Un gallo con fama de gruñón conoce a su pollito, y su reacción conmueve a quienes crían gallinas
Rommie es un gallo, y los gallos tienen fama de cascarrabias y de vigías incansables. Esto fue lo que pasó cuando conoció a su pollito, con la gallina Lily al lado.

El pollito apenas ocupa espacio. Es una bolita de pelusa recién llegada al mundo, metida en el hueco tibio que dejan dos cuerpos con plumas. De un lado está Lily, la gallina. Del otro, Rommie, el gallo.
Lily parece tenerlo todo bajo control: cuidar a las crías suele ser asunto de mamás. La incógnita es Rommie. Porque acaba de convertirse en papá, y los gallos no tienen precisamente fama de tiernos.
Un vigía con mala fama
Los gallos cargan con una reputación de cascarrabias y agresivos. Y algo de cierto hay en eso: su trabajo es vigilar.
Según cuentan en Montegatta Farm, mientras las gallinas buscan comida, el gallo no deja de mirar a su alrededor. Si detecta un peligro, lanza un llamado urgente y ellas se dispersan a esconderse. Si hace falta, se interpone entre la amenaza y su bandada aunque se arriesgue, o se aleja corriendo para que el depredador lo persiga a él.
También separa a las gallinas cuando discuten. Y tiene un costado romántico: cuando una gallina pone un huevo, él imita su canto, como si le dedicara una serenata.
Pero las caricias a los pequeños casi siempre corren por cuenta de las mamás. Así que la pregunta seguía ahí: ¿qué iba a hacer Rommie frente a ese pollito?
Por un momento, sin guardia
La respuesta quedó grabada en un video que la cuenta @rawood90 compartió en TikTok.
El pollito descansa entre sus padres y recibe el calor de los dos. Entonces Rommie se inclina hacia él, despacio. Apoya la cara sobre su cría, cierra los ojos y se queda así unos instantes, como si quisiera llenarse de esa cercanía.
El guardián de la bandada, el que vive pendiente de cualquier amenaza, tiene los ojos cerrados.
«Nunca vi a un gallo reaccionar así cuando se convierte en papá», decía el texto sobre el video. Y es que, al parecer, no es lo que un gallo suele hacer.
Mientras tanto, Lily no mueve una pluma. No reclama su lugar ni interrumpe: se queda perfectamente quieta y les regala ese momento a los dos. El pollito tampoco tiene apuro. Se queda ahí, recibiendo cada gota de cariño.
Un granero a las cuatro de la mañana
Del otro lado de la pantalla, los seguidores se derritieron.
«Qué ternura. Nunca había visto a un gallo acurrucar la cara contra sus crías», celebró una persona. Otra lo tomó con humor: «Ahora los gallos rompen maldiciones generacionales. Qué buena época para estar vivos».
Y hubo quien lo miró desde su propio corral:
«Los que no crían gallinas no saben lo especial que es esto. Estoy llorando en mi granero a las cuatro de la mañana».
Quien convive con gallos conoce al vigía que da la alarma y se planta delante del peligro. Por eso sabe lo que vale verlo así, con la guardia baja.
Esta vez no hubo grito de alerta ni amenaza que enfrentar. Rommie solo inclinó la cabeza hacia su pollito, con Lily a un lado, y cerró los ojos unos segundos. Y en esos pocos segundos, cualquiera que mirara el video pudo saber qué clase de padre le tocó a ese pequeño.
La vigilancia podía esperar. Su guardián estaba justo donde tenía que estar: en ese hueco tibio, junto a su cría.
Imagen principal: @rawood90.
Sigue leyendo
- Le dijeron que no cabía otro perro: Millie Bobby Brown y la granja ruidosa de Georgia
- Titán resistió solo con una cadena hundida en el cuello; su pelea más dura apenas empieza
- Tres semanas después del tsunami de Japón, una perra sobre un techo a la deriva huía de quienes iban a salvarla
- Perdió un vuelo, el siguiente se retrasó y junto al aeropuerto lo esperaba un gatito naranja perdido
- El husky que nadie mandó y que no dejó sola a una excursionista herida en Alaska

Conversación
Únete a la conversación
Los comentarios y el formulario se cargan solo cuando abras esta sección.