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Historias emotivas

Los licaones que deciden a estornudos cuándo salir de caza

En el delta del Okavango, cinco manadas de licaones se reúnen, corren y estornudan antes de partir. Un estudio de 2017 descubrió que esos estornudos se suman hasta un umbral, y que ese umbral no es igual para todos.

Los licaones que deciden a estornudos cuándo salir de caza

En el delta del Okavango, en Botsuana, una manada de licaones descansa. De pronto, uno se pone de pie con la cabeza baja, la boca abierta y las orejas echadas hacia atrás. Otro se le acerca y le toca la cabeza con el hocico. Dos más arrancan a correr flanco con flanco, hasta que tres o más terminan arremolinados, a menos de un metro unos de otros.

En medio de ese alboroto se oye un sonido que nadie asociaría con una reunión de cazadores: un estornudo. Después otro. Y otro más. Ninguno está enfermo. A su manera, la manada está discutiendo si ya es hora de irse.

Cinco manadas y una pregunta de todos los días

Los investigadores llaman rally a esa reunión agitada. Los licaones (Lycaon pictus), también conocidos como perros salvajes africanos, la hacen antes de abandonar el sitio donde descansaban. Entre junio de 2014 y mayo de 2015, Reena Walker, Neil Jordan, Andrew King y J. Weldon McNutt siguieron a cinco manadas en la Reserva de Caza Moremi. Querían resolver un enigma que cualquier grupo conoce: ¿cómo se decide cuándo dejar de descansar y ponerse en marcha? Así lo cuentan en su estudio, publicado en 2017.

El artículo habla del momento en que la manada parte del sitio de descanso. Lo que viene después lo resume el comunicado de prensa de la Universidad de Nueva Gales del Sur (2017): la manada se pone en marcha y empieza a cazar.

Si «perro salvaje» te hace pensar en el que duerme en tu sofá, el parentesco existe, pero es lejano. El licaón es la única especie del género Lycaon. Según el análisis genómico de Campana y colegas (2016), su linaje se separó del grupo de Canis y Cuon, al que pertenecen lobos y perros, hace unos 2,74 millones de años, con un intervalo de entre 2,15 y 3,38 millones. Ese mismo trabajo lo presenta en su título como una especie en peligro: un cazador silvestre que vive en manada, no un animal de compañía.

Persona vista desde atrás del hombro, sentada al volante de un vehículo de investigación abierto y cubierto de polvo, detenido en una pista arenosa del delta del Okavango.
Una pista arenosa del Okavango al final de la tarde. Estudiar manadas silvestres es, sobre todo, aprender a esperar.

Un estornudo que no es resfriado

¿Cómo se estudia una decisión que nadie anuncia? Primero, separando el rally en piezas que se puedan registrar. El artículo de Walker y colegas describe cuatro: la postura de inicio (cabeza baja, boca abierta, orejas atrás), el saludo (se tocan la cabeza o se acercan a menos de un metro), la carrera en paralelo, flanco con flanco, y el tumulto, cuando tres o más se juntan a menos de un metro.

Y luego está el estornudo. Los autores lo definen como una exhalación de aire audible y abrupta por la nariz: rápida, sin tono, siempre igual. Nada que ver con un resfriado.

Primerísimo plano de la cabeza de un licaón, con orejas grandes y redondeadas, pelaje manchado de negro, canela y blanco y hocico oscuro, captado a contraluz en pleno estornudo.
Un licaón a contraluz en pleno estornudo: una exhalación breve y seca por la nariz, la misma señal que el equipo contó en cada rally.

En total registraron 68 rallies. Esta nota no incluye cuántos acabaron en partida y cuántos se deshicieron. Lo que sí muestra el estudio es lo distintos que sonaban por dentro. En los que terminaron con la manada en marcha hubo, en promedio, 7,48 estornudos por minuto; en los que fracasaron, apenas 1,20, una diferencia estadísticamente muy clara. Cuantos más estornudos, más probable era que todos se fueran.

Libreta de campo gastada y abierta sobre el borde polvoriento de la puerta de un vehículo de investigación, con filas de marcas de conteo a lápiz agrupadas de cinco en cinco.
Rayas de conteo agrupadas de cinco en cinco: convertir una conducta en datos empieza por contar cada señal, una por una.

Tres estornudos para unos, diez para otros

Hasta ahí, el patrón ya era curioso. Lo asombroso apareció cuando el equipo miró quién iniciaba cada rally.

Según Walker y colegas (2017), ningún rally fracasó cuando lo empezaba un individuo dominante y se oían al menos tres estornudos. Cuando lo empezaba un licaón de rango más bajo, hacía falta un mínimo de diez estornudos para lograr el mismo nivel de éxito.

Es decir, cualquiera puede proponer la salida, pero no todas las propuestas pesan igual. Los autores lo llaman un quórum variable: un umbral que cambia según quién plantea la idea. Y hay un matiz. La participación de un dominante aumenta la probabilidad de que el rally funcione, pero no es imprescindible. Un licaón de rango bajo también puede poner en marcha a la manada si los estornudos alcanzan el umbral.

Cuando eso ocurre, la manada entera se mueve como un solo cuerpo. Para un cazador que trabaja en equipo, el rally sirve justamente para eso, según el estudio: mantener unida a la manada y coordinar sus movimientos.

¿Votan de verdad?

El hallazgo salió publicado en 2017 en Proceedings of the Royal Society B con un título difícil de olvidar: «Sneeze to leave», estornudar para partir. El texto completo del artículo incluye las definiciones de cada conducta y los análisis, y se puede leer gratis en PubMed Central. El comunicado de la universidad fue más lejos y habló de «votación democrática» en las manadas.

Ahí está la pregunta de fondo: ¿los licaones votan? Los propios autores son prudentes. En el artículo reconocen que sus análisis no permiten distinguir entre dos posibilidades: que los estornudos funcionen como un verdadero mecanismo de votación o que reflejen una respuesta fisiológica. Nadie sabe, entonces, si un licaón «decide» estornudar como quien levanta la mano. Lo que sí está medido es que los estornudos se suman hasta un umbral y que, cuando se alcanza, la manada se va.

Sea voto o reflejo, lo que ocurre en el Okavango se parece mucho a una asamblea. Y quizá por eso, en la sabana, el poder no lo tiene quien más grita, sino quien logra que los demás digan «sí»… aunque sea con la nariz.

¿Tu perro tiene alguna señal propia para avisarte que ya es hora de salir? Cuéntanos cuál es y cómo la descubriste.


Algunas imágenes de este artículo fueron generadas con IA para ilustrar el contenido; no son fotografías de los hechos ni de los animales reales.

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