebé o para mascotas.
- Cuánto come: si deja comida o tarda más en comer.
- El arenero: más orina o más mojada, o heces duras y escasas.
- Vómitos, babeo o decaimiento.
- Sus ojos: si choca con los muebles o parece desorientado, puede haber perdido la vista por la presión. Es una urgencia.
¿Un gato con insuficiencia renal sufre?
Un gato con insuficiencia renal bien tratado puede vivir sin sufrir durante meses o años. Lo que le hace daño son las náuseas, la deshidratación, la presión alta o la anemia sin tratar, y todas tienen alivio. Por eso, cuando la enfermedad avanza, lo más importante pasa a ser que el gato esté bien, según las recomendaciones de IRIS.
En la etapa final, algunas señales dicen que su vida ya no es buena. Deja de comer pese al tratamiento, vomita sin control, sigue adelgazando, se esconde o ya no hace lo que le gustaba. Es el momento de hablarlo con el veterinario. Los cuidados paliativos sirven para aliviar el dolor, la ansiedad y los problemas para moverse o comer. Y cuando ya no alcanzan, la eutanasia es un final humanitario. Es «una opción de tratamiento para un gato enfermo, no un fracaso», dicen las pautas para gatos mayores de la Asociación Americana de Veterinarios de Felinos (AAFP).
¿Se puede prevenir la enfermedad renal en gatos?
La enfermedad renal crónica no se puede prevenir del todo, porque en la mayoría de los gatos no se conoce su causa. Pero sí se puede detectar a tiempo, cuando los cuidados rinden más, y se pueden evitar las causas de una falla aguda.
- Controles desde los 7 años. El consenso de la ISFM aconseja una revisión cada 6 meses desde los 7 años, con análisis de sangre al menos una vez al año. Las pautas de la AAFP incluyen análisis de sangre y orina y la presión arterial. Todo lo que cambia con la edad está en nuestra guía del perro o gato mayor.
- Pesarlo con regularidad, porque adelgazar puede ser la primera señal.
- Cuidar sus dientes. La enfermedad de las encías se asoció con más riesgo renal en 169.242 gatos de Estados Unidos (JAVMA, 2018). No está probado que tratar los dientes evite la enfermedad, pero la boca sana le ahorra dolor. La edad avanzada no debe impedir el tratamiento dental con anestesia, dice la AAFP: el veterinario ajusta los líquidos y las dosis a un gato mayor.
- Agua a mano y comida húmeda en su dieta.
- Nada de lirios ni de anticongelante a su alcance, ni medicamentos de personas.
- En persas y exóticos, la prueba genética de poliquistosis antes de criar.
Falla renal aguda: cuándo es una urgencia
La falla renal aguda es un daño repentino de los riñones, en horas o días. Es una urgencia: hay que ir al veterinario de inmediato. A diferencia de la crónica, a veces se puede revertir si se trata a tiempo, pero es grave. En un hospital de Nueva York sobrevivió la mitad de 32 gatos. Y cerca de la mitad de los que sobrevivieron quedó con daño en los riñones (Animal Medical Center, 2008).
Sus señales llegan de golpe: vómitos, decaimiento, no come, se deshidrata y orina muy poco o nada. Un gato que deja de orinar está en peligro. Las causas más comunes que puede evitar un dueño son tres: los lirios, el anticongelante y la obstrucción de la orina.
¿Los lirios son venenosos para los gatos?
Sí. Los lirios verdaderos y los lirios de día pueden matar a un gato por falla renal en menos de 3 días. Toda la planta es tóxica: el tallo, las hojas, las flores, el polen y hasta el agua del florero. Basta con morder un pedazo de hoja o de pétalo, lamerse unos granos de polen del pelo o beber el agua del florero, advierte la FDA de Estados Unidos. El tóxico, que solo afecta a los gatos, todavía no se conoce.
