Saltar al contenido

Historias emotivas

La valla dingo: 3.245 canguros avistados de un lado de la cerca y solo 8 del otro

Entre 2012 y 2016, un equipo contó animales de noche a ambos lados de la valla dingo, en Australia. La diferencia fue tan grande que los llevó a medir las plantas y el suelo.

La valla dingo: 3.245 canguros avistados de un lado de la cerca y solo 8 del otro

Es de noche en el desierto de Strzelecki, en el interior de Australia. Un haz de luz recorre la arena y quien sostiene el foco cuenta a cada animal que aparece en ella. De un lado de la cerca que corta el paisaje, la luz casi nunca encuentra un canguro.

Del otro lado, los canguros no dejan de aparecer. Y entre uno y otro no hay un río, ni una montaña, ni un clima distinto que lo explique. Solo alambre.

La valla dingo, una cerca de alambre recta, cruza un terreno llano del Parque Nacional Sturt hasta el horizonte
La valla dingo a su paso por el Parque Nacional Sturt, en Cameron’s Corner, en julio de 2001. Foto: Peter Woodard / Wikimedia Commons, dominio público.

14 salidas con un foco y 1.500 km de arena

Esa escena se repitió una y otra vez. El ecólogo Mike Letnic, de la Universidad de Nueva Gales del Sur (UNSW Sydney), y su estudiante Timothy Morris contaron animales de noche a ambos lados de la cerca, según la nota de la universidad (2017). Entre mayo de 2012 y junio de 2016 hicieron 14 salidas y recorrieron unos 1.500 kilómetros con focos, como detalla el artículo de Morris y Letnic (2017) en Proceedings of the Royal Society B, cuyo texto completo, con métodos y datos, se puede leer en abierto.

El resultado cabe en dos líneas. Dentro de la cerca, el lado que se cercó para mantener fuera a los dingos, los perros salvajes de Australia, avistaron 3.245 canguros y un solo dingo. Fuera, donde los dingos siguen viviendo, 85 dingos y apenas 8 canguros. Son avistamientos a lo largo de los recorridos de muestreo, no un censo de todos los animales de la zona; aun así, por cada canguro avistado entre los dingos hubo más de 400 del otro lado.

De noche, el haz de un foco de mano ilumina la arena del desierto australiano y arbustos bajos, con un grupo numeroso de canguros dentro de la luz
Un conteo con foco: cada animal que entra en el haz se anota. Del lado sin dingos, la luz encontraba canguros sin parar.

Lo llamativo es lo que no hay entre ambos lados. En ese tramo de Nueva Gales del Sur, la cerca «no representa ningún límite físico natural» y sigue fronteras entre estados, escriben Morris y Letnic. Las dos reservas donde trabajaron tienen elevación, clima, relieve y vegetación similares. Lo que las separa es la cerca.

5.600 km de alambre contra un perro

Es la valla dingo, también llamada Dog Fence: unos 5.600 kilómetros de alambre según el estudio, o 5.614 según Australian Geographic (2022). Es casi la distancia en línea recta entre Nueva York y Londres, que ronda los 5.570 kilómetros.

Se levantó para impedir que los dingos entraran a las tierras de ovejas, y la financian gobiernos estatales y ganaderos, según Australian Geographic. El trabajo histórico de Sansom y colegas (2025) reconstruye cómo las pérdidas de ovejas en Australia del Sur llevaron a construirla y describe la Ley de la Cerca para Perros de 1946. Sobre el año exacto de construcción, las fuentes no se ponen de acuerdo.

La cerca dejó del lado de afuera a un animal que llevaba milenios en el continente. El dingo más antiguo fechado directamente tiene entre 3.348 y 3.081 años, y la datación molecular sugiere que llegó hace unos 5.500, según el Australian Museum.

Un experimento que nadie diseñó

Quienes levantaron la cerca querían proteger ovejas. Sin querer, partieron el desierto en dos y lo convirtieron en un experimento gigante: de un lado, un depredador tope; del otro, casi su ausencia. Y donde faltan los dingos, sobran canguros. Los canguros comen.

