Quien vive con un perro quizá conozca esta escena: te sientas a acariciar a otro animal, o abrazas a alguien en el sofá, y de pronto un hocico se abre paso entre los dos. Una pata sobre el brazo, un empujón con la cabeza, un cuerpo que se acomoda justo en medio. A casi nadie le cuesta ponerle nombre: celos.
Para la ciencia, en cambio, esa palabra aplicada a un perro fue durante mucho tiempo una intuición sin prueba. Y cuando por fin llegaron los experimentos, el más revelador no ocurrió frente a los ojos del perro.
Una frase de 1871 que nadie comprobó
Charles Darwin no tenía dudas. En la primera edición de The Descent of Man, publicada en 1871, escribió una frase que cualquier dueño de perro firmaría: «Todo el mundo ha visto lo celoso que es un perro del afecto de su amo, si este lo prodiga a cualquier otra criatura». El pasaje, en las páginas 41 y 42 del primer volumen, se puede leer en la edición original, digitalizada por Darwin Online (la traducción es nuestra).
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Que todo el mundo lo haya visto, sin embargo, no lo convierte en un hecho comprobado. Muchos científicos pensaban lo contrario: como señala el artículo de Harris y Prouvost (2014), se suele dar por hecho que los celos son exclusivos de los humanos, y el estudio de Bastos y colegas (2021) menciona también las afirmaciones de que son únicos de nuestra especie. La primera prueba experimental de conductas de celos en perros llegó en 2014, según la Universidad de California en San Diego (UC San Diego). Entre la frase de Darwin y ese experimento pasaron 143 años.
Una prueba pensada para bebés
La psicóloga Christine Harris encontró su punto de partida en el estudio de los bebés. En 2002, un trabajo de S. Hart y H. Carrington publicado en la revista Infancy mostró que, a los seis meses, un bebé ya se inquieta cuando su mamá le presta atención a un muñeco con aspecto de bebé. Harris adaptó esa prueba a los perros, como explican tanto el artículo en PLOS ONE como el comunicado de UC San Diego.
Junto con Caroline Prouvost, evaluó a 36 perros en sus propias casas. El guion era sencillo: cada dueño ignoraba a su perro y mimaba a un perro de peluche que ladraba, gemía y movía la cola. Después le dedicaba la misma atención a una calabaza de Halloween de juguete y a un libro infantil. Así se podía comparar: si un perro solo protestaba porque su dueño estaba distraído, tendría que reaccionar igual en los tres casos. El perro de peluche que usaron aparece en el comunicado de la universidad.
Empujones, dentelladas y un olfateo delator
Con el peluche, la diferencia fue clara. Según el comunicado de UC San Diego (2014), el 78 % de los perros, casi 4 de cada 5, empujó o tocó a su dueño mientras este mimaba al peluche. Un 30 %, casi un tercio, intentó meterse entre el dueño y el perro de peluche.

Hubo reacciones más directas. El 25 % de los perros le lanzó una dentellada al peluche; con la calabaza o con el libro, en cambio, lo hizo un solo perro. Esas cifras, junto con las gráficas de todos los resultados, están en el artículo original de PLOS ONE.
Y hubo un gesto que dice mucho sobre cómo veían los perros al intruso: el 86 % le olfateó la región anal al peluche, como a un perro de verdad. Para Harris y Prouvost, ese detalle sugiere que posiblemente lo tomaron por un perro real.

El rival que desapareció detrás de una barrera
Hasta ahí, los perros reaccionaban ante un rival que tenían enfrente. En 2021, en la Universidad de Auckland, Nueva Zelanda, el equipo de la investigadora Amalia Bastos planteó otra pregunta: ¿qué pasa cuando el perro ya no puede ver a ese rival?
El montaje, descrito por la Association for Psychological Science (APS) y por la Universidad de Auckland, era este: cada dueño se colocaba junto a un perro falso, frente a su perro, que estaba sujeto con una correa. Luego, una barrera tapaba al perro falso y, detrás de ella, el dueño parecía acariciarlo. La universidad preparó un video que explica la prueba, y puede verse en la nota de la APS.

El perro ya no tenía al rival a la vista. Aun así, tiraba de la correa con fuerza hacia su dueño. La comparación clave vino de otra versión de la prueba, en la que un cilindro de tela ocupaba el lugar del perro falso: con él detrás de la barrera, los perros tiraban mucho menos, según el resumen del artículo publicado en Psychological Science.
Imaginar a un rival no es sentir como nosotros
Para los autores, el resultado es la primera evidencia de que los perros pueden representarse mentalmente interacciones sociales que les provocan celos, como dice el resumen del estudio. En palabras más llanas, como lo contó la APS: un perro puede imaginar una escena que le da celos.
Eso no significa que la pregunta esté cerrada. La propia Bastos advirtió en esa misma nota que es demasiado pronto para decir si los perros experimentan los celos como nosotros. Lo que muestran los estudios de 2014 y 2021 son conductas de celos —empujones, intentos de meterse en medio, dentelladas, tirones de correa—, no lo que el perro siente por dentro.
Y aquí regresa Darwin. En el mismo pasaje de 1871, justo después de la frase sobre lo celoso que es un perro del afecto de su amo, escribió que los animales no solo aman: también desean ser amados.
Quizá eso es lo que te dice tu perro cuando se mete entre tú y otro perro: que además de quererte, desea que lo quieras.
¿Tu perro se mete en medio cuando abrazas a alguien o acaricias a otro animal? ¿Qué hace exactamente para recuperar tu atención?
Algunas imágenes de este artículo fueron generadas con IA para ilustrar el contenido; no son fotografías de los hechos ni de los animales reales.
Referencias
- Harris, C. R. y Prouvost, C. (2014). Jealousy in dogs. PLOS ONE 9(7): e94597. https://journals.plos.org/plosone/article?id=10.1371/journal.pone.0094597
- UC San Diego Today (2014). Dog Jealousy: Study Suggests Primordial Origins for the ‘Green-Eyed Monster’. Universidad de California en San Diego. http://today.ucsd.edu/story/dog_jealousy_study_suggests_primordial_origins_for_the_green_eyed_monster
- Bastos, A. P. M., Neilands, P. D., Hassall, R. S., Lim, B. C. y Taylor, A. H. (2021). Dogs mentally represent jealousy-inducing social interactions. Psychological Science 32(5): 646-654. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/33825583/
- Association for Psychological Science (2021). Dogs Act Jealously Even When They Don’t See Their Rival. Association for Psychological Science. https://www.psychologicalscience.org/news/releases/2021-april-dogs-jealous.html
- University of Auckland (2021). Yes, dogs do get jealous. University of Auckland. https://www.auckland.ac.nz/en/news/2021/04/13/yes-dogs-do-get-jealous-new-study.html
- Darwin, C. R. (1871). The descent of man, and selection in relation to sex, vol. 1. Londres: John Murray (Darwin Online). https://darwin-online.org.uk/converted/published/1871_Descent_F937/1871_Descent_F937.1.html
- Hart, S. y Carrington, H. (2002). Jealousy in 6-month-old infants. Infancy 3(3): 395-402. https://onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1207/S15327078IN0303_6


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