Son peligrosos los del género Lilium, que en México, Colombia y Argentina se venden como azucenas, lilium o lirios, en ramos y en macetas. También los del género Hemerocallis, los lirios de día, comunes en jardines. Se reconocen por sus flores en forma de trompeta, de seis pétalos, con estambres largos cargados de polen naranja o café. Los lirios «sin polen» tampoco son seguros, porque toda la planta es tóxica (International Cat Care).

Otras plantas que llaman «lirio» no dañan el riñón. La cala o alcatraz y el lirio de la paz irritan la boca, y el lirio peruano no causa falla renal. El lirio de los valles es distinto: es peligroso para el corazón (FDA). Ante la duda con cualquier planta, consulta.
Los primeros síntomas aparecen en las primeras 12 horas: vómitos, babeo, falta de apetito y decaimiento. La falla renal llega entre las 24 y las 72 horas. Si el tratamiento empieza 18 horas o más después de comer la planta, suele ser irreversible (FDA). Con un tratamiento rápido, el pronóstico es muy bueno: en un hospital de la Universidad de Pensilvania, los 25 gatos tratados a tiempo sobrevivieron (Pensilvania, 2013).
Por eso, si tu gato pudo morder un lirio o tocar su polen, llévalo al veterinario en ese momento, aunque se vea bien. No esperes a que aparezcan los síntomas. Lleva la planta o una foto. Y si tienes gato, lo más seguro es no tener lirios en casa ni en el jardín, ni siquiera en un ramo de regalo.

¿Qué pasa si un gato toma anticongelante?
El anticongelante del auto puede matar a un gato con una o dos cucharaditas, según el Manual Merck. Casi todos los anticongelantes y refrigerantes del radiador tienen etilenglicol, un líquido de sabor dulce que les resulta atractivo. Algunos limpiaparabrisas y descongelantes también tienen sustancias tóxicas para los gatos, advierte International Cat Care.
Al principio, el gato parece borracho: se tambalea y vomita. Entre las 12 y las 24 horas llega la falla renal (Manual Merck). El margen para tratarlo es muy corto. En gatos de laboratorio, los que recibieron el tratamiento dentro de las 3 horas sobrevivieron. Los tratados a las 4 horas ya hicieron falla renal (Universidad Estatal de Colorado, 2010).
Si crees que tu gato lamió anticongelante, o lo ves tambalearse cerca de un auto o un garaje, ve al veterinario de inmediato, sin esperar señales. Para prevenirlo, guarda los envases bien cerrados y lejos de su alcance, y limpia cualquier derrame enseguida, cubriéndolo con arena para gatos o aserrín. Existen anticongelantes con propilenglicol, que no es dulce y es menos atractivo para los animales (Manual Merck).
Mi gato no puede orinar: ¿es grave?
Sí, es una urgencia, sobre todo en un gato macho. Si entra y sale del arenero, hace fuerza sin sacar orina o solo unas gotas, llora al intentarlo, se lame los genitales o vomita, puede tener la uretra tapada. Un gato con la uretra tapada del todo puede morir en 2 o 3 días sin tratamiento, y a veces antes, según el Centro de Salud Felina de Cornell y el Manual Merck.
El peligro es que la orina que no sale hace subir el potasio en la sangre, y eso altera el ritmo del corazón. Los machos corren más riesgo porque su uretra es más larga y estrecha. Puede confundirse con estreñimiento: ante la duda, llévalo ese mismo día. Nunca esperes a ver si mejora.
También pueden taparse los uréteres, los tubos que llevan la orina del riñón a la vejiga, casi siempre por pequeños cálculos. Esa obstrucción se diagnostica cada vez más en gatos y da señales vagas: no come, vomita, está decaído, adelgaza (UC Davis, 2005). Fue la causa más frecuente de falla aguda grave en 132 gatos tratados con diálisis, con el 35 % (Universidad Hebrea de Jerusalén, 2013).
¿Qué más puede dañar los riñones de un gato de golpe?
- Los analgésicos y antiinflamatorios de personas. Nunca le des a tu gato un medicamento para personas: varios de los más comunes pueden dañarle los riñones o el hígado. También algunos medicamentos veterinarios mal usados pueden dañar el riñón, explica el Manual Merck: dale solo lo que indique su veterinario, en la cantidad que indique.