Para medir cuánto pesaba eso, entre 2013 y 2016 el equipo cercó parcelas donde los canguros no podían entrar: cuatro pares en cada reserva, cada parcela cerrada junto a un terreno abierto para comparar. Las reservas no tenían ganado, así que las ovejas no entran en la cuenta.

Pequeña parcela cercada con malla de alambre sobre suelo rojo del desierto: dentro crecen pasto verde y arbustos bajos; fuera, el suelo está pelado y tiene huellas y excrementos de canguro
Una parcela de exclusión: la malla deja fuera a los canguros, y el contraste entre dentro y fuera muestra cuánto pesa lo que comen.

Del lado donde los dingos son raros, las parcelas cercadas guardaban más cobertura de plantas que el terreno abierto a su alrededor, y un suelo con más carbono total, más nitrógeno total y más fósforo disponible, la reserva de nutrientes de la que vive el desierto. Del lado de los dingos, con pocos canguros, la diferencia fue despreciable, informan Morris y Letnic.

Los autores lo describen como una cascada trófica: quitar al depredador de arriba desata un efecto que baja por los herbívoros hasta la vegetación y los nutrientes del suelo. También reconocen sus límites: no midieron la conducta de los canguros y no pudieron mantener parcelas de control del procedimiento, las que sirven para descartar que el cercado mismo, y no la falta de canguros, explique la diferencia.

La línea que se ve desde el espacio

Años después, Fisher y colegas, con Letnic entre ellos, revisaron 32 años de imágenes del satélite Landsat, de 1988 a 2020, sobre el Strzelecki. Según la nota de UNSW (2021), aparece una línea que sigue la cerca: del lado con pocos dingos, la vegetación creció peor a largo plazo. Los autores lo cuentan en su propio artículo en The Conversation; el estudio se publicó en Landscape Ecology.

Una cerca de alambre recta atraviesa una llanura plana del interior australiano hasta un horizonte bajo
A ras de suelo, una cerca así es solo alambre y postes en la llanura; desde un satélite, la valla dingo deja ver una frontera en la vegetación.

Los mismos autores reconocen que la lluvia y el uso de la tierra también contribuyen, y no todos los científicos le atribuyen el cambio a los dingos. Ya en 2013, una revisión crítica de Allen y colegas, resumida por la Sociedad Ecológica de Australia, había señalado fallas de método, sesgos de muestreo y límites de diseño en la investigación sobre el papel ecológico del dingo hecha hasta entonces.

Para zanjar la discusión, en 2015 un grupo de 19 autores, con Newsome como primer firmante, propuso usar la propia cerca como experimento en el Parque Nacional Sturt, en Nueva Gales del Sur, según la ficha del artículo en Restoration Ecology. Como se explicó en The Conversation y en un comunicado de la Universidad de Sídney, la idea era mover el trazado con unos 275 kilómetros de cerca nueva para que el parque quedara del otro lado, el de los dingos. Estas fuentes no cuentan si la mudanza llegó a hacerse.

Letnic lo resume a su manera: tras más de un siglo de reducir a los dingos, según recoge Eos, casi se perdió la memoria de cómo era el paisaje con ellos.

La cerca se levantó para que un perro no pasara. Hoy, a cada lado del alambre, el desierto cuenta una historia distinta, y desde el espacio todavía se ve el lado donde falta.

Si vivieras junto a esta cerca, ¿qué harías: proteger las ovejas o dejar que el dingo vuelva a recorrer el desierto?

Foto de la valla dingo en el Parque Nacional Sturt: Peter Woodard / Wikimedia Commons, dominio público. Las demás imágenes fueron generadas con IA para ilustrar el contenido.

Referencias

Sigue leyendo

Conversación

Únete a la conversación

Los comentarios y el formulario se cargan solo cuando abras esta sección.

Mira más historias

Ver la lista completa