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Historias emotivas

Una perra callejera cruzó el tráfico de Nairobi con un bulto que no era comida

En mayo de 2005, una perra de la calle que todavía amamantaba cruzó una calle de mucho tráfico en las afueras de Nairobi con un bulto envuelto en tela negra y lo llevó hasta el cobertizo de sus cachorros. Lo que había adentro le dio, pocos días después, un nombre.

Una perra callejera cruzó el tráfico de Nairobi con un bulto que no era comida

Una perra que todavía amamantaba a sus cachorros se metió entre los carros de una calle de mucho tráfico, en las afueras de Nairobi, con un bulto envuelto en una tela negra y sucia. No era comida. Adentro, metida en una bolsa de plástico, iba una bebé que alguien había abandonado.

Era el viernes 6 de mayo de 2005, en Kenia. Del otro lado de la calle la esperaba su camada, y lo que la perra hizo al llegar le iba a dar, pocos días después, un nombre.

Tejados, árboles y edificios de Nairobi vistos desde lo alto bajo un cielo brumoso
Nairobi, la capital de Kenia, vista desde lo alto. Foto: Daniel Case / Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0.

Entre los carros y el alambre

Stephen Thoya la vio cruzar y se fijó en la tela negra y sucia que envolvía la carga.

Era una perra de la calle, pero no estaba sola. Vivía en un predio de un barrio de bajos ingresos, pegado al bosque de Ngong, junto a los niños de la familia Omondi.

Tres niños pequeños rodean y acarician a una perra mestiza de pelo corto y dorado, sentada en el pasto
Tres niños rodean y acarician a una perra sentada en el pasto. La perra que cruzó la calle con el bulto también tenía niños cerca: vivía en un predio, junto a los de una familia del barrio.

El camino a casa era corto, pero no fácil. Después de la calle venía una cerca de alambre de púas, y la perra la cruzó también, con su carga a cuestas. Del otro lado había un cobertizo donde se refugiaban los cachorros de dos perras, los suyos entre ellos. Ahí dejó el bulto.

Un llanto en el cobertizo

Entonces, dos niños oyeron llorar a alguien dentro del cobertizo y corrieron a avisar a los adultos.

Una mujer con una kanga se agacha en la entrada baja de un cobertizo de lámina mientras dos niños señalan hacia adentro y una perra levanta la cabeza en la puerta
Una vecina se asoma a un cobertizo de lámina mientras dos niños señalan hacia adentro. Fue un llanto lo que llevó a los adultos hasta ahí.

Dentro de la bolsa de plástico encontraron a una bebé. Pesaba poco más de tres kilos, algo más que tres botellas de agua de un litro. Y seguía viva.

En ese momento, toda la prisa era para ella. Mary Adhiambo, vecina del predio donde vivía la perra, la bañó y salió corriendo con ella al Hospital Nacional Kenyatta.

Dos días en algún lugar

En el hospital, los médicos la trataron por haber pasado tiempo a la intemperie y por una infección en el cordón umbilical. La bebé quedó estable y con antibióticos. Y los médicos calcularon algo más: llevaba unos dos días abandonada cuando la perra dio con ella.

Fachada de hormigón de una sección del Hospital Nacional Kenyatta, en Nairobi
La fachada de una sección del Hospital Nacional Kenyatta, en Nairobi. Foto: Rotsee / Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0.

Dos días sola, envuelta en una bolsa. Dónde los pasó, nadie lo supo con certeza. Mary Adhiambo creía que la perra la había encontrado en el bosque de Ngong, que empieza casi a la orilla del barrio. Otros contaron que fue en un basurero cerca del hipódromo. En las dos versiones, la perra andaba buscando comida.

«Si ocurrió como se ha contado»

La noticia corrió y llegó hasta el gobierno. Su vocero, Alfred Mutua, dijo que las autoridades estaban investigando y que, si todo había ocurrido como se contaba, era algo fuera de lo común.

Pero ese «si» pesaba. El vocero y otros pusieron en duda el papel de la perra en el rescate, y en el hospital también hubo médicos que descartaron la historia.

Stephen Thoya, en cambio, contó lo que vio: una perra que cruzaba la calle cargando a una bebé envuelta en una tela negra sucia. Ni siquiera el trayecto quedó contado de una sola forma. Él y otros dijeron que la llevaba cargada; también se dijo que, al parecer, la fue arrastrando.

Mkombozi

Pero los que entraron primero al cobertizo no tenían que creerle a nadie. Habían visto con sus propios ojos dónde estaba la bebé: acostada junto a la perra y a uno de sus cachorros, como si fuera parte de la camada.

La perra no la había dejado en cualquier rincón. La había puesto cerca de sus cachorros y se había echado a su lado, y ahí se quedó hasta que alguien llegó a verla.

En esos días llegó la gente de la Sociedad Protectora de Animales de Kenia. A la bebé la había bañado Mary Adhiambo; ahora el baño le tocaba a la perra. La bañaron y la desparasitaron por primera vez, y le pusieron un nombre en suajili: Mkombozi, que quiere decir «salvadora».

Un trabajador de la Sociedad Protectora de Animales de Kenia agachado junto a un perro negro, en una foto en blanco y negro
Un trabajador de la Sociedad Protectora de Animales de Kenia se agacha junto a un perro suelto. Foto: Stevewallz / Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0.

El 11 de mayo, cinco días después del rescate, Mkombozi posó para una foto en el predio con Felix Omondi, un niño de 11 años, y sus hermanos menores, Kennedy y Collins. La familia de Felix, que vivía ahí, se había quedado con ella.

La bebé pasó seis meses en una casa hogar, y después una familia la adoptó. Y, según se contó años después en Kenia, Mkombozi vivió otros nueve años y llegó a viejita.

Alguien dejó a esa bebé atrás, envuelta en una bolsa y en una tela sucia. Una perra de la calle, con sus propias crías esperándola, la llevó entre los carros y a través del alambre de púas, y se la llevó a casa, con los suyos.

Fotos de Nairobi (Daniel Case / Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0), del Hospital Nacional Kenyatta (Rotsee / Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0) y de un trabajador de la Sociedad Protectora de Animales de Kenia (Stevewallz / Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0). Las demás imágenes fueron generadas con IA para ilustrar el contenido.

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