- Una infección del riñón, más frecuente en gatas mayores que ya tienen enfermedad renal (Universidad Estatal de Kansas, 2024).
- Una deshidratación grave o una presión muy baja, por ejemplo durante una enfermedad o una anestesia. Por eso, en los gatos mayores, el veterinario suele pedir análisis antes de anestesiarlos.
- Las uvas y las pasas: son tóxicas para los perros, pero en gatos los estudios no coinciden. En 13 gatos de los Países Bajos que las comieron, ninguno tuvo falla renal (Utrecht, 2022). Por prudencia, no se las des, y consulta si las comió.
¿Debo hacerlo vomitar si comió algo tóxico?
No. No intentes hacer vomitar a tu gato en casa, salvo que tu veterinario te lo indique. El agua oxigenada, que a veces se usa en perros, le provocó a un gato una lesión grave del estómago (Houston, 2017). Y no hizo vomitar a ninguno de los 3 gatos que la recibieron en otro estudio (JAVMA, 2015). La sal tampoco: puede causar una intoxicación mortal (Universidad Estatal de Iowa).
Lo que sí sirve es llamar a tu veterinario o ir a una clínica de urgencias de inmediato, con la planta, el envase o una foto. Ayuda saber decir qué comió, cuánto y a qué hora (International Cat Care). Lo que hacer mientras llegas lo cuenta nuestra guía de primeros auxilios para perros y gatos.
Preguntas frecuentes
¿La enfermedad renal en gatos es contagiosa?
No. La enfermedad renal crónica es un desgaste del propio riñón, no una infección que pase de un gato a otro. Si tienes varios gatos mayores, igual conviene que todos tengan sus controles, porque es común con la edad.
¿Las vacunas causan fallo renal en los gatos?
No hay pruebas de que las vacunas causen enfermedad renal. Algunas vacunas inyectables hacen que el gato produzca anticuerpos que también reconocen proteínas de su riñón. Pero los gatos vacunados en esos estudios no enfermaron de los riñones (Universidad Estatal de Colorado, 2005; AJVR, 2022). Un estudio pequeño de Bristol asoció la vacunación muy frecuente con más riesgo, sin probar que fuera la causa (Bristol, 2016). Las vacunas esenciales protegen de enfermedades mortales: no dejes de vacunar, y habla con tu veterinario de cada cuánto conviene a tu gato.
¿Qué pasa en la etapa 4 o etapa terminal?
En la etapa 4, los riñones funcionan muy poco y aumenta el riesgo de crisis. El gato puede dejar de comer, vomitar, deshidratarse y debilitarse en pocos días (IRIS). El tratamiento se centra en su bienestar: hidratación, comida y alivio de las náuseas. Algunos gatos viven meses así, y unos pocos, años.
¿Un gato renal puede vivir solo con la dieta, sin medicamentos?
En las primeras etapas, a veces sí: el agua, la dieta y los controles pueden bastar por un tiempo. Pero la presión alta, la proteína en la orina, el fósforo alto, las náuseas o la anemia tienen cada una su tratamiento. Dejarlas sin tratar acorta su vida. Lo decide el veterinario con los análisis.
¿Por qué mi gato renal está estreñido?
Un gato renal se estriñe porque pierde agua por la orina y le falta para las heces, que salen duras y secas, explica International Cat Care. La falta de potasio, común en los gatos renales, también puede contribuir (ISFM). Más agua y comida húmeda ayudan, y el veterinario puede indicarle algo más. Si hace fuerza en el arenero, asegúrate de que no sea la orina lo que no sale: eso es una urgencia.
Un diagnóstico de enfermedad renal no es una cuenta regresiva. Es el comienzo de otra forma de cuidar a tu gato: más agua, la comida adecuada, controles y mucha atención a cómo se siente. Muchos gatos renales siguen años en su sillón favorito, y lo que más ayuda es lo que tú puedes hacer: notar los cambios a tiempo y no esperar.
Esta guía es informativa y no reemplaza la consulta con un veterinario.
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