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Perrita que quedó atrás debido al Covid-19 viaja 10.000 millas para reunirse con su familia

Una linda perrita salchicha que quedó atrás debido al Covid-19, puede reunirse de nuevo con su familia después de hacer un largo viaje.

Pipsqueak (Pip) es una perrita salchicha que quedó varada en Carolina del Norte, Estados Unidos, en medio de las medidas estrictas por la pandemia y recientemente tuvo que viajar más de 10.000 millas para reunirse con su familia.

Debido a que las fronteras se cerraron rápidamente cuando comenzó la pandemia, Zoe y Guy Eilbeck, junto con sus hijos, tuvieron menos de 48 horas para empacar lo necesario y viajar. Lo que los obligó a abandonar su viaje en velero alrededor del mundo y por seguridad, volar hacia su país natal, Australia.

Ellos sacaron sus pertenencias de su yate de 40 pies que se encontraba en Hilton Head Island, pero lastimosamente no pudieron llevar a Pip.

Perrita quedó atrás debido al Covid-19

Yate vivienda
Instagram/ noplans.justoptions

Las estrictas reglas de importación de mascotas de Australia, significaba que su perrita debía quedar atrás y esperar a que solucionaran la situación. En ese momento, pensaron que no había ningún problema, y que en poco tiempo podían regresar por Pip y reunirse de nuevo.

Perrita viajo
Instagram/noplans.justoptions

Así que Zoe realizó algunas llamadas para coordinar un hogar de acogida para Pip, con un amigo de la familia. Luego de esto, se despidieron de su perrita.

Los Eilbeck habían acogido a Pip en el año 2018, cuando llegaron en su yate a Messina, Sicilia, en medio de un viaje planeado de cuatro años. La pequeña se adaptó rápidamente a la vida a bordo, y disfrutaba pasando el tiempo en cubierta al lado de su familia.

Perrita quedó atrás
Instagram/noplans.justoptions

Desde entonces, se convirtieron en un equipo y Pip era parte esencial de la convivencia en el yate, ya que era la alegría de todos.

Zoe dijo que siempre fue consciente de que arreglar los papeleos para llevar a Pip a Australia sería un proceso largo y complicado. Pero no imaginaron que debido a la pandemia sería aun más largo.

Zoe dijo a CNN Travel:

«Sabía que tendríamos que importar a Pip y que ella tendría que pasar 10 días en cuarentena».

Después de que el coronavirus empezó a propagarse a principios de este año, y saber que debían regresar de inmediato a Australia, ellos encontraron una solución temporal para Pip, y era que su amiga Lynn Williams la cuidaría por este tiempo.

Perrita quedó atrás familia
Instagram/noplans.justoptions

El 27 de marzo, Zoe alquiló un carro y condujo 8 horas hasta Carolina del Norte, donde le entregó a Pip a su amiga. Luego de dejarla en buenas manos, volvió con su familia y finalmente tomaron un vuelo de regreso a Sídney.

Zoe dijo:

«Pip pasó de vivir en un velero a vivir en una granja de bisontes. Eso es algo que realmente me suena divertido».

Pip perrita quedó atrás
Instagram/noplans.justoptions

Pero su amiga Lynn, no pensó bien antes de aceptar a la perrita con ella y luego se dio cuenta de que no podía cuidar a Pip durante mucho tiempo, ya que tenía otros perros.  Entonces, decidió poner un anuncio para que alguien la reemplazara como cuidadora temporal de Pip, y le brindara todos los cuidados necesarios.

Ellen Steinberg, que vive en Hillsborough, Carolina del Norte, fue una de las tres personas que respondió al anuncio.

Ellen dijo:

«El trato era que Pip decidiría con quién se iría a vivir. Nosotros (ella y su perro Frankly) ganamos el sorteo, y Pip vino unos días después».

Pip y Ellen
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Como el anuncio no daba muchos detalles de la razón por la cual Pip había sido «abandonada», la mujer tenía un mal pensamiento acerca de su familia. Lo único que sabía era que una familia que vivía en un yate, abandonó a su perrita y tomó un vuelo de regreso a Australia.

Al conocer la verdadera historia, su pensamiento cambió y tuvo la oportunidad de hablar con los Eilbeck y saber detalles del incidente.

Ellen dijo:

«Tan pronto como hablé con ellos, me di cuenta de que no podían ser más cariñosos. Simplemente tuve la impresión equivocada por no tener todos los detalles».

