Saltar al contenido

Historias emotivas

El perro sin pelo que el Perú mandó a vivir entre ruinas y luego declaró patrimonio

En enero de 2001, una resolución destinó al perro sin pelo del Perú a museos y sitios arqueológicos; nueve meses después, una ley lo declaró patrimonio de la nación. Detrás hay vasijas de más de 1.200 años, una Colonia que intentó borrarlo y una rareza escrita en sus genes.

El perro sin pelo que el Perú mandó a vivir entre ruinas y luego declaró patrimonio

Enero de 2001. El Instituto Nacional de Cultura del Perú firma una resolución con un destinatario poco habitual. No protege un templo ni una momia: se ocupa de un perro. La norma dispone que el perro sin pelo del Perú tenga su lugar en los museos de sitio y en las zonas arqueológicas de la costa.

Que una decisión oficial destine a un perro a vivir entre ruinas suena a capricho de escritorio. Pero ese perro llegaba al papel con siglos de historia a cuestas.

Nueve meses para ser patrimonio

La resolución, la RD 001-INC, está recogida en los Apuntes sobre el perro peruano sin pelo y otros perros del Perú, que Zevallos Ortiz publicó en 2020 con el Ministerio de Cultura del Perú, dentro del Proyecto Qhapaq Ñan. Ahí aparecen también sus otros nombres: viringo, calato, perro chino.

Nueve meses después llegó el paso mayor. Con la Ley 27537, del 22 de octubre de 2001, el Congreso lo declaró patrimonio de la nación. Según Infobae (2026), la norma lo reconoce como «raza canina oriunda del Perú, Patrimonio de la Nación y especie a preservar». Ese camino también lo reconstruyó La República en 2020.

Para entender por qué un país le hace sitio a un perro entre sus ruinas, conviene mirar el barro.

Un retrato de barro de más de 1.200 años

De acuerdo con la galería del Museo Larco, las primeras representaciones del perro sin pelo aparecen en vasijas mochicas de mediados del siglo VIII. O sea, hace más de 1.200 años los alfareros mochicas ya lo modelaban. Siglos después, los alfareros chimús retrataron al perro con el rostro arrugado (pieza ML040324) y hasta a una perra amamantando (ML021894). Ambas piezas están fechadas entre 1300 y 1532 d. C.

Los chimús también llevaron la figura del perro al metal.

Vasija chimú de plata y oro de dos cámaras con la figura de un perro
Vasija chimú de dos cámaras, de plata y oro, con la figura de un perro, hecha entre 1350 y 1470 d. C. Foto: The Metropolitan Museum of Art, Nueva York (The Michael C. Rockefeller Memorial Collection, Gift of Nelson A. Rockefeller, 1969, 1978.412.166), dominio público.

Para quienes lo modelaron, el perro no era un animal cualquiera. Según el Museo Larco, los antiguos peruanos lo veían como el guía de los muertos en su viaje al mundo de abajo. Y llegó hasta las tumbas: en la del Señor de Sipán, un gobernante mochica, había restos óseos de perro, como recuerdan el museo y La República.

Vasija de cerámica negra con forma de perro sin pelo de rostro arrugado, dentro de una vitrina de museo con reflejos de luz en el vidrio
Un perro de cerámica negra, con el rostro surcado de arrugas, detrás del vidrio de una vitrina: el tipo de retrato que dejaron los alfareros chimús.

Lo quisieron borrar por su piel

Con la conquista española, todo cambió. Según el documento del Ministerio de Cultura, durante la Colonia el perro sin pelo fue rechazado por su aspecto. Lo acusaron de estar vinculado a ritos idolátricos, de ser maligno y de traer mala suerte, y empezaron a exterminarlo. La arqueóloga Mirella Ganoza, de Huaca Pucllana, explicó a BBC Mundo (2019) que fue esa apariencia la que llevó a los conquistadores a creerlo maligno.

Sobrevivió escondido en zonas rurales. Aun así, a mediados del siglo XX era muy escaso en la costa norte, según el mismo documento.

Lo que no lograron borrar fue su origen: su ADN todavía guarda la herencia de los perros que vivían en América antes de que llegaran los europeos. El equipo de van Asch (2013) analizó el ADN mitocondrial, que pasa de madre a crías, y halló evidencia de un origen precolombino para el perro sin pelo del Perú. En las razas americanas estudiadas, la herencia materna europea no pasa del 30 %.

El gen que siempre deja cachorros con pelo

Pero lo más asombroso es por qué no tiene pelo. El viringo debe su piel desnuda a una sola mutación, es decir, a un cambio en uno de sus genes. Se trata del gen FOXI3, como identificaron Drögemüller y colegas en un artículo publicado en Science en 2008.

Cada perro lleva dos copias de ese gen, una de su madre y otra de su padre. Según la revisión de Parker y colegas (2017), no aparecen perros con dos copias mutadas, lo que sugiere que esos embriones no prosperan: todo indica que un cachorro así no llega a nacer. Por eso, todo perro sin pelo lleva una sola copia con la mutación y otra normal.

De ahí sale una consecuencia inesperada. Un padre o una madre sin pelo entrega a cada cachorro, al azar, una de sus dos copias. El cachorro que no recibe ninguna copia mutada nace con pelo. Por eso la raza nunca puede ser solo sin pelo: siempre nacen también cachorros con pelo.

Perra sin pelo de color gris acostada de lado sobre tierra arenosa junto a un muro de adobe, amamantando a su camada
Una perra sin pelo amamanta a su camada al pie de un muro de adobe. En esta raza, que cada cría nazca con pelo o sin él depende de si heredó una copia de la mutación.

La misma revisión señala que el xoloitzcuintle mexicano y el crestado chino llevan esa mutación, que viene de un mismo origen. Y su efecto no se queda en el pelo: también está ligada a la falta de algunos dientes.

Guardianes de las huacas

Veinticinco años después de aquella resolución, el viringo patrulla sitios arqueológicos como Huaca Pucllana, en Lima. BBC Mundo presentó en 2019 a Sumac y Munay. En 2023, El Comercio contó que Illayuq y Súmac hacen su ronda temprano.

Cuidador agachado junto a un muro de adobe llena dos platos metálicos de comida mientras dos perros sin pelo esperan a la sombra de un techo de esteras
Un cuidador sirve la comida a dos perros sin pelo junto a muros de adobe: la jornada de estos guardianes empieza temprano.

En Túcume, otro sitio arqueológico, el mismo reportaje de El Comercio cuenta que un pequeño cementerio guarda a los nueve perros guardianes del lugar. El animal que, para los antiguos peruanos, guiaba a los muertos tiene hoy, entre ruinas, su propio lugar de descanso.

Al viringo lo quisieron borrar por su piel desnuda, la misma que los alfareros mochicas y chimús habían modelado en barro. Hoy vuelve a caminar entre ruinas, y esa piel es memoria que el Perú protege por ley.

Si tu país tuviera que elegir un perro para proteger como parte de su historia, ¿cuál sería y por qué?


Foto de la vasija chimú de plata y oro: The Metropolitan Museum of Art, Nueva York, dominio público. Las demás imágenes fueron generadas con IA para ilustrar el contenido.

Referencias

Sigue leyendo

Conversación

Únete a la conversación

Los comentarios y el formulario se cargan solo cuando abras esta sección.

Mira más historias

Ver la lista completa