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Historias emotivas

Un hombre de 84 años llevaba una semana perdido en el monte de Sonora cuando los agentes siguieron a su perro criollo

Gregorio Romero, Don Goyo, de 84 años, salió a caminar en Moctezuma, Sonora, y no regresó. Después de tres días de operativo sin dar con él, los agentes fueron detrás de Palomo, su perro criollo de dos años.

Un hombre de 84 años llevaba una semana perdido en el monte de Sonora cuando los agentes siguieron a su perro criollo

Palomo era un perro criollo de dos años, de pelo café y sin ninguna raza que presumir, y a finales de noviembre de 2022 se quedó sin su persona. Durante una semana, el hombre con el que vivía en Moctezuma, Sonora, estuvo perdido en un monte despoblado de lomas, veredas y cañadas, y ninguno de los que lo buscaron con los ojos dio con él. Pero en algún lugar de ese monte estaba el olor de su persona.

Una tarde de domingo

Ese hombre era Gregorio Romero, Don Goyo, de 84 años. El domingo 27 de noviembre, por la tarde, salió a caminar y no regresó.

En su familia sabían por qué preocuparse: según contaron, Don Goyo tenía problemas de memoria.

Su sobrina Ramona y otros parientes salieron a buscarlo por la ciudad, a un punto y después a otro, y a otro más, sin encontrarlo. Lo buscaban en las calles. Mientras tanto, él estaba en el monte.

Así pasaron cuatro días, sin que nadie lo buscara donde estaba.

Tres días de operativo

El 1 de diciembre llegó la denuncia, y la búsqueda cambió de tamaño. Al monte salieron agentes ministeriales, la Guardia Nacional, la Policía Municipal y Protección Civil, y con ellos, un perro especializado en búsqueda.

Ese perro tenía la nariz de cualquier perro: si los receptores de olor de la tuya llenaran un frasco, los de la suya llenarían entre 25 y 60. Con esa nariz y con todos esos ojos, el operativo recorrió el monte.

Primer plano de la nariz de un perro, con su textura y sus dos orificios nasales
La nariz de un perro vista de muy cerca, con su textura y sus dos orificios nasales. Foto: Clint Budd / Wikimedia Commons, CC BY 2.0.

Pasó el 2 de diciembre. Pasó el 3. Para un hombre de 84 años, solo en un terreno sin casas, cada día pesaba más que el anterior. Y Don Goyo seguía sin aparecer.

Otro domingo, el mismo monte

El 4 de diciembre era domingo otra vez. Justo una semana después de aquella tarde salió un nuevo operativo, y esta vez, delante de los agentes, iba Palomo.

Palomo no formaba parte del equipo de búsqueda: era el perro de Don Goyo, con la misma nariz que el especialista que llevaba tres días sin resultado. Ir detrás de un perro de casa era confiar en otra clase de guía. Y los agentes fueron detrás de él.

Palomo los llevó por lomas, por veredas y por cañadas, en un terreno despoblado donde cada loma tapa lo que hay detrás y cada cañada esconde su fondo hasta que te asomas al borde.

Huellas de perro y pisadas de botas que suben por el fondo arenoso de una cañada seca, entre ramas de mezquite y paredes de roca
Huellas de perro y, encima, pisadas de botas en el fondo de una cañada seca: en un monte así, las paredes de roca y los mezquites esconden lo que viene en cada curva.

Treinta canchas de distancia

A unos tres kilómetros del lugar donde lo habían visto por última vez, Palomo llevó a los agentes hasta Don Goyo.

Tres kilómetros son unas treinta canchas de fútbol puestas en fila. Esa era toda la distancia, y entre lomas y cañadas había bastado para esconderlo una semana entera.

Lo internaron en un hospital del Seguro Social, donde le diagnosticaron deshidratación y desnutrición. Pero estaba vivo.

Qué siguió Palomo en cada vereda, nadie lo ha contado. Lo que sí se conoce es lo que pasa en el cerebro de un perro cuando huele a su gente.

En 2015, un grupo de investigadores observó con un escáner el cerebro de apenas 12 perros mientras olían cinco muestras de olor: la suya, la de un perro conocido, la de uno desconocido, la de una persona desconocida y la de una persona conocida. La que más encendió la zona ligada a la recompensa fue la de la persona conocida, aunque esa persona no estuviera ahí. Ni su propio olor le ganó.

Para esos perros, el olor de su gente encendía, por sí solo, la zona de la recompensa más que ningún otro.

Primer plano de una perra de pelo atigrado y hocico canoso que mira a la cámara
Una perra de pelo atigrado y hocico canoso mira a la cámara. Foto: Pittigrilli / Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0.

Al día siguiente del hallazgo, la Fiscalía de Sonora lo confirmó, y la historia del perro criollo que guio a los agentes por el monte empezó a contarse en todo México. Don Goyo pasó dos días en el hospital. Después le dieron de alta y volvió a su casa, en Moctezuma.

En ese monte caminaron agentes, policías, rescatistas y un perro especializado, y todos buscaban a un hombre de 84 años. Palomo, con sus dos años y su pelo café, buscaba a su persona. Y la encontró.

Fotos de la nariz de un perro (Clint Budd / Wikimedia Commons, CC BY 2.0) y de una perra de pelo atigrado (Pittigrilli / Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0). Las demás imágenes fueron generadas con IA para ilustrar el contenido.

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