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Historias emotivas

Ulises volvió disfrazado tras 20 años y el primero en reconocerlo fue un perro viejo al que nadie cuidaba

Hace unos 2.700 años, la Odisea contó cómo Ulises volvió a Ítaca disfrazado de mendigo. El primero en reconocerlo fue Argos, un perro viejo tendido sobre el estiércol al que nadie cuidaba.

Ulises volvió disfrazado tras 20 años y el primero en reconocerlo fue un perro viejo al que nadie cuidaba

Un mendigo se detiene ante las puertas de un palacio en Ítaca. Lleva veinte años lejos de esa casa, que es la suya, y ha vuelto disfrazado a propósito: nadie debe reconocerlo todavía. A su lado conversa Eumeo, su porquero —el hombre que cuida sus cerdos—, sin sospechar con quién habla.

Frente a esas mismas puertas, sobre un montón de estiércol de mulas y vacas, yace un perro viejo lleno de parásitos. Nadie se ocupa de él. Pero mientras los dos hombres hablan, el perro levanta la cabeza y las orejas.

El perro que Ulises no alcanzó a disfrutar

El mendigo es Ulises, de vuelta veinte años después de partir a la guerra de Troya, y la escena pertenece a la Odisea, el poema atribuido a Homero. El Ashmolean Museum de la Universidad de Oxford sitúa su composición en el siglo VIII a. C.; OpenLearn, de The Open University, da un margen más amplio: entre finales del siglo VIII y mediados del VI a. C. Por eso lo prudente es decir que esta historia tiene unos 2.700 años.

El perro de Ulises se llama Argos. Su episodio ocupa los versos 290 a 327 del canto 17, que se pueden leer en la traducción inglesa de A. T. Murray en la Perseus Digital Library, de la Universidad Tufts. Allí se cuenta que Ulises lo había criado él mismo, pero partió a Troya antes de poder disfrutarlo. Ahora Argos era viejo y nadie lo cuidaba. Murray lo describe «full of vermin»: lleno de parásitos. El texto griego está en la misma biblioteca digital para quien quiera cotejarlo.

El primero en reconocerlo

Mientras Ulises y Eumeo hablaban, Argos alzó la cabeza y las orejas. Al notar a su dueño cerca, movió la cola y bajó las dos orejas. Pero ya no tenía fuerzas para acercarse a él.

Ese gesto mínimo pesa mucho dentro del poema, porque Argos fue el primero en reconocer a Ulises. En el canto 16, cuando Ulises se presenta ante su hijo Telémaco, el joven no lo reconoce por sí solo: cree que tiene delante a un dios y lo llama «extranjero». Eumeo, que conversa con él junto al palacio, lo da por muerto. Euriclea lo reconocerá más tarde, en el canto 19. Antes que todos ellos, sin que nadie le dijera nada, lo reconoció un perro viejo tendido en el estiércol.

Ilustración de John Flaxman para la Odisea en la que Ulises aparece ante su perro Argos
Argos reconoce a Ulises en el canto 17 de la Odisea. Ilustración: John Flaxman, reproducida en The Odyssey of Homer (Houghton, Mifflin & Co., 1905), vía Wikimedia Commons, dominio público.

Una lágrima a escondidas

Ulises no fue hacia Argos: seguía disfrazado, y nadie debía saber quién era. Giró la cara y se secó una lágrima sin que Eumeo lo notara. Luego preguntó por el perro como si no lo conociera.

El porquero respondió sin sospechar nada. Le contó que era el perro de un hombre que había muerto en tierra lejana, y que antes ninguna presa se le escapaba en el bosque. Ahora, añadió, las mujeres no lo cuidaban. Así, de boca de su propio porquero, Ulises oyó que lo daban por muerto y supo en qué había quedado su perro.

Ilustración en estilo de grabado en tinta negra: un hombre barbudo con harapos de mendigo, bolsa de cuero y bastón aparta la cara y se seca una lágrima en el umbral de un patio griego antiguo
Un hombre en harapos aparta la cara para secarse una lágrima: es el gesto con el que la Odisea describe a Ulises frente a su perro.

El poema cierra la escena en los versos 326 y 327: la negra muerte se llevó a Argos apenas vio a Ulises, en el vigésimo año.

Veinte años, según Aristóteles

Ese «vigésimo año» dice dos cosas a la vez. Son los veinte años que Ulises pasó lejos de casa. Y como él mismo había criado a Argos antes de irse, también son, más o menos, los años que tenía el perro.

Así lo leyó Aristóteles siglos después. En su Historia de los animales (libro VI, capítulo 20, disponible en la traducción inglesa de D’Arcy W. Thompson en LacusCurtius, de la Universidad de Chicago), anotó que algunas perras llegan a vivir veinte años. Por eso, escribió, ciertos críticos consideraban que Homero había acertado al hacer morir al perro de Ulises en su vigésimo año. Para ellos, la edad de Argos no era una exageración del poeta: era verosímil.

Edición antigua de la Odisea encuadernada en cuero, abierta sobre una mesa de madera gastada en una sala de lectura, con el dedo de un lector apoyado en la página y un papel doblado como separador
Una vieja edición de la Odisea, abierta en una sala de lectura: desde la Antigüedad, los lectores discuten hasta los detalles más pequeños del poema.

Del estiércol a una medalla

En 1891 nació en Gran Bretaña la National Canine Defence League, una liga fundada para combatir la crueldad hacia los perros. Según la historia que publica la propia organización, en 2003 pasó a llamarse Dogs Trust, su nombre actual.

Ese mismo año de 1891, Frank Bowcher grabó la Medalla Argus de la liga, que lleva el nombre del perro de Ulises y muestra su escena con él. Según el Ashmolean Museum, se entregaba para reconocer a quienes habían dedicado su vida a los intereses de los perros. La pieza, con la referencia HCR5609, aparece en la página del museo dedicada a la Odisea.

La escena ya había inspirado a otros artistas: en 1875, Briton Rivière pintó a Ulises y Argos, y en 1885 Frederick Stacpoole llevó ese cuadro al grabado, que puede verse en Wikimedia Commons. La medalla fue más lejos: convirtió la escena en un honor.

El perro al que nadie cuidó terminó dando nombre a un honor para quienes cuidan perros.

Argos no alcanzó a llegar hasta su dueño ni recibió de él una caricia; solo pudo mover la cola. Pero veinte años no borraron a Ulises de su memoria. Y unos 2.700 años no han borrado a Argos de la nuestra.

¿Cómo te recibe tu perro cuando vuelves después de varios días lejos? ¿Hay algún reencuentro con él que nunca hayas olvidado?

Ilustración de Ulises y Argos: John Flaxman, reproducida en The Odyssey of Homer (Houghton, Mifflin & Co., 1905), vía Wikimedia Commons, dominio público. Las demás imágenes fueron generadas con IA para ilustrar el contenido.

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