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Historias emotivas

Una doberman pasó 28 días en un sótano sepultado por los terremotos de Turquía, y no estaba sola

Tras los terremotos de febrero de 2023 en Turquía, Sila, una doberman, quedó atrapada en el sótano de un edificio caído en Antakya. Nadie lograba llegar hasta ella, y ahí abajo estaba pasando algo que nadie imaginaba.

Una doberman pasó 28 días en un sótano sepultado por los terremotos de Turquía, y no estaba sola

Sila pasó cuatro semanas a oscuras en un sótano sepultado bajo el edificio de su familia, sin que nadie pudiera llegar hasta ella. Y en esa oscuridad, lejos de todos, estaba pasando algo que nadie de este lado de los escombros podía imaginar.

6 de febrero, barrio Gazi

Los terremotos que sacudieron el sur de Turquía el 6 de febrero de 2023 dejaron Antakya, en la provincia de Hatay, convertida en escombros. En el barrio Gazi, uno de los edificios que se vinieron abajo fue el de la familia de Kadir Keyifli.

La familia logró salir a tiempo. Sila no.

Era la doberman de la casa y tenía dos años y medio. El derrumbe la dejó atrapada en el sótano, debajo de todo lo que un momento antes se sostenía en pie.

Una doberman negra y fuego de pie sobre la tierra, junto a unos troncos
Una doberman, la raza de Sila, de pie sobre la tierra junto a unos troncos. Foto: Castellbo / Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0.

Desde la calle, lo que había sido un edificio era ahora un cerro de concreto roto. Y en el fondo de ese cerro, en algún punto del sótano, estaba ella.

Cuatro semanas sin entrada

Keyifli sabía dónde estaba su perra. Lo que nadie sabía era cómo llegar.

Pidió ayuda a varios equipos de rescate de la zona. Ninguno logró entrar entre esos escombros.

Antakya entera seguía cubierta de restos. Alrededor de un edificio caído en el barrio Gazi, los días se fueron volviendo semanas.

El edificio del Hospital de Hatay derrumbado y rodeado de escombros
El Hospital de Hatay, derrumbado y rodeado de escombros tras los terremotos del 6 de febrero de 2023. Foto: Mustafa Kuzugüdemn / Wikimedia Commons, dominio público.

Sila seguía en el sótano, y nadie había vuelto a verla desde el día del derrumbe.

Un lunes de marzo, una puerta rota

Entonces llegó Meyako, un equipo regional de rescate animal que vino a ayudar a Keyifli. El lunes 6 de marzo, dos de sus integrantes se pusieron a trabajar sobre los restos del edificio para intentar lo que nadie había logrado.

Les tomó horas. Buscaron entre los escombros hasta dar con una abertura estrecha, se metieron por ahí y, al final de ese paso, se toparon con una puerta. La rompieron.

Un voluntario con casco y lámpara de cabeza alumbra con una linterna una grieta estrecha entre losas de concreto caídas mientras otro retira bloques con una barreta; al fondo, edificios derrumbados
Un voluntario alumbra una grieta entre losas caídas mientras otro retira bloques a mano: abrirse paso hasta un sótano sepultado podía llevar horas de trabajo.

Del otro lado estaba el sótano. Y en el sótano estaba Sila. Viva.

Llevaba ahí abajo 28 días: lo que dura un febrero entero, de un lunes a otro lunes.

La forma en que había aguantado estaba ahí mismo. En el sótano había quedado una bolsa grande de alimento para perro, de esas que en una casa se compran para que duren. Esa bolsa había sido su despensa durante cuatro semanas.

Una bolsa de alimento seco para perro, rota por un costado y a medio vaciar, entre bloques de concreto y polvo gris, con croquetas regadas por el piso de un sótano derrumbado
Una bolsa de alimento para perro, rota y a medio vaciar entre el concreto: con una bolsa así en el sótano, Sila aguantó cuatro semanas.

Los rescatistas habían roto esa puerta para sacar a una perra.

Del sótano salieron cuatro

Pero junto a Sila había tres crías recién nacidas.

Cuando el edificio se vino abajo, ella ya estaba preñada. En algún momento de esas cuatro semanas, en el sótano de una casa que ya no existía, las parió ahí mismo.

Nadie la vio empezar el parto ni la acompañó después. Lo hizo sola, y cuando por fin alguien rompió esa puerta, las tres crías ya estaban a su lado.

Para Keyifli, la bolsa de alimento explica las dos cosas: que Sila sobreviviera y que pudiera parir.

Los rescatistas sacaron a los cuatro. Sila estaba flaca, con el mes entero marcado en el cuerpo, pero nadie tuvo que cargarla: salió por su propio pie.

Afuera, Keyifli vio aparecer entre los escombros no a una perra, sino a cuatro. Había pedido ayuda para su doberman, y le devolvieron una familia.

A la madre y a sus crías las llevaron juntas a la ciudad de Adana para atenderlas. Según el veterinario Koray Kürklü, ese mes le había cobrado a Sila una deshidratación grave y daños en sus órganos.

El cerro de concreto del barrio Gazi se había cerrado sobre una sola perra, y cuatro semanas después dejó salir a cuatro. Tres de ellas nacieron sin conocer el cielo, en un sótano al que nadie podía llegar. La cuarta era su madre, flaca pero de pie, que sola había hecho de esas ruinas un lugar donde empezar.

Fotos de una doberman (Castellbo / Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0) y del Hospital de Hatay derrumbado (Mustafa Kuzugüdemn / Wikimedia Commons, dominio público). Las demás imágenes fueron generadas con IA para ilustrar el contenido.

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