Un perro con un envase atascado en la cara huía de todos, menos de una persona
Un envase de plástico le cubría la cara desde Halloween y el perro huía de los rescatistas que querían quitárselo. La ayuda llegó por donde nadie la esperaba.

Debajo de los autos, un perro callejero se arrastraba con la cabeza entera metida en un envase de plástico. Le costaba respirar. Y cada vez que alguien intentaba acercarse para ayudarlo, salía corriendo.
Así llevaba días. En Halloween, a alguien se le ocurrió que sería divertido ponerle ese envase en la cabeza. Para el perro no tuvo nada de broma: desde entonces no había podido comer ni beber.
La rescatista Suzette Hall lo vio y ya no pudo pensar en otra cosa. «No podía dormir. No podía dejar de pensar en él», escribió en Facebook.
Escondido de quienes querían ayudarlo
Suzette y quienes la ayudaban pasaron horas y horas buscándolo, esperándolo y tratando de acercarse lo suficiente para sacarle el envase.
Pero el miedo lo tenía en guardia. Se escondía entre los arbustos, se metía debajo de los autos y huía de las mismas personas que querían salvarle la vida.
«Cada vez que lo veía con ese envase horrible en la cara, se me rompía un poco más el corazón», escribió Suzette. Probaron todo lo que se les ocurrió. Y los días pasaban.
Alguien en quien sí confiaba
Entonces les llegó una pista. El perro que escapaba de todos tenía un amigo: un niño pequeño.
Suzette y su equipo lograron hablar con él y con su familia. Le consiguieron una correa de lazo, le enseñaron a usarla y le explicaron lo que tenía que hacer.
El nuevo integrante del rescate no tenía experiencia, pero tenía la amistad del perro. Mientras tanto, los adultos se quedaron atentos, listos para salir en cuanto sonara el teléfono.
Las 5 de la mañana
El teléfono de Suzette sonó a las 5 de la mañana. Era el niño: «¡Lo tengo! ¡Lo tengo! ¡Lo tengo!».
Ella se echó a llorar. Y enseguida se topó con un problema: su auto estaba descompuesto y todavía intentaba repararlo. No podía llegar.
Pero había algo que no podía esperar, y era sacarle ese envase de la cara. Así que el niño y su mamá lo intentaron con todas sus fuerzas. Tiraron una vez, y otra, y otra, y el plástico no cedía. Hasta que, de pronto, se soltó.
El susto pudo más. El perro cortó la correa a mordiscos y volvió a escaparse.
En cuanto le devolvieron el auto, Suzette manejó hasta la zona lo más rápido que pudo. Desde ahí, mientras intentaba atraparlo, escribió su publicación. Y le dejó un mensaje al perro: «No vamos a rendirnos contigo. Ni hoy ni mañana. Hemos llegado demasiado lejos».
Tenía, eso sí, lo que llevaba días esperando ver: las fotos de su cara sin el envase. «Jamás en mi vida me había alegrado tanto ver la cara de un perro», escribió.
Al niño le dedicó unas líneas aparte: «Le diste algo que ningún adulto había podido darle en días: alivio, esperanza, una oportunidad».
Si esta noche el perro vuelve a meterse debajo de un auto, lo hará con la cara al aire. Y con la oportunidad, por fin, de comer, beber y respirar, gracias al amigo que él mismo eligió.
Imagen principal: Suzette Hall.
Sigue leyendo
- El cachorro salchicha azul moteado que posó de traje y dejó a todos queriendo llevárselo
- Tres familias, cuatro llegadas al refugio y un cachorro que aún no cumplía un año
- Un gallo con fama de gruñón conoce a su pollito, y su reacción conmueve a quienes crían gallinas
- Casi mil días viendo a otros perros irse a casa: la espera de Sadie
- Una doberman pasó 28 días en un sótano sepultado por los terremotos de Turquía, y no estaba sola

Conversación
Únete a la conversación
Los comentarios y el formulario se cargan solo cuando abras esta sección.