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Historias emotivas

El barril del San Bernardo nació en un cuadro pintado por un muchacho de 18 años

Los perros del hospicio del Gran San Bernardo rescataban viajeros sin nada al cuello. El barril que todos recordamos salió del pincel de Edwin Landseer en 1820 y terminó colgando donde menos lo esperarías.

El barril del San Bernardo nació en un cuadro pintado por un muchacho de 18 años

Londres, 1820. En una sala de la British Institution cuelga un lienzo casi tan alto como una puerta. Muestra nieve, un viajero medio enterrado en ella y dos perros enormes que acaban de encontrarlo. Quien lo pintó tiene 18 años.

Sin saberlo, ese muchacho acaba de colgarle un barril a una raza entera. Ese barril nunca existió en la nieve de verdad. Dos siglos después, terminaría colgando en el lugar donde menos debería estar.

Un lienzo del tamaño de una puerta

El pintor se llamaba Edwin Landseer. Había nacido el 7 de marzo de 1802, según el Dictionary of National Biography. Tenía 18 años cuando pintó el cuadro, de acuerdo con la National Gallery of Art de Washington, que lo adquirió en 2019. Su ficha en Google Arts & Culture da las medidas: es un óleo sobre lienzo de 189 por 237 centímetros. El título original es Alpine Mastiffs Reanimating a Distressed Traveler, algo así como «Mastines alpinos reanimando a un viajero en apuros».

La escena transcurre en el paso del Gran San Bernardo, en los Alpes. Dos perros encuentran a un viajero medio enterrado en la nieve. Uno ladra pidiendo ayuda. El otro, con un pequeño barril colgado del cuello, le lame la mano. La ficha original del museo registra la obra con el número 2019.120.1, y en Wikimedia Commons hay una reproducción en dominio público.

Cuadro al óleo de Edwin Landseer: dos perros enormes sobre la nieve junto a un viajero caído en el paso del Gran San Bernardo; uno de ellos lleva un pequeño barril al cuello.
«Alpine Mastiffs Reanimating a Distressed Traveler» (1820), de Edwin Landseer: dos perros encuentran a un viajero medio enterrado en la nieve del Gran San Bernardo. Foto: National Gallery of Art, Washington, dominio público.

El perro de un caballero de Liverpool

¿De dónde sacó Landseer a sus perros? Lo cuenta F. G. Stephens en Sir Edwin Landseer, la biografía que publicó en 1880 y que se puede leer completa en Project Gutenberg. Stephens sitúa el estreno del cuadro en la British Institution. Según su relato, el modelo fue un San Bernardo que un caballero de Liverpool había llevado a Inglaterra. Edwin lo dibujó hacia 1815, cuando tenía unos 13 años. Aquel perro, retratado por un niño, sirvió de base para los dos perros del cuadro.

A uno de ellos, Landseer le puso un barril. El American Kennel Club lo dice sin rodeos en su historia de la raza: el barril fue «un detalle creativo inventado por Landseer». El Museo de Historia Natural de Berna es más cauto y lo considera probablemente una invención. Marc Nussbaumer, arqueozoólogo y asesor científico de ese museo, habló en 2014 con swissinfo.ch sobre los perros del hospicio del Gran San Bernardo, el refugio que mantenían en el paso unos religiosos llamados canónigos agustinos. Según explicó, esos perros nunca llevaron un barril de licor al cuello.

Pintura al óleo al estilo de Landseer que muestra la misma escena desde otro ángulo: un perro de pelo largo café oscuro se inclina sobre un hombre tendido en la nieve y le lame la mano desnuda.
La escena que imaginó Landseer, vista desde otro ángulo: uno de los perros se inclina sobre el viajero y le lame la mano.

Más de 2.000 rescates sin nada al cuello

En el paso real, los perros del hospicio trabajaban sin barril. Junto a los canónigos, salvaron a más de 2.000 personas en 200 años, según el Museo de Historia Natural de Berna. Es un pueblo entero. El perro más famoso, Barry, ayudó a rescatar a unas 40. Esa cifra aparece en el museo, en la revista Les Alpes, del Club Alpino Suizo (2014), y en el blog del Museo Nacional Suizo (2017).

Tiene lógica. Un barril al cuello solo habría estorbado a un perro de rescate, escribe C. Walder en ese mismo blog. Y según la leyenda, el barril iba lleno de coñac, que habría hecho daño. El alcohol abre los vasos sanguíneos de la piel, y así un cuerpo helado pierde calor más rápido. Lo explica el Better Health Channel, el portal de salud del Gobierno de Victoria, en Australia. Los canónigos conocían ese peligro, recuerda el American Kennel Club.

Un San Bernardo vivo, de pie sobre un piso de madera gastado en una sala sencilla de museo, con solo un collar al cuello.
Un San Bernardo de hoy, sin más que su collar. Así, sin barril, trabajaban los perros del hospicio.

Postales desde la casa de los perros

Aun así, el barril ganó, y ganó en la casa de los propios perros. El hospicio guarda en su colección grabados basados en el cuadro de Landseer. Su catálogo de estampas resume la escena en pocas palabras: uno le lame la mano al viajero y el otro parece pedir auxilio.

En su catálogo de postales, con piezas de principios y mediados del siglo XX, los perros del hospicio posan con el barril al cuello. Las fichas lo anotan con la sequedad de un inventario: «Chien assis, en entier, tonnelet au cou» (perro sentado, de cuerpo entero, barril al cuello); «Chienne, avec tonnelet…» (perra, con barril).

Una mano con guante de algodón saca una postal antigua en sepia de una caja de cartón gastada. En la postal, un San Bernardo sentado en la nieve lleva un pequeño barril al cuello.
Una postal en sepia sale de una caja de archivo: un San Bernardo sentado en la nieve, con el barril al cuello. El hospicio conserva postales como esta de sus propios perros.

Lo que cuelga hoy del collar de Barry

Pero lo más llamativo está en Berna. Barry murió en paz allí en 1814, según el Club Alpino Suizo. Su cuerpo se conserva en el Museo de Historia Natural de la ciudad. Entre 2000 y 2001, el museo le dedicó la exposición «200 Jahre Barry», y desde 2014 tiene una exposición permanente.

Hoy, de su collar cuelga el barril que nunca llevó en vida. El blog del Museo Nacional Suizo lo registra sin adornos: el barrilito, escribe, hoy «vuelve a colgar» de su collar. Barry ayudó a rescatar a unas 40 personas sin nada al cuello. Ahora lleva el invento de un pintor de 18 años.

Nussbaumer lo resumió así en swissinfo.ch (la traducción del francés es nuestra): «Se dice que el hábito hace al monje; en los San Bernardo, es el barril el que hace al perro».

Un adolescente con un pincel decidió cómo recordaríamos a estos perros. Y la verdad era mejor: perros sin nada al cuello, saliendo a la nieve a buscar a los perdidos.

¿Qué otra idea sobre los perros creíste cierta durante años hasta descubrir que venía de un cuadro, una película o un cuento?

Foto del cuadro de Edwin Landseer (1820): National Gallery of Art, Washington, dominio público. Las demás imágenes fueron generadas con IA para ilustrar el contenido.

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