Pip en el campo
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Mientras ella cuidaba de Pip, Zoe agilizaba todos los papeleos para poder lograr la importación de un perro de Estados Unidos a Australia. A pesar de la distancia, en todo este tiempo Pip siempre se comunicaba con su familia a través de videollamadas y mensajes.

Ellen dijo:

«Siempre tomaba fotos todo el tiempo y las publicaba en las redes sociales. Pip comenzó a desarrollar su propia base de fans».

Desafortunadamente, después de tanto luchar, la familia se dio cuenta de que no sería posible volver por Pip, debido a las restricciones del Covid-19. Así que la única solución era que la pequeña tendría que hacer el largo viaje a Australia sin acompañante.

Perrita quedó atrás Pip
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Pero no era tan fácil, ya que era necesario obtener una declaración de los Estados Unidos que indicara que Pip estaba bien de salud. Esta diligencia se realiza en Nueva York, ciudad que se encontraba cerrada por la pandemia, así que fue algo muy difícil de lograr.

Pip llegó a casa
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Además, Ellen tenía que llevar constantemente a Pip al veterinario para el papeleo, ya que las vacunas y los análisis de sangre tenían que cumplir los requisitos.

Cuando finalmente obtuvieron un permiso de importación para Australia; Qantas, la aerolínea insignia del país, dijo que no realizaba vuelos con animales. Al recibir la mala noticia, Zoe empezó a buscar nuevas soluciones, y después de varias llamadas, descubrió que podían importar a Pip si pasaba por Nueva Zelanda.

Pip perrita que viajo
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Para ello tenían que llevar a Pip hasta los Ángeles y reservar un vuelo con la compañía de transportes para mascotas llamada Jetpets, hasta Auckland.

El problema era el transporte hasta los Angeles, ya que era muy difícil que alguien la llevara debido a las restricciones. Así que , Zoe publicó un mensaje en las redes sociales, buscando a una persona que viajara desde la costa este a la oeste.

Pip con hermano
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Fue entonces cuando apareció Melissa Young, una mujer que trabaja en una organización llamada The Sparky Foundation, y se ofreció como voluntaria. Melissa voló de Greensboro a Charlotte, Carolina del Norte, y luego de Charlotte a Los Ángeles con Pip debajo de su asiento.

Cuando llegaron, Pip fue entregada a Jetpets, quienes se encargaron de todos los papeleos y luego la pusieron en un vuelo rumbo a Auckland.

Melissa y Pip
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Mientras estuvo a bordo del avión con sus cuidadores temporales, su familia seguía su vuelo a través de Internet en una plataforma digital de la empresa.

Zoe dijo:

«En todo el mundo se estaba viendo este vuelo a través de la pantalla».

Pip finalmente llegó a Auckland el 23 de julio, pero entró en cuarentena por diez días; antes de empezar su viaje a Melbourne.

Perita tomando sol
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Cuando llegó a Melbourne, también tuvo que pasar otros diez días en cuarentena. Estaba programada para volar a Sídney el 3 de agosto, pero el vuelo fue cancelado debido a un bloqueo estricto en las fronteras del país.

Por suerte, el hermano de Zoe vive en Melbourne, y se llevó a Pip por unos días; varias veces fue reprogramado su vuelo.

Noticia de Pip
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La emotiva historia ya era conocía por diferentes medios de comunicación y después de un informe de Sydney Morning Herald, Virgin Australia intervino y acordó llevar a Pip a casa.

Pip llegó al aeropuerto de Sídney el 11 de agosto, cinco meses después de haberse quedado varada en Carolina del Norte. La familia Eilbeck estaba en el aeropuerto para recibirla, junto con un equipo de filmación y varios reporteros locales que querían presenciar el evento.

Pip con familia
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Fue un encuentro bastante emotivo, tal y como pensaban las personas que iba a ser; después de tanto tiempo tenían mucho amor para expresarse.

Zoe dijo:

«Nuestro mayor temor era que no nos recordara después de todo ese tiempo. Mis hijos estaban tan preocupados que tomaron un hotdog y se lo frotaron en las manos. Y luego este perrito camina por el hangar, pavoneándose… Cuando escuchó nuestras voces, vino corriendo a nuestros brazos. Fue absolutamente increíble tenerla de vuelta después de todo ese tiempo».

Pip y hermanos
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Después de tanto tiempo separados y luego de tantos obstáculos vencidos, la familia Eilbeck tenía de nuevo a toda su tripulación completa.

Desde entonces, la familia se mudó a Scotland Island, una isla y un suburbio en las playas del norte de Sídney, con el fin de continuar su estilo de vida acuático junto a su amada Pip.

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