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Historias emotivas

Un perro de 12 años corrió 420 km contra una epidemia en Alaska, y la estatua fue para otro

En el invierno de 1925, un relevo de trineos de perros cruzó Alaska con el suero contra la difteria. El perro que corrió el tramo más largo y peligroso no fue el que se quedó con la estatua.

Un perro de 12 años corrió 420 km contra una epidemia en Alaska, y la estatua fue para otro

Un trineo deja atrás las últimas casas de un pueblo de Alaska y se interna en la oscuridad del invierno ártico. En el pueblo queda una epidemia de difteria que ya mató a cuatro niños. Por delante hay hielo, viento y una distancia que en esa época del año solo los perros pueden cubrir.

Al frente va un perro al que, de cachorro, su propio dueño regaló. Le espera el tramo más duro de un relevo contra la epidemia: una carrera que hará famoso a otro perro.

Cuatro niños y un suero a 1.085 kilómetros

Para el 24 de enero de 1925 ya se sabía de cuatro niños muertos por difteria en Nome, según el reportaje de S. Ingram en National Geographic (2023). El suero que podía frenar el brote estaba en Nenana, a 1.085 kilómetros (674 millas), según los Archivos del Estado de Alaska y el Museo de Historia Natural de Cleveland (2025), y llegó allí el 27 de enero.

Ese mismo día, cuenta National Geographic, Leonhard Seppala salió de Nome en su trineo. Al frente de sus perros iba Togo.

Fotografía de época en blanco y negro de Leonhard Seppala con seis de sus perros de trineo con arnés
Leonhard Seppala con seis perros de su criadero, hacia 1924-1925; de izquierda a derecha, Togo, Karinsky, Jafet, Pete, uno sin identificar y Fritz. Foto: Carrie M. McLain Memorial Museum, dominio público.

En pleno invierno, explican los Archivos del Estado de Alaska, el suero solo podía viajar en trineo de perros, por la única ruta transitable. Unos 20 conductores y más de 150 perros armaron un relevo, según el museo de Cleveland: cada equipo cubría su tramo y entregaba la carga al siguiente. A Seppala y a Togo les tocaba salir desde Nome.

Corrieron en la oscuridad ártica, a temperaturas de hasta 51 grados bajo cero (-60 °F), según el mismo museo. La Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) recomienda mantener el congelador de tu casa a -18 °C (0 °F): aquel frío estaba más de 30 grados por debajo.

Canasta de un trineo de madera con escarcha en las amarras, con un cilindro metálico envuelto en piel y lona atado con cuerdas y la pared de troncos de una posada borrosa al fondo
Una carga bien amarrada en la canasta de un trineo cubierto de escarcha, como la que cada equipo del relevo recibía y entregaba al siguiente.

El cachorro que volvió a casa

Togo no parecía un héroe. De cachorro tuvo un problema doloroso en la garganta que hizo que Seppala perdiera el interés en él, según la ficha que le dedica el Servicio de Parques Nacionales de Estados Unidos. A los siete meses, según National Geographic, Seppala lo regaló. Togo escapó y volvió a casa.

Años después, ese mismo perro guiaba el trineo de Seppala hacia la ventisca.

A ciegas sobre el hielo de Norton Sound

En aquel relevo, a Togo le tocó el tramo más largo y peligroso, de acuerdo con el Servicio de Parques Nacionales. Para ganar tiempo, Seppala tomó un atajo por Norton Sound, una gran bahía congelada cuyo hielo podía romperse sin aviso, en medio de vientos y ventisca, explica el museo de Cleveland. National Geographic añade que Togo la cruzó dos veces.

En la oscuridad, Seppala no veía el camino. Según National Geographic, confiaba en el instinto de Togo: sobre un hielo que podía partirse en cualquier momento, el rumbo de todo el equipo dependía de su perro guía.

Cruzaron. Según los relatos que recoge el museo de Cleveland, el equipo pasó apenas tres horas antes de que ese hielo se rompiera.

Al terminar su parte, Togo había corrido 420 kilómetros (261 millas), según el Servicio de Parques Nacionales: casi diez maratones.

Tenía 12 años.

Menos de 90 kilómetros hasta la meta

Sin embargo, la fama se la llevó otro perro. El último relevo hasta Nome lo guió Balto, según el museo de Cleveland y la Encyclopedia of Cleveland History, de la Universidad Case Western Reserve: un tramo de menos de 90 kilómetros (entre 53 y 55 millas). Togo había corrido casi cinco veces más.

El suero llegó. Todo el relevo, desde Nenana, tardó unas 127 horas, poco más de cinco días, según los Archivos del Estado de Alaska.

En diciembre de 1925, Central Park, en Nueva York, estrenó una estatua de Balto, y Balto estuvo presente en la inauguración, según la Central Park Conservancy.

Un perro de trineo flaco y de hocico canoso sentado solo en la nieve en primer plano, en la sombra, mientras al fondo un grupo de fotógrafos con flash rodea a otro perro de trineo grande y negro
Un perro viejo en la sombra, lejos de los flashes que buscan a otro: una forma de imaginar cómo se repartió la gloria.

El otro perro de Seppala

Pero lo más llamativo es quién era Balto. No era el perro de un rival: era otro perro de Seppala. Uno de reserva, según el museo de Cleveland, que su dueño creía más apto para arrastrar carga que para correr.

Seppala lo había criado, le había puesto nombre y lo había entrenado, recuerda el Anchorage Daily News (2020). En 1925, el perro de reserva de su criadero tuvo estatua en Nueva York. El que había corrido el tramo más largo, no.

Seis perros de trineo sanos con arnés de cuero oscuro, en fila sobre nieve compacta en una llanura abierta con colinas nevadas y brumosas al fondo
Seis perros de trineo con arnés, en fila sobre la nieve: un equipo como los que salían del criadero de Seppala.

En 1930, Seppala lo dejó por escrito en sus memorias, recogidas por E. M. Ricker en Seppala: Alaskan Dog Driver y citadas por D. Reamer en el Anchorage Daily News (2025): «Me molestó la estatua de Balto, porque si algún perro merecía una mención especial, era Togo».

Balto también fue un héroe: guió a su equipo en el último tramo, bajo el mismo invierno. Pero el reconocimiento suele quedarse solo con el que llega a la meta, y aquel suero también llegó porque, lejos de ella, un perro viejo encontró el camino en la oscuridad.

Si pudieras levantarle una estatua a un perro de tu vida, uno que hizo algo enorme sin que nadie lo aplaudiera, ¿a cuál sería y por qué?


Foto de Leonhard Seppala con sus perros: Carrie M. McLain Memorial Museum, dominio público. Las demás imágenes fueron generadas con IA para ilustrar el contenido.

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