Siete cachorros esperaban dentro de una caja en un centro de reciclaje. Alguien los había dejado ahí, juntos, en el lugar adonde va a parar lo que la gente ya no quiere.
Llegaron a la Sacramento SPCA como perros callejeros, sin una historia que los acompañara. Pero bastaba mirarlos un momento para notar que algo no cuadraba: estaban limpios y sanos, y recibían a todo el mundo con confianza.
Para el equipo, eso decía mucho. Unos cachorros tan bien cuidados seguramente habían tenido un hogar antes de que alguien decidiera deshacerse de ellos.
Boletín
Historias que abrazan
Recibe nuestras mejores historias de animales en tu correo.
¿De dónde venían estos siete hermanos? Por el momento había algo más urgente: dejar que se acomodaran.
Hermanos sin parecido
Mientras los pequeños se instalaban, los empleados empezaron a mirarlos con más calma. Y ahí empezó el desconcierto.
Algunos tenían barba, bigote y cejas esponjosas, como abuelitos de cuento. Otros tenían la cara lisa. Todos compartían unas orejas enormes, pero el pelaje de cada uno era de otro color. Eran de la misma camada y, aun así, no había dos iguales.
La pregunta corrió de boca en boca. «Entre el personal hubo muchísimas preguntas del tipo “¿Ya viste esa camada de cachorros tan rara?”», le contó Sarah Varanini, gerente de comunicaciones de la Sacramento SPCA, a The Dodo.
A ella también le pasó. Estaba haciendo un recorrido en vivo por el refugio cuando los vio y tuvo que mirarlos dos veces. «Pensé: “¿Pero qué rayos son estos pequeños?”», recordó.
Las apuestas del refugio
Adivinar su raza era imposible, pero eso no detuvo a nadie. En el refugio, cada quien tenía su teoría.
Unos veían mezclas de pastor belga malinois; otros, de terrier, de schnauzer o de pitbull. Alguien sugirió, en broma, que tenían algo de dingo. Y no faltó quien apostara por un cruce con caniche, porque, como explicó Varanini, ya han visto pruebas de ADN de mestizos de pelo desaliñado que resultaron tener caniche en la familia.
Entonces el refugio presentó a los cachorros en sus redes sociales, y el desconcierto se contagió.
«Los seguidores en redes sugirieron mezclas de xoloitzcuintle, de basenji, de pastor holandés, de terrier ratonero y hasta, en broma, de conejo», contó Varanini. Con esas orejas, lo del conejo tenía su lógica.
Al final, casi todos coincidieron en algo. «El consenso general es que se parecen a los perros de la película de Wes Anderson Isla de perros», dijo. Eran siete hermanos que parecían salidos de una película animada, cada uno con su propio diseño.
Un pasado en blanco
Detrás de tantas bromas quedaba algo que no daba risa. Alguien había dejado a siete cachorros sanos y cariñosos en un centro de reciclaje, como si fueran una caja más. Y como nadie conocía su pasado, en el refugio no había forma de saber qué mezcla llevaban en la sangre.
Lo que no hizo falta adivinar fue si alguien los querría. El mismo día en que quedaron disponibles para adopción, seis de ellos se fueron a casa con su nueva familia. El séptimo esperó apenas una noche: a la mañana siguiente, también tenía la suya.
El misterio, eso sí, se fue con ellos. En los comentarios de Facebook, una de las personas que adoptaron a los cachorros escribió que ya había enviado una prueba de ADN para descubrir de dónde viene su perro.
«Estamos ansiosos por conocer los resultados», dijo Varanini.
Quizás la respuesta llegue con una larga lista de abuelos inesperados, de esos que nadie adivinó. Mientras tanto, los siete ya no esperan en ninguna caja. Cada uno tiene una familia que lo quiere con su barba o su cara lisa, sus orejas de conejo y un color que no combina con el de ningún hermano. Para quienes los vieron llegar, esa siempre fue su raza: la de ser ellos.
Imagen principal: Facebook | Sacramento SPCA.


Conversación
Únete a la conversación
Los comentarios y el formulario se cargan solo cuando abras esta sección.